20 de agosto de 2017

En el sector del Libro (III) Luis Felipe Alegre

Sigo hablando en torno al libro, a los libros. No pretende ser memorias ni historial artístico. Solo hago un recuento de algunas fechas marcadas en la agenda con la palabra "libro".

POESÍA TERAPÉUTICA. Editorial Maeva

En 1996, la editorial Maeva me encomienda la presentación de otra suerte de contenedor poético, o libro: Poesía Terapéutica, cosa que hice con ayuda de Adolfo Ayuso como guionista, en su triple calidad de médico, escritor y hombre de teatro. De ahí salió mi personaje Licenciado Rana, descendiente de Don Tancredo y de Fray Gerundio. Periódicamente retomo el personaje para hacer discursos donde mezclo teoría y disparate.

Fue, como se dice, un inmerecido honor que Editorial Maeva confiara en mí para la promoción del producto. Lo cierto es que tras 
la presentación oficial en la Fnac de Madrid, llevaba las cajas a todas partes para, cuando procediera, hacer “una demostración”. 

Una caja grande con el título genérico, Poesía Terapéutica  contenía otras: Qué descansada vida, para angustiados e insomnes; A una nariz, para resfriados; Abenámar, Abenámar, como anticonceptivo oral… Todas ellas con su prospecto donde se detallada la posología, es decir el número de veces que el paciente debía leer el poema contenido.




PRESENTACIONES ESPECIALES. De libros

Son variadas las formas de participar en la presentación de un libro. Por razones normalmente circunstanciales, la memoria conserva vivo recuerdo de algunas presentaciones de libros amigos en las que me impliqué como orador, como lector en público, o como artista.
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Una de las más famosas, la de Vida ávida de Guinda (Olifante, 1981),  que fue el 23 de febrero del 81 y que no se celebró.

La calle bullía, pero no se abría la puerta.
Todos los artistas estaban en el escenario. Pero el Oasis no se abría.
Era mejor dispersarse.
Como "presentación" fue un poco rara, pero se acuerda mucha gente. Vida ávida tuvo mucha vida.
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Olifante, en 1990, sacó Los pasajeros del estío de Antón Castro y lo presentaban en un salón, creo que de la Diputación de Teruel porque estaba Isidoro Esteban.
Yo preparé el relato convenido. Había llegado a memorizarlo, pero en ese tiempo estábamos por grabar poesía hebrea medieval y se me confundían las sintaxis. Para ir sobre seguro utilicé un apuntador electrónico. Pero lo puse demasiado fuerte, por lo que se ve, y el ridículo, ¡cuando lo supe!, no se me olvida.

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Colaboré con Grassa Toro en la presentación, no sé si patafísica, de su poemario De las pérdidas, la cuenta (Verbum, 1997). 

Durante varias horas, el poeta recibió a su público vestido de jotero, en la Librería Antígona, acompañado por Raquel Arellano, Eugenio Arnao, Eva Esteban  y yo como Licenciado Rana.

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Otra presentación tumultuosa, aquí en sentido formal, fue la de Anotaciones al borrador de un diario (Del Oeste Ediciones, 2000) con versos de Luz Rueda Sabater e ilustraciones de Ramón de Arcos. Ambos autores eran lo suficientemente conocidos en Badajoz como para llenar la terraza del Teatro López de Ayala, pero como se había anunciado la intervención de Alberto Oliart, el público llegaba hasta la calle. Recuerdo a Carmen cantando, a Fernando tocando el piano y a mí, intentando darle ritmo al acto para acabar pronto y desalojar en calma. (No, mentira, yo me veo justificando la ausencia de Oliart, telegrama en mano, como la cosa más natural del mundo).
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En la pasada década, publicó dos libros  Magdalena Lasala en cuya presentación colaboré recreando sus personajes. La editorial (Temas de Hoy) acostumbraba a presentar la novedad primero para la prensa y luego en abierto. 

Así que paseé Almanzor por Medinacelli y luego por el Museo Provincial de Zaragoza. 

