27 de agosto de 2017

En Chile, Puro Cuento

Buscaba un dato del otoño 2013 y no lo encontraba en el blog. Qué raro. Rebuscando,  vi que no aparecía balance o, acaso, recuerdo fotográfico de mi paso por el Festival Puro Cuento. Y es que, actuando en Chile me llegó la noticia del fallecimiento de Manolo García Maya. Cuando regresé, archivé en una carpeta todo lo relativo a ese viaje. Con ello eludía el triste recuerdo, pero cerraba la memoria de unos días felices. Hoy la abro.

Festival Puro Cuento

Mi llegada a Santiago de Chile fue traumática. Le puede pasar a cualquiera: pierdes el teléfono y no sabes ni cómo te llamas.

En Santiago se forma en Emigración una cola inaudita. Lenta es poco. Cuando salgo con el equipaje nadie me espera, no leo ningún rótulo con mi nombre. El taxista, al ver que pasaban tres horas desde el aterrizaje, pensaría que se había producido un desencuentro. No tengo teléfono, esto es: no tengo agenda, ni correo electrónico donde leer las instrucciones de llegada.

-Pues ve a un ciber, atontao.

-Es que tampoco podré acceder al correo, porque tengo una clave para cuando no me conecto desde mi ordenador.

-Y no te la sabes, claro.

-Es que me la manda google al teléfono móvil.

-Ño! La pescadilla que se muerde la cola! Podías haberte comprado otro en Barajas.

-Mira ahora vengo de Ucrania, allí es que perdí el aparato. La escala en Madrid ha sido corta y, además ya sabes que viajo sin tarjeta y sin dinero.

-Ay, señor…

Luis Felipe "Cernuda"
En el mismo vuelo había viajado la compañía Teloncillo. Ana Isabel Gallego me reconoció y eso me sorprendió porque yo no suelo ir con pelo corto y bigote, como era el caso, pues a la vuelta de Chile me esperaba una función de Cernuda recita a Cernuda. Y yo era Cernuda.

Los de Teloncillo iban al sur, a un festival distinto al mío. Su contacto me lleva a casa de la actriz que dirige el sindicato de actores. Localizan a Patricio Espinosa y me conducen con él. Por el camino me enseñan el solar donde plantó la carpa Violeta Parra.

El festival es cómodo. Nos llevan y nos traen. El hotel está junto al Cerro de Santa Lucía, las ramas de sus árboles llegan a la ventana. Patricio ha formado un elenco magnífico: la colombiana Carolina Rueda; el peruano Pepe Cabana, con sus kamishibai ; las chilenas Sandra Aravena y Patricia Mix; Ana Sofía Paiva, portuguesa y Bonifacio Ofogo, camerunés-español. Caso aparte era Silvia Alves, más escritora y pedagoga que intérprete, también portuguesa. Buena gente, todos tienen experiencia y sabiduría de la que aprender.

Cabana y el kamishibai
Lo Barnechea


Paiva en Farellones
Esta edición tenía dos ramales, uno iba hacia el centro de Santiago, el otro hacia la cordillera: Lo Barnechea, que es una comuna. Aclaremos que esta comuna viene a tener casi 100.000 habitantes. La población está desperdigada por barrios de todas clases (sociales) y pedanías. Está a unos 20 minutos de Santiago y tiene zonas residenciales de nivel alto. Aquellos días se estudiaba la posible creación de un servicio de helicópteros.

Desde el Centro Lector-Biblioteca de Lo Barnechea se organizaron las actuaciones en colegios de la ciudad, como el San José, y en otros más alejados, como el Farellones.

En el Centro Lector se hacían sesiones especiales donde el narrador tenía dos horas para exponer un tema. El mío fue el Romancero. Lo desarrollé en cuatro partes, cada una con sus ejemplos actuados:

-Romancero viejo. Orígenes. Teorías, hipótesis. El romance juglaresco.

-El Romancero nuevo. Los romances de autor.

-Romancero y tradición oral. Romances de ver y tocar. El encuentro en Chile de Menéndez Pidal con Julio Vicuña Cifuentes.

