Sigo hablando en torno al libro, a los libros. No pretende ser memorias ni historial artístico. Solo hago un recuento de algunas fechas marcadas en la agenda con la palabra "libro".
POESÍA TERAPÉUTICA. Editorial
Maeva

Fue, como se dice, un
inmerecido honor que Editorial Maeva confiara en mí para la promoción del
producto. Lo cierto es que tras
la presentación oficial en la Fnac de Madrid,
llevaba las cajas a todas partes para, cuando procediera, hacer “una
demostración”.
Una caja grande con el título genérico, Poesía Terapéutica contenía otras: Qué descansada vida, para angustiados e insomnes; A una nariz, para resfriados; Abenámar, Abenámar, como anticonceptivo
oral… Todas ellas con su prospecto donde se detallada la posología, es decir el
número de veces que el paciente debía leer el poema contenido.
PRESENTACIONES ESPECIALES. De libros
Son variadas
las formas de participar en la presentación de un libro. Por razones normalmente
circunstanciales, la memoria conserva vivo recuerdo de algunas presentaciones
de libros amigos en las que me impliqué como orador, como lector en público, o como
artista.
Una de las más
famosas, la de Vida ávida de Guinda
(Olifante, 1981), que fue el 23 de febrero del 81 y que no se celebró.
La calle
bullía, pero no se abría la puerta.
Todos los
artistas estaban en el escenario. Pero el Oasis no se abría.
Era mejor
dispersarse.
Como "presentación" fue un poco rara, pero se acuerda mucha gente. Vida ávida tuvo mucha vida.
*

Yo preparé el
relato convenido. Había llegado a memorizarlo, pero en ese tiempo estábamos por
grabar poesía hebrea medieval y se me
confundían las sintaxis. Para ir sobre seguro utilicé un apuntador
electrónico. Pero lo puse demasiado fuerte, por lo que se ve, y el ridículo, ¡cuando lo supe!, no se me olvida.
*

Durante varias horas, el poeta recibió a su público vestido de jotero, en
la Librería Antígona, acompañado por Raquel Arellano, Eugenio Arnao, Eva
Esteban y yo como Licenciado Rana.
*
Otra
presentación tumultuosa, aquí en sentido formal, fue la de Anotaciones al borrador de un diario (Del Oeste Ediciones, 2000)
con versos de Luz Rueda Sabater e ilustraciones de Ramón de Arcos. Ambos
autores eran lo suficientemente conocidos en Badajoz como para llenar la
terraza del Teatro López de Ayala, pero como se había anunciado la intervención de
Alberto Oliart, el público llegaba hasta la calle. Recuerdo a Carmen cantando, a Fernando tocando el piano y a mí, intentando darle ritmo al acto para acabar pronto y desalojar en calma. (No, mentira, yo me veo justificando la ausencia de Oliart, telegrama en mano, como la cosa más natural del mundo).
*

Así que paseé Almanzor
por Medinacelli y luego por el Museo Provincial de Zaragoza.
Con Maquiavelo estuvimos en el Teatro
Principal y el Paraninfo, entre otras intervenciones que organizaba yo por mi
cuenta, ya que este libro era de mi agrado y el discurso del personaje,
instructivo.
*
Dos literatos
especiales: Rosendo Tello y Ángel
Guinda.
De Guinda citaré la presentación de La llegada del mal tiempo (Huerga & Fierro, 1998).
Fue en el Ateneo de Madrid, tocaba Arelys y me impresionó la excelente acústica
del salón repleto de oyentes.
*

O en FNAC,
con Pepe Melero y Chusé Aragüés, el tomo de memorias
Naturaleza y poesía (Prames, 2008).
*
Me vienen a la
memoria otras muchas presentaciones, especialmente las de estos últimos años,
claro. La escasez de actuaciones en teatros me permite moverme en este
territorio y, unas veces con el personaje y otras con un texto, hago como un
micro-teatro. Así hice con:

Hace poco, en el Festival de Declamadores que se celebra en la provincia argentina de Corrientes, representé el monólogo de González Tuñón. En estos casos hay que llevar algunos ejemplares para la exhibición, obsequio y venta. En Buenos Aires, el gran fotógrafo Julio Foster fue testigo de mis actos promocionales.
El sumiller de Queipo de Llano, de
David Giménez (Ediciones Fragolino, 2017).
Habíamos estado en La
Almunia, donde, tras David y Manolo Gálvez, yo improvisé la lectura de algunos pasajes
(pasando in mente de tercera a primera persona, la del general). No quedó mal.
Al poco repetíamos en Portadores de Sueños, con Enrique Cebrián, Víctor Guíu y el editor, Sergio Grao, acompañando al autor.

Al poco repetíamos en Portadores de Sueños, con Enrique Cebrián, Víctor Guíu y el editor, Sergio Grao, acompañando al autor.
(En Portadores
no debí de quedar muy bien, porque luego fueron a la Librería Anónima de Huesca
y no me llevaron. Hum!)

Leí, paseando por el estrado, marcando las voces de los personajes, cambiando ritmos. Correcto.
Es el libro que más me ha perturbado en los últimos tiempos.
*
EL CIRCO DE LA
PALABRA. De la poesía experimental al
libro objeto.
En los primeros años del siglo actual, Carlos Grassa Toro
combinaba en Colombia su trabajo profesoral con la organización de exposiciones
y actos culturales.
Aproveché un viaje al Festival de Cuenteros de Bucaramanga, para concertar con Carlos
un trabajo escénico sobre poesía experimental y libros raros (de Oquendo Amat a las ediciones Vigía).
Lo estrenamos,
los dos con Raquel Arellano, en la el Auditorio de la Biblioteca Nacional de
Bogotá.
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