Con Maquiavelo estuvimos en el Teatro Principal y el Paraninfo, entre otras intervenciones que organizaba yo por mi cuenta, ya que este libro era de mi agrado y el discurso del personaje, instructivo.


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Dos literatos especiales: Rosendo Tello  y Ángel Guinda.
De Guinda citaré la presentación de La llegada del mal tiempo (Huerga & Fierro, 1998). Fue en el Ateneo de Madrid, tocaba Arelys y me impresionó la excelente acústica del salón repleto de oyentes.

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Con Rosendo me veo en la Biblioteca de Aragón en compañía de José Carlos Mainer, presentando Más allá de la fábula (Huerga & Fierro, 1998).

O en FNAC, con Pepe Melero y Chusé Aragüés, el tomo de memorias Naturaleza y poesía (Prames, 2008).

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Me vienen a la memoria otras muchas presentaciones, especialmente las de estos últimos años, claro. La escasez de actuaciones en teatros me permite moverme en este territorio y, unas veces con el personaje y otras con un texto, hago como un micro-teatro. Así hice con:

La calle del agujero en la media y Todos bailan, de Raúl González Tuñón (Gara d’Edizions, 2013) en La Pantera Rossa. Tras la introducción de Chusé, hice un monólogo en torno a la vida y obra de González Tuñón, apoyándome en elementos fotográficos, un títere y una caja de música.

 Hace poco, en el Festival de Declamadores que se celebra en la provincia argentina de Corrientes, representé el monólogo de González Tuñón. En estos casos hay que llevar algunos ejemplares para la exhibición, obsequio y venta. En  Buenos Aires, el gran fotógrafo Julio Foster fue testigo de mis actos promocionales.





El sumiller de Queipo de Llano, de David Giménez (Ediciones Fragolino, 2017).

Habíamos estado en La Almunia, donde, tras David y Manolo Gálvez, yo improvisé la lectura de algunos pasajes (pasando in mente de tercera a primera persona, la del general). No quedó mal.

Al poco repetíamos en Portadores de Sueños, con Enrique Cebrián, Víctor Guíu y el editor, Sergio Grao, acompañando al autor.

(En Portadores no debí de quedar muy bien, porque luego fueron a la Librería Anónima de Huesca y no me llevaron. Hum!)


Golpes de mar, de Antón Castro (Ediciones del Viento, 2017) en el Paraninfo, aunque aquí estuve más parco de recursos. Antón estaba torero, así que formamos cuadrilla Mariano Gistaín, Encarna Samitier, el editor Eduardo Riestra, Mª José Hernández y yo.
Leí, paseando por el estrado, marcando las voces de los personajes, cambiando ritmos.  Correcto.
Es el libro que más me ha perturbado en los últimos tiempos.

                                                                                     *         

EL CIRCO DE LA PALABRA. De la poesía experimental al libro objeto.

En los primeros años del siglo actual, Carlos Grassa Toro combinaba en Colombia su trabajo profesoral con la organización de exposiciones y actos culturales.

Aproveché un viaje al Festival de Cuenteros de Bucaramanga, para concertar con Carlos un trabajo escénico sobre poesía experimental y libros raros (de Oquendo Amat a las ediciones Vigía).

Lo estrenamos, los dos con Raquel Arellano, en la el Auditorio de la Biblioteca Nacional de Bogotá.

(Continuará)

18 de agosto de 2017

Vallenato ¿Qué dice la voz?

Aureliano Segundo pasaba las tardes en el patio, aprendiendo a tocar de oídas el acordeón
Cien años de soledad

El vallenato fue anotado por UNESCO en 2015 en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial por requerir medidas urgentes de salvaguardia.
Antes que nada, conviene ver este vídeo, que resume bien sus aires principales y muestra el papel que desempeña la voz humana junto a los tres instrumentos acompañantes: acordeón, caja y guacharaca.