-Romance moderno. Características.

Como suele suceder con las buenas faenas, no hay constancia, ni aun fotográfica, de la sesión, que resultó inolvidable. Había unas 50 personas, enseñantes, agentes culturales y personal de bibliotecas. Al poco de empezar, en la Jura de Santa Gadea, una maestra cercana a la jubilación comenzó a llorar con los ojos cerrados y una sonrisa angelical.

Es sabido que la emoción se contagia; esto sucede con frecuencia en las actuaciones, pero los focos (benditos sean!) te protegen. Aquí no había tal y en el saloncito yo estaba trabajando entre los espectadores; ¿dónde poner la cuarta pared? Tenía que provocar un cortocircuito en la corriente emocional. En estos casos lo que hago es llevarme la mano a la espalda y tensar los dedos de la mano para provocarme un dolor que anestesie la emoción, pero en la Jura tengo las manos enguantadas con los títeres del Cid y de Alfonso VI, que representan el juramento. Uf!. De ser otro romance, hubiera buscado el momento en que un personaje pudiera llorar, pero la Jura la empieza y termina el narrador, y el diálogo entre el rey y Rodrigo es conciso y tan “viril” que resultaba improcedente mostrar emociones añadidas, como el Cid marchando entre pucheros o el rey llorando de ira. Probé con el pie, pues el zapato era lo suficientemente flexible como para permitir un encogimiento total de los dedos combinado con la separación del meñique. En el intento terminé el romance, y solo al finalizar conseguí el calambre salvador. Las lágrimas se repetían en momentos inesperados entre los presentes, pero como el calambre había dejado un poso de dolor, ya estaba vacunado.

Está claro que, en lo tocante a la emoción, yo solo era un médium que ponía a la gente en estado de ensoñación o excitación de la memoria –real o imaginaria.

Todos los colegas que protagonizaron estas sesiones de nivel exigente, salían complacidos porque a todos gusta disparar alto. Así, Pepe Cabana que tituló su exposición Kamishibai para todos, o Carolina Rueda, Como decía mi abuelita, el mismo título con que intervino Bonifacio Ofogo. Hubo dos sesiones más abiertas, la de Narración Oral y la Memoria: Cuentacuentos con historia por Ana Sofía Paiva y Patricia Mix; y la de Narración Oral y el fomento de la lectura con Silvia Alves y Paz Corral. De nivel académico, Silvia Alvés dictó para profesores de la Universidad Santo Tomás el taller Cuentos para el aula.

Santiago

La conferencia inaugural había sido en el CC Gabriela Mistral de Santiago y se titulaba La Narración Oral y la Interculturalidad. El orador fue Boniface Ofogo Nkama, 'Boni', quien demostró lo perverso de la expresión "intercultural". Parece que en cada país, para no ver la multiculturalidad de la que se compone, se recurre a lo intercultural, como si los nacionales fueran una masa homogénea y no existieran las subculturas locales per se
Boni

Silvia Alves, Paz Corral, Pepe Cabana, Luis Felipe
















Por la Universidad de Santo Tomás pasamos todos. En el tráfico de un lugar a otro, parece que algunos –yo entre ellos- no acertamos con el repertorio, saldando con palmas y tímida petición de oreja. Bueno, no era fácil… había mucho viento, o sea que la puerta se abría con frecuencia, saliendo unos y entrando otros. Eso no entorpeció la marcha del festival, al contrario, fue como un aviso de atención. 

En los ratos libres celebrábamos cumpleaños, librerías y confidencias.

La Casa en el Aire

En realidad hay varios locales con este nombre, parecida decoración y siempre con escenario para la palabra y la música. El festival pasaba por todos ellos. Entre semana el ambiente era tranquilo.

Ana Sofía Paiva cantaba una versión portuguesa del Romance de la adúltera, yo otra en castellano. Probamos a juntar ambas, dialogando hombre y mujer en los dos idiomas. Bien, simpático.

