13 de julio de 2011

En La Campana, hoy, con Arte Mayor

 Luisfelipe Alegre

Proseguimos hoy miércoles, sobre las 21.30, el ciclo De arte mayor y de arte menor, en La Campana de los Perdidos.



Como hemos ordenado un repertorio en base a la métrica, a grandes brochazos, según sea arte menor, mayor o verso libre y expandidos, hoy haremos poemas en versos de arte mayor pues el pasado miércoles comenzamos con “menores”. Las comillas precedentes ironizan sobre la clasificación, por lo mal que suena presentar  los versos de Manrique como de arte menor. Fuera de esto, que técnicamente es correcto,  y en verso de arte menor se han hecho poemas muy mayores, me vienen otras dudas derivadas del cómputo y sus licencias. Bueno… en mis tiempos se llamaban “licencias” a la sinalefa, el hiato, la diéresis y la sinéresis, aunque hacía tiempo que los filólogos advertían que la sinalefa y el hiato eran tan-tan-tan frecuentes que no podían llamarse propiamente “licencias” al ser usos habituales en la pronunciación española.

En palabras del boliviano James Freire:

 La sinalefa no es una licencia, es una necesidad del idioma


 En el caso de las Coplas manriqueñas, se dan la compensación y la sinafia con cierta frecuencia. La sinafia es la sinalefa entre la sílaba (que acaba en vocal) final de un verso llano y la primera del siguiente (que comienza por vocal); así redimimos al segundo verso de una sílaba que le sobraba.
La compensación consigue lo mismo, pero sin sinalefa, a lo bruto: como si la primera sílaba del segundo verso subiera al verso anterior, que debe ser agudo.
Veamos el ejemplo de la ‘Oración’, la estrofa 39. Las  primeras curvas señalan dos casos de  compensación; el encorchetado final, una sinafia.

 
Obviamente, ambos casos impiden la pausa versal, y obligan a un encabalgamiento, pero no  por imperativo sintáctico ni tmesis alguna. Un encabalgamiento que ha de resolverse formando un único verso de doce sílabas métricas. Sin marcar cesuras.
Para ejemplificarlo, usamos la misma estrofa, ahora en versión de la época, donde los tres primeros tetrasílabos pierden su nombre:

Tú que por nuestra maldad

tomaste forma cevil e baxo nombre,

tú, que a tu divinidad

juntaste cosa tan vil como es el ombre;

tú, que tan grandes tormentos

sofriste sin resistencia en tu persona,

no por mis merescimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdona.

Claro, en esta estrofa queda señorial: 8-12-8-12-8-12 -8-8-4, donde los octosílabos comienzan con pie trocaico; y esa entonación redonda, con el retardando del anapesto final? Es posible que en estas consideraciones sean algo disparatadas, pero el actor-recitador debe reunir todas las opciones rítmicas posibles para hacer un poema tan extenso. Se requiere, para su interpretación artística, imaginarlo con la prosodia y recursos rítmicos de la época. Y reinventarlo, "incorporándolo", que decimos en teatro.

Cada época ha tenido sus características en cuanto a métrica, así el uso de la compensación y la sinafia tuvo su esplendor en el Siglo XV con los versos en arte menor del Marqués de Santillana, Jorge Manrique o Juan del Encina. 

En fin, de estas cosas quise yo hablar el miércoles pasado en el prólogo al recital, aunque me extravié un buen rato sorprendido por la presencia de varios escritores y amigos entre el público.  Menos mal que en el recital estuve concentrado y, creo, acertado en la selección e interpretación. Empecé con este villancico de Boscán:

Si no os hubiera mirado,
no penara,
pero tampoco os mirara.

Veros harto mal ha sido,
mas no veros peor fuera;
no quedara tan perdido,
pero mucho más perdiera.
¿Qué viera aquel que no os viera?
¿Cuál quedara,
señora, si no os mirara?

Y terminé interpretando las coplas de Manrique. Fue una declamación de sermón, ortodoxa, clásica. Usé un sillón de la Campana, de madera labrada, un yelmo con la visera alzada y una calavera que, al hablar la Muerte, introducía en el yelmo. 


En las dos estrofas donde se compara al Maestre con los caudillos romanos, me tomé la libertad de abrir un telón de fondo con ilustraciones alusivas. Lo pintó Germán Díez hace tiempo, para una versión postmoderna que quisimos hacer. Un boceto del telón está en el Centro de Estudios Manriqueños de Santa María del Campo Rus, uno de los enclaves del triángulo manriqueño que durante años animaron Serrano Haro y Cristián Casares.


Las fotografías fueron tomadas en la sesión del pasado miércoles por Miguel Gracia.

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