Y una vez visto, podemos comprender de qué hablaba Daniel Samper Pizano en el diario colombiano eltiempo.com

Lamentablemente, el éxito de los viejos y gozosos merengues y paseos amenaza con destruir el género. El boom del vallenato desató un río turbio de música comercial vacua y previsible, madre de criaturas monstruosas como el rancherato, el baladato y el paseo llorón. Abundan las notas repetitivas fabricadas por contrato –aburridas salchichas musicales– y las letras, según Leandro Díaz, se despachan “con más de dos mil palabras, que al final no dicen nada”.
Hace años,  estaba con David Giménez Alonso por tierras del Magdalena y desde Taganga nos internamos por las laderas de la Sierra Nevada. Marchábamos con paso solemne pues nos impresionaba pisar el suelo de los tayrona y fantaseamos con el oro de esas montañas.  

En una casa había alboroto, se nos invitó a pasar. No eran tayrona. Bebimos, y allí tuve la primera noticia de una piqueria colombiana, donde los repentistas improvisan en cuartetas y décimas.

También escuchamos, por el Rodadero de Santa Marta a los tercetos cultivadores del género.

Así, meditamos hoy las palabras que leemos en el blog de Marcos F. Herrera:

El vallenato que difunde los medios de comunicación con vídeos de una manufactura artificiosa, no es el género que representa de manera fiel el acervo cultural de Colombia. Sus letras retratan el marasmo y la desidia, la celebración inane y el desamor de cantina. Los cantos de sus figurines son disonancias continuadas, potajes guturales sin gracia ni contenido. El vallenato comercial condensa la mediocridad entronizada por obra de la ceguera y pereza de la industria musical. Su triunfo es un logro de la bobería que convirtió la chabacanería en marca y la estupidez en producción seriada.
DIÁLOGO FINAL

-Muchas veces sopesamos en esta casa los perjuicios y beneficios que la pérdida de alguna tradición puede suponer. Hoy tenemos otras claves para reengancharnos a cosas del pasado. Fundamental ha sido la recogida de testimonios sonoros y visuales.


-Hace 100 años, Menéndez Pidal dejó de recoger versiones de Gerineldo porque ya tenía miles. 

-¿Habrá hoy miles de españoles que puedan cantar el Romance de Gerineldo entero en cualquier versión? 

-Pero aún nos emocionamos si lo oímos cantar a una panderetera del norte, o a un cantor sefardí. 

- Sí, y como lo propio es querer compartir la experiencia, uno quisiera que esa emoción pudieran sentirla otros muchos, en la seguridad de que no les hará mal.

-Lo que importa es salvaguardar el documento; en la medida de lo posible seguir practicando ese arte; si cae en olvido alguien lo recreará, porque queda el documento. 

-Ahora bien, una interpretación musical brillante, un canto con versos de repente o aprendidos, con el movimiento humano que alrededor se genera es lo más parecido a esa comunión espiritual de que hablara Víctor Hugo.

-¡Que no se pierda nunca algo bello, algo elevado! 

Sopesamos.

15 de agosto de 2017

En el sector del Libro (II) Luis Felipe Alegre

CLÁSICOS IN VERSOS. Guía de la obra en libro

El proceso de Clásico in Versos (1989-90)[1] coincide con la transformación de El Silbo Vulnerado, que era una Cooperativa, en S.L. Ello fue obra de un economista argentino que creía en el Grupo y pensaba que si funcionaba bien en América, no tenía que ser distinto en España. Se llamaba Marcelo Reyes y con el tiempo sería más conocido como profesor y como editor, con Trinidad, de Olifante.

El espectáculo se ofrecía para público en general, y pensamos en hacer una guía de lectura que ampliara la información del programa de mano. Así que editamos en libro los poemas enteros (cuando el espectáculo es panorama de una época o de un tema, valen los fragmentos), poniendo en cursiva las estrofas que aparecían en escena. Se acompañaba de fotografías del montaje, obra de
Antonio Ceruelo.

Luis Miguel Bajen, filólogo además de músico, dirigió la edición y tuvo que emplearse a fondo para determinar algunas autorías y explicar falsas atribuciones en notas detalladas. En el litigio entraban Quevedo, Góngora y Jovellanos.

