15 de agosto de 2017

En el sector del Libro (II) Luis Felipe Alegre

CLÁSICOS IN VERSOS. Guía de la obra en libro

El proceso de Clásico in Versos (1989-90)[1] coincide con la transformación de El Silbo Vulnerado, que era una Cooperativa, en S.L. Ello fue obra de un economista argentino que creía en el Grupo y pensaba que si funcionaba bien en América, no tenía que ser distinto en España. Se llamaba Marcelo Reyes y con el tiempo sería más conocido como profesor y como editor, con Trinidad, de Olifante.

El espectáculo se ofrecía para público en general, y pensamos en hacer una guía de lectura que ampliara la información del programa de mano. Así que editamos en libro los poemas enteros (cuando el espectáculo es panorama de una época o de un tema, valen los fragmentos), poniendo en cursiva las estrofas que aparecían en escena. Se acompañaba de fotografías del montaje, obra de
Antonio Ceruelo.

Luis Miguel Bajen, filólogo además de músico, dirigió la edición y tuvo que emplearse a fondo para determinar algunas autorías y explicar falsas atribuciones en notas detalladas. En el litigio entraban Quevedo, Góngora y Jovellanos.

No nos iba tan bien el negocio trovadoresco como para permitirnos el lujo de esta edición, pero habíamos obtenido una ayuda económica del Gobierno de Aragón y supimos repartirla entre el espectáculo, el disco y el libro. Las ventas en librería fueron simbólicas, pero en las actuaciones los libros y los discos se vendieron muy bien.

UN SUEÑO DE JUGLARES. Antón Castro y El Silbo Vulnerado

Como apoyo al montaje Romanceros[2] se pensó hacer un libro que contara la relación del Grupo con el Teatro, la Música y la Literatura. 

Desde su llegada a Zaragoza, disfrutábamos de la amistad de Antón Castro. No dudé en pedirle que lo escribiera él. Y fue un abuso, pues el libro debía salir coincidiendo con el cercano estreno. Así que Antón pidió una excedencia en El Periódico de Aragón y se dedicó casi dos meses a indagar con el diseñador José Luis Romeo en los archivos y en mi memoria.

Con el tiempo, El Silbo Vulnerado: «Un sueño de juglares» atesora su interés como fuente, pues no se limitó Antón a hablar de nosotros, sino que trazó el correlato de aconteceres artísticos aragoneses de las décadas Setenta y Ochenta contrastados en posteriores estudios de, por ejemplo, Jesús Rubio Jiménez y Adolfo Ayuso.

El coste de la edición, 2.000 ejemplares, fue sufragado a partes iguales por el Grupo y por el Gobierno de Aragón, que firmó la edición.

FIGURAS LITERARIAS Y MÉTRICA. El Catón de Isabel Guerrero y Pablo Aína

En los primeros años 90 existía la Academia Catón en Zaragoza.  Estaba especializada en Humanidades y la dirigían Isabel Guerrero y Pablo Aína. Practicaban el instruir deleitando con los alumnos y editaban libretos como el de Figuras literarias y métrica. En la segunda edición fuimos una suerte de coeditores.

En 1992, cruzando la frontera de Argentina con Bolivia estuvimos retenidos un par de horas porque llevábamos una maleta con 15 kilos de Figuras. Yo conté que eran para profesores de los colegios donde íbamos a actuar. Pero los aduaneros sospechaban que tal cantidad era cosa de negocio. Amplié la explicación diciendo que aunque el libro parecía un manual más, tenía la peculiaridad de que los autores seleccionados en los ejemplos de figuras eran modernos e hispanoparlantes, o sea García Calvo con Pablo Neruda, o Rulfo con Gil de Biedma. Al final confesé que se iba a hacer una serie de televisión, que el libro era el guión y los ejemplares eran para repartir entre el equipo, pues era muy amplio. Se lo creyeron, o se hizo la hora de merendar, no sé, y dieron por buena la versión.

LAS GRANDES PEQUEÑAS EDITORIALES CUBANAS

En 1995, la publicación de Cancionero propio de  Marta Valdés me llevó a las publicaciones artesanales que en Matanzas hacía la editorial Vigía.