La sesión final fue en la Casa en el aire, en la más grande, la de plaza Ñuñoa. Actuamos todos. Esa noche me reconocí en la tensión de mis compañeros, todos andábamos reconcentrados, como si no nos hubiéramos visto nunca. El local estaba lleno, en una mesa había gente de la embajada española.

Yo arranqué con poemas de Nicanor Parra y el respetable entró al trapo, así que para matar recité con el público “Apología y petición” de Gil de Biedma.

Esa noche, Carolina Rueda escribió en su blog unas reflexiones... un comentario al hilo de mi actuación. 
Carolina en Farellones (Lo Barnechea)
Se arriesgó diciendo lo que decía, pero ella lo sintió así. Espero que, de rebote, no me odie nadie por haber levitado ese día en escena. Aquí el escrito:

EL ARTE Y LA FURIA

Entre tanto gurucito de pacotilla que pretende salvar nuestra vida con el arte y dejarnos imperturbables, entre tanto discursillo de arte ayuda con mensajes de amor al universo y serenidad espiritual cuando lo que hay que hacer es rompernos el equilibrio, quitarnos la mansedumbre, inquietarnos hasta enfurecer; entre tanto traidor escondido en la filosofía del secreto y la justicia divina; a veces estoy perdida en el oficio que me atañe y me reencuentro con el sinsentido; entonces, solo a veces, aparece la iluminación el verdadero testigo de lo sagrado que está más cerca del lodazal que de los mesías, que en general resulta más incómodo que adulador y es menos relamido y más agresivo que los demás.

Hoy hablo de lo ocurrido el pasado sábado en la función de clausura del Festival Puro Cuento en Santiago de Chile, y más exactamente de Luis Felipe Alegre que puso el lugar de lo inefable y regaló por unos segundos la presencia de lo sagrado y de la palabra que conmueve, profundiza, descubre y aletea en el alma. Lo primero fue un poema de Nicanor Parra El hombre imaginario sencillo, fácil de seguir, poderoso como lo popular, con éste realizó el hechizo para el vuelo total, una sextina de Jaime Gil de Biedma, Apología y petición que con la sencillez de la genialidad, nos hizo corear con él hasta conmover el alma de los 100 espectadores que lo escuchábamos en La Casa en el Aire de Bellavista. Con Luis Felipe en este evento he visto la poesía, yo que no soy especialmente buena leyéndola ni siguiéndola, he visto su profundidad y capacidad premonitoria, he recordado el lugar misterioso y único que ocupa en las entrañas, me he sentido parida y pariendo; creada y creadora, furiosa y frágil, guerrera y vencida y eso no tiene precio.

La presencia de los maestros tiene eso, que sin esfuerzo al hacer eso que parece nada, te abren el caudal, te llevan al llanto y a la impaciencia te recuerdan para qué fracasas tanto, para qué batallas, para qué estar en el lugar de los nadies del mundo. Cuando veo los teatros que me ofenden, las envidias que me asaltan, las injusticias que me perturban, muchas veces siento que esto que hago y que comparto con algunos tal vez está destinado a la desaparición porque el público espera que le des gusto, que le toques los huevos, que te comportes como su putita obediente y sin rechistar, que para eso somos los payasos de la sociedad.

Pero luego aparece el milagro, esta presencia de lo sagrado hecha de barro y de poesía, de caras sucias y mocos, de hambre y melancolía que me recuerda lo trascendente, lo que está más allá de mis humanas pasiones y carencias y sonrío por unos segundos y lloro esperando que el milagro se repita, que los maestros pervivan y que seamos capaces de seguirlos justamente por eso, porque no nos quieren tras de ellos sino con ellos con el alma rota y las heridas sangrando pero con la ebriedad de los dioses que miden la vida por su capacidad de conocer y de explorar la inmensidad.

Carolina Rueda

Como colofón, Silvia Alves tomó fotografías del día a día.

Silvia Alves
Aquí hay  fragmentos de las mismas, mezcladas con alguna tomada por Carolina Rueda . Un perro ha mordido las fotos, por eso las muestro así.


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