No nos iba tan bien el negocio trovadoresco como para permitirnos el lujo de esta edición, pero habíamos obtenido una ayuda económica del Gobierno de Aragón y supimos repartirla entre el espectáculo, el disco y el libro. Las ventas en librería fueron simbólicas, pero en las actuaciones los libros y los discos se vendieron muy bien.

UN SUEÑO DE JUGLARES. Antón Castro y El Silbo Vulnerado

Como apoyo al montaje Romanceros[2] se pensó hacer un libro que contara la relación del Grupo con el Teatro, la Música y la Literatura. 

Desde su llegada a Zaragoza, disfrutábamos de la amistad de Antón Castro. No dudé en pedirle que lo escribiera él. Y fue un abuso, pues el libro debía salir coincidiendo con el cercano estreno. Así que Antón pidió una excedencia en El Periódico de Aragón y se dedicó casi dos meses a indagar con el diseñador José Luis Romeo en los archivos y en mi memoria.

Con el tiempo, El Silbo Vulnerado: «Un sueño de juglares» atesora su interés como fuente, pues no se limitó Antón a hablar de nosotros, sino que trazó el correlato de aconteceres artísticos aragoneses de las décadas Setenta y Ochenta contrastados en posteriores estudios de, por ejemplo, Jesús Rubio Jiménez y Adolfo Ayuso.

El coste de la edición, 2.000 ejemplares, fue sufragado a partes iguales por el Grupo y por el Gobierno de Aragón, que firmó la edición.

FIGURAS LITERARIAS Y MÉTRICA. El Catón de Isabel Guerrero y Pablo Aína

En los primeros años 90 existía la Academia Catón en Zaragoza.  Estaba especializada en Humanidades y la dirigían Isabel Guerrero y Pablo Aína. Practicaban el instruir deleitando con los alumnos y editaban libretos como el de Figuras literarias y métrica. En la segunda edición fuimos una suerte de coeditores.

En 1992, cruzando la frontera de Argentina con Bolivia estuvimos retenidos un par de horas porque llevábamos una maleta con 15 kilos de Figuras. Yo conté que eran para profesores de los colegios donde íbamos a actuar. Pero ellos sospechaban que tal cantidad era cosa de negocio. Amplié la explicación diciendo que aunque el libro parecía un manual más, tenía la peculiaridad de que los autores seleccionados en los ejemplos de figuras eran modernos e hispanoparlantes, o sea García Calvo con Pablo Neruda, o Rulfo con Gil de Biedma. Al final confesé que se iba a hacer una serie de televisión, que el libro era el guión y los ejemplares eran para repartir entre el equipo, pues era muy amplio. Se lo creyeron, o se hizo la hora de merendar, no sé, y dieron por buena la versión.

LAS GRANDES PEQUEÑAS EDITORIALES CUBANAS

En 1995, la publicación de Cancionero propio de  Marta Valdés me llevó a las publicaciones artesanales que en Matanzas hacía la editorial Vigía.

En el periodo especial escaseaba el papel y hasta el Granma se había quedado en cuatro páginas.  En varios talleres de la Isla estaban editando libros hechos a mano, empezando por el “papel”,  con plantillas, collages… Trabajaban con tela, hojas, papel de estraza, o papel de aluminio. Máquina de escribir, cliché, mimeógrafo, ciclostil. Ediciones de 100 ó 200 ejemplares.

Este libreto con versos de Nicolás Guillén, de la editorial de Holguín Cuadernos Papiro, está ilustrado por Yunia Pavón. Su portada es collage. No hay dos iguales.



En Matanzas, la Atenas de Cuba, los de Vigía también reciclaban cajas de puros para contener una antología de Gastón Baquero. No puedo decir que no haya traficado con puros habanos, pues cada caja contenía uno, además.


Reuní una colección que se mostraba en el Sopa de Letras.














EL LIBRO COMO POEMA. Helena Santolaya

Existe el libro de artista, el libro objeto, el arte conceptual, el dadaísmo, existe fluxus… y existe Helana Santolaya. 

