27 de agosto de 2017

En el sector del Libro (IV) Luis Felipe Alegre

Pensaba que con tres entregas podía resumir mi trato con los libros. Pero basta engrasar un poco la máquina de la memoria para que surjan más libros por cada vericueto: casas de libros, gestación de libros, escritos en libros, escritos sobre libros... Veremos cuándo acaba esto.

Libro en blanco abre los brazos 

BIBLIOTECAS

Pocas alegrías hay como ver el nacimiento de una casa para los libros. La inauguración de una biblioteca es grata a la comunidad.

En 1989 participamos en la inauguración de la  Biblioteca de Poesía Raúl González Tuñón, en la casa de Carriego de Buenos Aires, que fue un gran acontecimiento. En la actuación de El Silbo, Carmen cantó A la luz de la fogata, de Tuñón, con la música del "Tata" Cedrón, que cerraría el acto con quinteto de guitarras. También rendimos homenaje a otro maestro presente, Javier Villafañe, interpretando Siempre me has mentido.


En 1990 se inaugura la sección para niños de la Biblioteca de Aragón. Recuerdo imborrable. Entre los organizadores (Caracola), y los colaboradores: la Pai, Héctor Grillo, Leda Valladares y El Silbo, prologamos a Javier Villafañe, que presentaba Los cuentos que me contaron por los caminos de Aragón (Caracola, 1990), gran protagonista de la jornada.

En 1994, estando en el receso de una larga gira por Venezuela, me comisionaron para llevar los libros y el mobiliario a una biblioteca que se debía inaugurar en la provincia amazónica venezolana. Comandé dos camiones con todo ello durante tres días. En tres días más conseguí montar la biblioteca, encontrar personal que la atendiera, ponerle nombre (Aquiles Nazoa), ofrecer una conferencia inaugural y una actuación.

En 1997 comienzo a actuar con cierta regularidad en las bibliotecas municipales de Buenos Aires.[i]   Hice muchas funciones de Bululú[ii]  en distintas temporadas, y después con otros repertorios.


A veces propongo a actores de otros lares hacer un recital con poemas de autores aragoneses. Así hicimos en Buenos Aires, presentando el trabajo en su Biblioteca Nacional. 

En el programita adjunto pueden verse detalles y circunstancias que enmarcaban el acto y de las cuales hablaré en el capítulo dedicado a las ferias del libro.


A veces las bibliotecas quieren salir a la calle. En 2010 la Asociación de Escritores de Aragón colaboraba con las Bibliotecas de Zaragoza, y me propusieron hacer una serie de lecturas, en  plazas del centro de Zaragoza.[iii] 



DE NEGRO

Yo creo que en estos oficios  todos hemos tenido un negro y lo hemos sido de otro.  Trabajos  en la sombra y en el anonimato. Me gusta. Si lo pide un colega no se debe cobrar porque entre sastres no se pagan hechuras. Estoy contento de haber ayudado a terminar varios libros, engordando unos y adelgazando otros.

A veces confundimos “negro” con “anónimo” y no es lo mismo. Un texto anónimo está escrito por autor desconocido, por razones extraliterarias o porque oculta su identidad premeditadamente. El negro trabaja en un texto que figurará como escrito por otro.

A propósito del anonimato, recuerdo lo que se cuenta de Juan Ramón Jiménez cuando unos poetas jóvenes le propusieron participar en la creación de una nueva revista. El de Moguer les dijo que sí, con la condición de que todos los poemas  aparecieran sin firmar. No aceptaron.

JURADO. En concursos literarios

Tiene su miga eso del jurado. Intento esquivarlo, pero, como a veces no se puede evitar, cuando he de hacerlo procuro disfrutar la lectura pensando que así me oriento en cuanto a tendencias…

La primera vez que estuve en un jurado fue por razones, digamos, circunstanciales.  Mediados los Ochenta, en la dirección de la Prisión Provincial de Zaragoza estaban dos amigos que asistían a una tertulia literaria de la ciudad.  Sabían de mi pasado como preso político en el establecimiento. Compartíamos la amistad y admiración hacia el poeta Luciano Gracia. Un día  decidieron fomentar la poesía entre los internos con actuaciones de mi grupo y con un concurso literario –prosa y verso- en el que podían participar presos de cualquier penal español. 

Yo era anti premios y anti concursos, como Ángel Guinda, quien –según la leyenda- en la entrega de un premio Adonáis  se había manifestado con un cartón rotulado: “Adocenáis”.

