20 de agosto de 2017

En el sector del Libro (III) Luis Felipe Alegre

Sigo hablando en torno al libro, a los libros. No pretende ser memorias ni historial artístico. Solo hago un recuento de algunas fechas marcadas en la agenda con la palabra "libro".

POESÍA TERAPÉUTICA. Editorial Maeva

En 1996, la editorial Maeva me encomienda la presentación de otra suerte de contenedor poético, o libro: Poesía Terapéutica, cosa que hice con ayuda de Adolfo Ayuso como guionista, en su triple calidad de médico, escritor y hombre de teatro. De ahí salió mi personaje Licenciado Rana, descendiente de Don Tancredo y de Fray Gerundio. Periódicamente retomo el personaje para hacer discursos donde mezclo teoría y disparate.

Fue, como se dice, un inmerecido honor que Editorial Maeva confiara en mí para la promoción del producto. Lo cierto es que tras 
la presentación oficial en la Fnac de Madrid, llevaba las cajas a todas partes para, cuando procediera, hacer “una demostración”. 

Una caja grande con el título genérico, Poesía Terapéutica  contenía otras: Qué descansada vida, para angustiados e insomnes; A una nariz, para resfriados; Abenámar, Abenámar, como anticonceptivo oral… Todas ellas con su prospecto donde se detallada la posología, es decir el número de veces que el paciente debía leer el poema contenido.




PRESENTACIONES ESPECIALES. De libros

Son variadas las formas de participar en la presentación de un libro. Por razones normalmente circunstanciales, la memoria conserva vivo recuerdo de algunas presentaciones de libros amigos en las que me impliqué como orador, como lector en público, o como artista.
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Una de las más famosas, la de Vida ávida de Guinda (Olifante, 1981),  que fue el 23 de febrero del 81 y que no se celebró.

La calle bullía, pero no se abría la puerta.
Todos los artistas estaban en el escenario. Pero el Oasis no se abría.
Era mejor dispersarse.
Como "presentación" fue un poco rara, pero se acuerda mucha gente. Vida ávida tuvo mucha vida.
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Olifante, en 1990, sacó Los pasajeros del estío de Antón Castro y lo presentaban en un salón, creo que de la Diputación de Teruel porque estaba Isidoro Esteban.
Yo preparé el relato convenido. Había llegado a memorizarlo, pero en ese tiempo estábamos por grabar poesía hebrea medieval y se me confundían las sintaxis. Para ir sobre seguro utilicé un apuntador electrónico. Pero lo puse demasiado fuerte, por lo que se ve, y el ridículo, ¡cuando lo supe!, no se me olvida.

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Colaboré con Grassa Toro en la presentación, no sé si patafísica, de su poemario De las pérdidas, la cuenta (Verbum, 1997). 

Durante varias horas, el poeta recibió a su público vestido de jotero, en la Librería Antígona, acompañado por Raquel Arellano, Eugenio Arnao, Eva Esteban  y yo como Licenciado Rana.

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Otra presentación tumultuosa, aquí en sentido formal, fue la de Anotaciones al borrador de un diario (Del Oeste Ediciones, 2000) con versos de Luz Rueda Sabater e ilustraciones de Ramón de Arcos. Ambos autores eran lo suficientemente conocidos en Badajoz como para llenar la terraza del Teatro López de Ayala, pero como se había anunciado la intervención de Alberto Oliart, el público llegaba hasta la calle. Recuerdo a Carmen cantando, a Fernando tocando el piano y a mí, intentando darle ritmo al acto para acabar pronto y desalojar en calma. (No, mentira, yo me veo justificando la ausencia de Oliart, telegrama en mano, como la cosa más natural del mundo).
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En la pasada década, publicó dos libros  Magdalena Lasala en cuya presentación colaboré recreando sus personajes. La editorial (Temas de Hoy) acostumbraba a presentar la novedad primero para la prensa y luego en abierto. 

Así que paseé Almanzor por Medinacelli y luego por el Museo Provincial de Zaragoza. 

Con Maquiavelo estuvimos en el Teatro Principal y el Paraninfo, entre otras intervenciones que organizaba yo por mi cuenta, ya que este libro era de mi agrado y el discurso del personaje, instructivo.


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Dos literatos especiales: Rosendo Tello  y Ángel Guinda.
De Guinda citaré la presentación de La llegada del mal tiempo (Huerga & Fierro, 1998). Fue en el Ateneo de Madrid, tocaba Arelys y me impresionó la excelente acústica del salón repleto de oyentes.

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Con Rosendo me veo en la Biblioteca de Aragón en compañía de José Carlos Mainer, presentando Más allá de la fábula (Huerga & Fierro, 1998).

O en FNAC, con Pepe Melero y Chusé Aragüés, el tomo de memorias Naturaleza y poesía (Prames, 2008).

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Me vienen a la memoria otras muchas presentaciones, especialmente las de estos últimos años, claro. La escasez de actuaciones en teatros me permite moverme en este territorio y, unas veces con el personaje y otras con un texto, hago como un micro-teatro. Así hice con:

La calle del agujero en la media y Todos bailan, de Raúl González Tuñón (Gara d’Edizions, 2013) en La Pantera Rossa. Tras la introducción de Chusé, hice un monólogo en torno a la vida y obra de González Tuñón, apoyándome en elementos fotográficos, un títere y una caja de música.

 Hace poco, en el Festival de Declamadores que se celebra en la provincia argentina de Corrientes, representé el monólogo de González Tuñón. En estos casos hay que llevar algunos ejemplares para la exhibición, obsequio y venta. En  Buenos Aires, el gran fotógrafo Julio Foster fue testigo de mis actos promocionales.





El sumiller de Queipo de Llano, de David Giménez (Ediciones Fragolino, 2017).

Habíamos estado en La Almunia, donde, tras David y Manolo Gálvez, yo improvisé la lectura de algunos pasajes (pasando in mente de tercera a primera persona, la del general). No quedó mal.

Al poco repetíamos en Portadores de Sueños, con Enrique Cebrián, Víctor Guíu y el editor, Sergio Grao, acompañando al autor.

(En Portadores no debí de quedar muy bien, porque luego fueron a la Librería Anónima de Huesca y no me llevaron. Hum!)


Golpes de mar, de Antón Castro (Ediciones del Viento, 2017) en el Paraninfo, aunque aquí estuve más parco de recursos. Antón estaba torero, así que formamos cuadrilla Mariano Gistaín, Encarna Samitier, el editor Eduardo Riestra, Mª José Hernández y yo.
Leí, paseando por el estrado, marcando las voces de los personajes, cambiando ritmos.  Correcto.
Es el libro que más me ha perturbado en los últimos tiempos.

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EL CIRCO DE LA PALABRA. De la poesía experimental al libro objeto.

En los primeros años del siglo actual, Carlos Grassa Toro combinaba en Colombia su trabajo profesoral con la organización de exposiciones y actos culturales.

Aproveché un viaje al Festival de Cuenteros de Bucaramanga, para concertar con Carlos un trabajo escénico sobre poesía experimental y libros raros (de Oquendo Amat a las ediciones Vigía).

Lo estrenamos, los dos con Raquel Arellano, en la el Auditorio de la Biblioteca Nacional de Bogotá.

(Continuará)

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