Con Helena Santolaya tuve dos años de intensa colaboración en su Sopa de Letras. Por ceñirnos al tema, sus libros gigantes en cartón que, inicialmente, le servían para una instalación sobre Leopoldo Mª Panero, fueron también escenografía de nuestro Traficante de Palabras, montaje con textos del mismo autor. Hizo tres, en el Sopa solo cabía el pequeño. Como se ve en la foto, se combinaba con textos proyectados en diapositiva y recitados con distorsionador de voz.
Poco a poco, nos fuimos atreviendo –Helena a dejarlos en mis manos y yo a jugarlos ante el público- a mover otros libros memorables, entre ellos Peligro. Un libro pesado y peligroso pues se despliegan páginas cargadas con cuchillas de afeitar, a lo hay que sumar la inquietud del contenido textual en torno al Teatro y su doble, de Artaud.












Con cierta periodicidad[3] trabajamos con los libros de Santolaya, hacedora también de utilería con desarrollo visual, algo fundamental en nuestros montajes.











TÍTULOS. Espectáculos con título de libro

Tontamente, acaso, no he buscado aprovechar publicitariamente la fama de un libro y encabezar el cartel de un montaje con el título de una obra literaria. Un verso, sí, muchas veces. Pero como han sido muchos los espectáculos que he titulado, creo que se me puede perdonar alguna excepción a la regla. Bueno, tres:

Poeta en Nueva York de García Lorca.[4] Pero creo que aquí se justificaba el uso del título, porque había una suerte de metapoética: tras cada poema, en silencio y sobre oscuro escénico, desfilaban todos los títulos de poemas contenidos en el libro; cuando llegaba el de la escena siguiente, la proyección se pausaba y desaparecía lentamente. Eso le gustó mucho a Marie Laffranque.

Argentino hasta la muerte,[5] de César Fernández Moreno. Robamos el título, que el poeta había robado a su vez a Guido y Spano (“He nacido en Buenos Aires / ¡Qué me importan los desaires / con que me trate la suerte! / Argentino hasta la muerte, / he nacido en Buenos Aires”). Fuera de bromas, era también el título del texto más largo del montaje y creímos que las generaciones a las que queríamos implicar como público, debían separar a primera vista al padre (Baldomero, muy conocido por sus “Setenta balcones y ninguna flor”) del hijo (César, hermano de los también destacados poetas Manrique y Clara). En 2005 convocamos a familia y lectores de César en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires con motivo del 20 aniversario de su muerte. Allí hablé muy elogiosamente de sus trabajos en verso y prosa, siendo matizadas mis opiniones sobre su obra ensayística por Noé Jitrik.[6]

Romancero gitano,[7] de García Lorca. Recital acompañado con fragmentos de la conferencia que daba Lorca sobre los poemas del libro, y diapositivas de los dibujos que pintó en esos años.

En otra ocasión, no sé si acertadamente (tuve varios fallos en este montaje, y el título pudo ser uno de ellos), titulamos un trabajo sobre Bécquer Donde habite el olvido,[8] verso de Bécquer, sí, pero más conocido por ser título de un poemario de Luis Cernuda.

En otras ocasiones, en el título del espectáculo ha entrado referencia de libro también, pero sutil, como para entendidos: Rayo, Viento y Ausencia[9] se corresponde con tres libros de Miguel Hernández (Rayo que no cesa, Viento del pueblo, Cancionero y romancero de ausencias); Desde Azul,[10] que es un recorrido por las poéticas modernas hispanoamericanas, recurre al libro de Rubén.