En el periodo especial escaseaba el papel y hasta el Granma se había quedado en cuatro páginas.  En varios talleres de la Isla estaban editando libros hechos a mano, empezando por el “papel”,  con plantillas, collages… Trabajaban con tela, hojas, papel de estraza, o papel de aluminio. Máquina de escribir, cliché, mimeógrafo, ciclostil. Ediciones de 100 ó 200 ejemplares.

Este libreto con versos de Nicolás Guillén, de la editorial de Holguín Cuadernos Papiro, está ilustrado por Yunia Pavón. Su portada es collage. No hay dos iguales.



En Matanzas, la Atenas de Cuba, los de Vigía también reciclaban cajas de puros para contener una antología de Gastón Baquero. No puedo decir que no haya traficado con puros habanos, pues cada caja contenía uno, además.


Reuní una colección que se mostraba en el Sopa de Letras.














EL LIBRO COMO POEMA. Helena Santolaya

Existe el libro de artista, el libro objeto, el arte conceptual, el dadaísmo, existe fluxus… y existe Helena Santolaya. 

Con Helena Santolaya tuve dos años de intensa colaboración en su Sopa de Letras. Por ceñirnos al tema, sus libros gigantes en cartón que, inicialmente, le servían para una instalación sobre Leopoldo Mª Panero, fueron también escenografía de nuestro Traficante de Palabras, montaje con textos del mismo autor. Hizo tres, en el Sopa solo cabía el pequeño. Como se ve en la foto, se combinaba con textos proyectados en diapositiva y recitados con distorsionador de voz.
Poco a poco, nos fuimos atreviendo –Helena a dejarlos en mis manos y yo a jugarlos ante el público- a mover otros libros memorables, entre ellos Peligro. Un libro pesado y peligroso pues se despliegan páginas cargadas con cuchillas de afeitar, a lo hay que sumar la inquietud del contenido textual en torno al Teatro y su doble, de Artaud.












Con cierta periodicidad[3] trabajamos con los libros de Santolaya, hacedora también de utilería con desarrollo visual, algo fundamental en nuestros montajes.











TÍTULOS. Espectáculos con título de libro

Tontamente, acaso, no he buscado aprovechar publicitariamente la fama de un libro y encabezar el cartel de un montaje con el título de una obra literaria. Un verso, sí, muchas veces. Pero como han sido muchos los espectáculos que he titulado, creo que se me puede perdonar alguna excepción a la regla. Bueno, tres:

Poeta en Nueva York de García Lorca.[4] Pero creo que aquí se justificaba el uso del título, porque había una suerte de metapoética: tras cada poema, en silencio y sobre oscuro escénico, desfilaban todos los títulos de poemas contenidos en el libro; cuando llegaba el de la escena siguiente, la proyección se pausaba y desaparecía lentamente. Eso le gustó mucho a Marie Laffranque.

Argentino hasta la muerte,[5] de César Fernández Moreno. Robamos el título, que el poeta había robado a su vez a Guido y Spano (“He nacido en Buenos Aires / ¡Qué me importan los desaires / con que me trate la suerte! / Argentino hasta la muerte, / he nacido en Buenos Aires”). Fuera de bromas, era también el título del texto más largo del montaje y creímos que las generaciones a las que queríamos implicar como público debían separar a primera vista al padre (Baldomero, muy conocido por sus “Setenta balcones y ninguna flor”) del hijo (César, hermano de los también destacados poetas Manrique y Clara). En 2005 convocamos a familia y lectores de César en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires con motivo del 20 aniversario de su muerte. Allí hablé muy elogiosamente de sus trabajos en verso y prosa, siendo matizadas mis opiniones sobre su obra ensayística por Noé Jitrik.[6]

Romancero gitano,[7] de García Lorca. Recital acompañado con fragmentos de la conferencia que daba Lorca sobre los poemas del libro, y diapositivas de los dibujos que pintó en esos años.

En otra ocasión, no sé si acertadamente (tuve varios fallos en este montaje, y el título pudo ser uno de ellos), titulamos un trabajo sobre Bécquer Donde habite el olvido,[8] verso de Bécquer, sí, pero más conocido por ser título de un poemario de Luis Cernuda.