Pero el Concurso de poesía Luciano Gracia era otra cosa. La dinamización sociocultural se rige con incentivos como los concursos, sin otro interés gremial o comercial.[iv]

Normalmente los premios llevan aparejada la publicación.  Así, que recuerde los nombres, estuve en: Premio Poesía Ciudad de Zaragoza, Ayuntamiento, 1987; Premio Narrativa, Teatro y Poesía, Unión Nacional Escritores y Artistas de Cuba,  Cienfuegos (Cuba) 1997; Premio Internacional Lázaro Carreter de Literatura Dramática, Centro Dramático de Aragón, 2008; Premio Relatos Dos Orillas, Ayuntamiento de Zaragoza 2008 y 2009.

Estar de jurado en un concurso literario es una actividad pasajera que te obliga a seleccionar lo que va a convertirse en ¡un libro!


BIBLIOGRAFÍA ACTIVA. En publicaciones colectivas

No soy escritor y eludo sumarme a proyectos de libros colectivos. Con unas cuantas excepciones, claro. Cito alguna de los últimos años:

 En Teatro: Misterios de un oficio poético (André Matero ediciones, Buenos Aires, 2011). Libro con reflexiones, entrevistas y textos de los miembros de Periplo: Diego Cazabat, Andrea Ojeda, Hugo de Bernardi y Julieta Fassone. Cuenta con colaboraciones de Ricardo Santillán, Alfredo Megna y la mía (“Incertidumbre y recuento”). El libro está dedicado a la memoria de, entre otros amigos del grupo, Héctor Grillo.


En Rocio erótico (La delicia del pecado, Zaragoza, 2013) donde Paco Rallo reúne 65 autores, con 31 escritos y 34 colaboraciones gráficas. Aparece mi cuento “El 35”.



Los Borbones en pelota (Olifante Ibérico, 2014), nueva edición de los dibujos de la carpeta SEM (atribuidos muchos a los hermanos Bécquer) acompañados por 93 escritos de otros tantos autores. Un ímprobo trabajo de coordinación a cargo de Manolo Forega, con introducción de Jesús Rubio Jiménez y apéndices de Luigi Maráez y Agustín Porras. Mi colaboración “Aleluyas de los pretendientes” corresponde al dibujo nº 4.

Marcelo anda por ahí (Olifante, 2016), es un homenaje a Marcelo Reyes que, desde la segunda línea de tiro favoreció tantos proyectos en torno a la poesía. Una iniciativa de su compañera Trinidad Ruiz Marcellán, coordinada por Antón Castro y Columna Villarroya. Entre más de 50 colaboraciones aparece la mía, “Marcelo Reyes, en tránsito”.





Se han publicado ponencias y artículos míos en catálogos, revistas y actas de congresos.

También algunos prólogos para libros de versos, prosas, o canciones.


Pero sobre todo reseñas, durante muchos años en El Pollo Urbano de Dionisio Sánchez, una ventana aragonesa abierta al mundo.


Por supuesto, cuando Antón Castro me pide que comente un libro intento adaptarme al estilo de Artes y Letras (Heraldo de Aragón), cosa que no siempre consigo.

Pero, ¡si es lo que yo digo!, en un periódico deben escribir los periodistas. De la misma manera que en una galería deben exponer los pintores y a un escenario deben subir los actores. Con las excepciones que proceda. Porque la vanidad, o lo que sea, de verse fotografiado uno ante un micrófono con su mejor corbata puede resolverse en unos segundos, como hacían antes los circos, que te subían a un elefante, te hacían una instantánea en un pispás y no hacía falta que domaras al animal.

(Continuará)






[i] Desde Bibliotecas, Josefina Delgado y Alejandra Ramírez encargaron obras de pequeño formato, a actores de relieve como Walter Santa Ana, que hacía Palabra de Borges, Ana Padovani, Ingrid Pelicori, Horacio Peña… 
[ii] A veces acompañado por los músicos Ariel Prat y Pablo Sánchez Canepa.
[iii] El repertorio sugerido por Manolo Forega me llevaba de los latinos, en el Teatro Romano, a los poetas de  Al Andalus , en La Aljafería, a los románticos, en plaza Santa Cruz… en la plaza del Pilar se oyeron los versos de Miguel Labordeta y Julio Antonio Gómez.
[iv] Por otra parte, El Silbo Vulnerado debe su nombre a Miguel Hernández, que murió en un hospital carcelario; por esa razón nunca he rechazado actuar en una cárcel. Hay poemas que producen allí un añadido emocional, como “Para quién escribo” de Aleixandre, donde el poeta habla desde fuera;  “Antes del odio” de Hernández, hablando desde dentro; o “Pie para el niño de Vallecas de Velázquez”, de León Felipe, tan idóneo para empezar una función en la cárcel como en el teatro de un régimen dictatorial.

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