(Continuará)




[1] El disco y espectáculo Clásicos in Versos eran culminación de nuestra etapa posmoderna, en la que poníamos músicas descontextualizadas a poemas clásicos. Cada fase del trabajo tuvo su propio director: el espectáculo, por Héctor Grillo, la grabación por Francisco J. Gil, la música en escena por Goyo Maestro. El disco (Tecno Saga, 1989), con la carátula de Germán Díaz, se editó en casete y vinilo.
[2]  Romanceros, dirigido por Héctor Grillo y coproducido con la compañía vallisoletana La Quimera de Plástico. También tuvo su edición musical (Tecno Saga, 1991) dirigida por Goyo Maestro. Carátula de José Luis Romeo sobre foto de Antonio Ceruelo.
[3] Este año 2017,  con Dolos y  Carina Resnisky subimos los libros de Santolaya al escenario del Teatro Bicho, del Contenedor y del IES Grande Covián.
[4] Coproducimos en 1994 con Chérguì Théâtre de Toulouse la adaptación al francés de Poeta en Nueva York, que giró dos años por Francia y España. Con dirección mía y escenografía de Sara Brasky, actuaban Jean Michel Hernández y Ana Continente. El programa lo diseñó Fernando Lasheras.  El estreno contó con la presentación de Mª Clementa Millán  (autora de la edición crítica del libro, en Cátedra, 1987) y de Grassa Toro. André Belamich nos autorizó retoques en su traducción publicada en  Œuvres complète, Gallimard, 1981. Y la entrañable Marie Laffranque nos dio su bendición. Estos apoyos nos brindaron seguridad en el trabajo, pues aún persistía la polémica de si los poemas del libro, en realidad, conformaban dos poemarios distintos...
[5] Argentino hasta la muerte, cuatro textos de César Fernández Moreno. Representado por el actor porteño Martín Ortiz y elenco, con escenografía (9 cuadros) de Germán Díez y utilería (álbumes desplegables) de Helena Santolaya.  Lo montamos y estrenamos en Zaragoza, 2004. En Buenos Aires hizo temporada en el IFT, luego viajó por festivales de Argentina y Venezuela. Se representa periódicamente, en complicidad con el Teatro Crisol, por el mismo Martín Ortiz y elenco ad hoc.
[6] Director de Historia Crítica de la Literatura Argentina (desde 1999, publicada por Emecé, 12 tomos, varios años). Yo, en la introducción a modo de homenaje, hablé de la importancia que había tenido para mí el ensayo de Fernández Moreno titulado Introducción a la poesía (Fondo Cultura Económica, 1962). Y Jitrik, sin hacer sangre, aprovechó para desautorizar algunas teorías expresadas por su amigo César en el libro. Glub.
[7] Hundido con la empresa hasta el cuello, en 2011 llevo a los institutos una selección de Romancero gitano, con la ayuda de amigos que me asistían. En el recital, que daba en solitario, me aferraba al atril. Mi estado nervioso era parecido al de cualquier autónomo o pequeño empresario que sucumbía en la llamada “crisis”. Para colmo sufrí varias operaciones clínicas, entre ellas dos de cuerdas vocales. El Romancero gitano era lectura obligatoria en 2º de Bachillerato. Un trabajo, el mío, con luces y sombras.
[8] Producción de El Silbo como Compañía Residente del Teatro Arbolé, 2009. Actuamos Carmen Orte, Carolina Mejía y yo. Conchi del Río estaba de regidora. Música de Arelys Espinosa. Vestuario de Isabel Biscarri y cartel de José Luis Romeo. Reciclábamos también una escenografía pintada por Ignacio Fortún. Se estrenó en San Juan de Duero, en el Festival Expoesía de Soria, 
[9] Producción de El Silbo como Compañía Residente del Teatro Arbolé, 2010. Actuaba con Carmen Orte y Aloma Rodríguez.
[10] Producción americana de El Silbo, estrenada en Buenos Aires, 2016, que sigue en repertorio. Actúo con Carina Resnisky.

Hernandiana

El Centro Público de Educación de Personas Adultas de Huesca se llama Miguel Hernández.  Allí estuvimos. Este es su logo:

 


Periódicamente vemos que  periodistas, artistas e instituciones recuerdan a tal o cual personaje de las Letras o de las Artes en el centenario de su nacimiento, o en otras efemérides. En ocasiones la celebración entronca con la ciudadanía, con gente que ni escribe ni pinta, ni canta, ni es alto cargo en el escalafón cultural. Tiende, entonces, a ocuparse espacios de base, lejos de las cátedras, los museos y los palacios de gobierno. Son las bibliotecas, a veces inspiradas por los club de lectura, los colegios, con la motivación de un buen profesor, o la plaza pública. 