En otras ocasiones, en el título del espectáculo ha entrado referencia de libro también, pero sutil, como para entendidos: Rayo, Viento y Ausencia[9] se corresponde con tres libros de Miguel Hernández (Rayo que no cesa, Viento del pueblo, Cancionero y romancero de ausencias); Desde Azul,[10] que es un recorrido por las poéticas modernas hispanoamericanas, recurre al libro de Rubén.

(Continuará)




[1] El disco y espectáculo Clásicos in Versos eran culminación de nuestra etapa posmoderna, en la que poníamos músicas descontextualizadas a poemas clásicos. Cada fase del trabajo tuvo su propio director: el espectáculo, por Héctor Grillo, la grabación por Francisco J. Gil, la música en escena por Goyo Maestro. El disco (Tecno Saga, 1989), con la carátula de Germán Díaz, se editó en casete y vinilo.
[2]  Romanceros, dirigido por Héctor Grillo y coproducido con la compañía vallisoletana La Quimera de Plástico. También tuvo su edición musical (Tecno Saga, 1991) dirigida por Goyo Maestro. Carátula de José Luis Romeo sobre foto de Antonio Ceruelo.
[3] Este año 2017,  con Dolos y  Carina Resnisky subimos los libros de Santolaya al escenario del Teatro Bicho, del Contenedor y del IES Grande Covián.
[4] Coproducimos en 1994 con Chérguì Théâtre de Toulouse la adaptación al francés de Poeta en Nueva York, que giró dos años por Francia y España. Con dirección mía y escenografía de Sara Brasky, actuaban Jean Michel Hernández y Ana Continente. El programa lo diseñó Fernando Lasheras.  El estreno contó con la presentación de Mª Clementa Millán  (autora de la edición crítica del libro, en Cátedra, 1987) y de Grassa Toro. André Belamich nos autorizó retoques en su traducción publicada en  Œuvres complète, Gallimard, 1981. Y la entrañable Marie Laffranque nos dio su bendición. Estos apoyos nos brindaron seguridad en el trabajo, pues aún persistía la polémica de si los poemas del libro, en realidad, conformaban dos poemarios distintos...
[5] Argentino hasta la muerte, cuatro textos de César Fernández Moreno. Representado por el actor porteño Martín Ortiz y elenco, con escenografía (9 cuadros) de Germán Díez y utilería (álbumes desplegables) de Helena Santolaya.  Lo montamos y estrenamos en Zaragoza, 2004. En Buenos Aires hizo temporada en el IFT, luego viajó por festivales de Argentina y Venezuela. Se representa periódicamente, en complicidad con el Teatro Crisol, por el mismo Martín Ortiz y elenco ad hoc.
[6] Director de Historia Crítica de la Literatura Argentina (desde 1999, publicada por Emecé, 12 tomos, varios años). Yo, en la introducción a modo de homenaje, hablé de la importancia que había tenido para mí el ensayo de Fernández Moreno titulado Introducción a la poesía (Fondo Cultura Económica, 1962). Y Jitrik, sin hacer sangre, aprovechó para desautorizar algunas teorías expresadas por su amigo César en el libro. Glub.
[7] Hundido con la empresa hasta el cuello, en 2011 llevo a los institutos una selección de Romancero gitano, con la ayuda de amigos que me asistían. En el recital, que daba en solitario, me aferraba al atril. Mi estado nervioso era parecido al de cualquier autónomo o pequeño empresario que sucumbía en la llamada “crisis”. Para colmo sufrí varias operaciones clínicas, entre ellas dos de cuerdas vocales. El Romancero gitano era lectura obligatoria en 2º de Bachillerato. Un trabajo, el mío, con luces y sombras.
[8] Producción de El Silbo como Compañía Residente del Teatro Arbolé, 2009. Actuamos Carmen Orte, Carolina Mejía y yo. Conchi del Río estaba de regidora. Música de Arelys Espinosa. Vestuario de Isabel Biscarri y cartel de José Luis Romeo. Reciclábamos también una escenografía pintada por Ignacio Fortún. Se estrenó en San Juan de Duero, en el Festival Expoesía de Soria, 
[9] Producción de El Silbo como Compañía Residente del Teatro Arbolé, 2010. Actuaba con Carmen Orte y Aloma Rodríguez.
[10] Producción americana de El Silbo, estrenada en Buenos Aires, 2016, que sigue en repertorio. Actúo con Carina Resnisky.

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