Los aniversarios de Miguel Hernández revelan muchos cultivadores de su memoria.

Este año la fecha a recordar era el 28 de marzo de 1942. Y aquí, convocados por la Universidad de Zaragoza, profesores, poetas, artistas y ciudadanos en general, recordamos al poeta en el día de su muerte, 75 años después.
video

También se ha recordado aquel Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández, cuando se empezaba a salir de la dictadura, al poco de morir Franco. Así, en el Museo Pablo Serrano, dentro de la colección De las Artes y las Letras, se expone una colección de documentos relativos a aquellos actos en los que participamos modestamente. La sección De las Artes y las Letras muestra fondos del propio museo; en este caso, la muestra ha estado preparada por Jesús Rubio. Reúne además las serigrafías que se hicieron aquel año de 1976.





Por las tierras de Miguel, Jesucristo Riquelme ha seguido editando nuevas páginas en torno a la obra de su casi paisano.






Riquelme, nuestro hernandiano de cabecera, ha escritos muchos libros sobre otros temas. Es, por ejemplo un gran conocedor de la literatura del siglo XVIII. El teatro es una de sus -podríamos decir- especialidades. 

De su trabajo investigador, recordamos hoy dos "pequeñas cosas": la localización de Miguel Hernández en el puesto de mando en la toma de Nuestra Señora de la Cabeza (Jaén). En la foto, el tercero por la derecha.

Otra aportación: la recuperación de los 30 números de la Revista Luna. En Madrid, años 1939-40, la embajada chilena refugió a muchos perdedores de la guerra. Entre ellos, un grupo formado por Antonio Aparicio, Edmundo Barbero, José Campos, Pablo de la Fuente, Antonio de Lezama, Santiago Ontañón, Aurelio y  Julio Romeo, que se juntaban en la noche para confeccionar la revista. De cada número editaban ¡un solo ejemplar! Cuarenta años después, Riquelme los localizó en Chile y se pudieron editar:


La escena también ha nutrido el homenaje anual. Aquí el cartel del Celcit y sus actuaciones en Madrid con Luis Molina al frente.




Aquel 2010

En 2010, uno de los peores años de la "crisis" que sufrimos, celebrábamos el centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Muchos aficionados a la poesía y a la historia española, hacían que en mil escenarios sencillos la ciudadanía pudiera recordar su poesía. 

Algunos teatros fueron también lugar de encuentro entre la obra y el oyente, gracias a los trabajos escénicos que los artistas profesionales ofrecían con mayor o menor acierto (desde Serrat, Mario Gas, La Nona, Meridional, Argos, Gerena...). 

Mal año, ya te digo, con mucha competencia. Además se contrataba poco y se pagaba con mucho retraso. En resumen: no había dinero para contratar, ni cintura para el combate.

Rayo, Viento y Ausencia se estrenó meses antes del centenario, en el Festival de Poesía Moncayo. Para la ocasión, Vicente Almazán nos ayudó a recuperar el cartel que usábamos en 1973.



El espectáculo se ofrecía a las instituciones, por si les encajaba. En Aragón se trabajó con el circuito institucional, e hicimos campañas con la Red de Bibliotecas de Aragón, con la Comarca Andorra-Sierra de Arcos, o con el Ayuntamiento de Utebo, que nos llevó a todos los centros escolares, propiciando la creación de El mundo de Miguelillo para hablarles de poesía a los niños.

En Cuba trabajamos -desde el Teatro Terry de Cienfuegos- con la Embajada de España, la UNEAC, y la Asociación Hermanos Saíz. 

En Argentina -desde el Teatro Crisol de Buenos Aires y desde El Peregrino de Jujuí- con la Oficina Cultural de la Embajada de España, la Dirección de Bibliotecas de Buenos Aires, y las universidades de La Plata y San Salvador de Jujuy.