1 de mayo de 2017

Bachillerato y ESO... Literatura


En la adolescencia, la poesía es para algunos un salvavidas. Es descubrimiento: "eso" que sentimos, lo han sentido otros y han intentado expresarlo con esas palabras que llamamos poesía.

Etapa en la que el ser humano, conforme cede la cuerda que le ata a sus mayores, se pregunta "qué va a ser de mí?" Y se cuestiona si aceptar, disentir o qué... acerca del mundo que le rodea. En las actuaciones vemos sus dramas en la postura y en la mirada.

Ya hemos manifestado en otras ocasiones nuestra simpatía por el modelo de desarrollo positivo adolescente, o por la lingüística cognitiva. Son teorías que se relacionan con nuestro accionar. A veces lo inspiran.
Aula del INS Ronda preparada para la actuación de Modernos de plata.. Lérida, 25 de abril, 2017. Foto Manuel Gálvez
Cuando trabajamos en terreno corto (como en el aula de la foto) partimos de algún comentario oído al vuelo, o de una reflexión inicial, aparentemente marginal al tema. Por ejemplo: "por qué las guerras carlistas, o las guerras coloniales no aparecen en la gran poesía española", lo que da pie a tratar de los temas de la poesía y de cómo se ensancha su repertorio según mudan las épocas. También, por seguir con el asunto bélico, podemos divagar: la guerra colonial era tratada en prosa (de Galdós a Sender, por ejemplo), pero paralelamente, en la plaza, era motivo para romances que canturreaban los ciegos.

Las últimas sesiones en institutos han girado en torno a la "Edad de Plata", termino acuñado hace mucho por nuestro paisano José Carlos Mainer y que ya ha entrado, ¡por fin!, en los libros de texto. Hablar de la literatura en España entre 1900 y 1939 es abrir puertas y ventanas al mundo.

Luis Felipe y Montse, del Dep.de Lengua. INS Ronda. Foto Manuel Gálvez
En el INS Ronda, de Lleida, los alumnos de 1º Bachillerato acababan de estudiar el Romanticismo. Bien, aprovechamos para empezar recitando a Rosalía en gallego y aventurando alguna similitud con Mosén Cinto Verdaguer.

Con los estudiantes de IES Sierra de la Virgen, en Illueca, nos extendimos en consideraciones con respecto al amor. Quedó claro que no decimos gran cosa con "poesía de amor". ¿Lo son "Romance del río Duero", "Vino primero pura...", "Yo voy soñando caminos..", etc?

En el IES Blas de Otero, el tono fue ya de recital, no de charla ilustrada, pues la actuación era en el teatro. Se lucían más los números tipo "La mano" de Gómez de la Serna. Varios se apuntaron la referencia para buscar la película en youtube.

El Blas de Otero está en el barrio madrileño de Aluche, muy cerca de la estatua que representa a una joven con libro entre manos, personaje anónimo que sirve para recordar a "todos los asesinados por el fascismo" y en especial a Yolanda González, estudiante de 19 años secuestrada en el barrio y asesinada en 1980.

                                       

Parecerá una tontería, pero los muchachos se entusiasman con el relato de los recitadores que no entendían el verso libre, o con el cuento del romance y su eterno retorno.

Alguna vez -con 2º de Bachillerato- se celebra la premonición machadiana, en "El mañana efímero", de una nueva España, cual sería un periódico fundado en 1915: España. Fue un semanario que reunió muchas voces, epicentro de la llamada generación de 1914. Ortega y Gasset lo presentaba así:


Nacido del enojo y la esperanza, pareja española, sale al mundo este semanario España.

Los que hemos de escribir en sus columnas -gente ni del todo moza ni del todo vieja- asistimos desde 1898 al desenvolvimiento de la vida española. Durante esos diecisiete años de experiencia nacional, raro fue el día en que la realidad pública nos trajo otra cosa que impresiones ingratas. Cuanto más patriotas éramos, mayor enojo sentíamos.

Conforme el tiempo corría nos íbamos convenciendo de que no era ese estado de ánimo una viciosidad de nuestro temperamento, algo así como una acedía de “intelectuales”, sino que por el contrario teníamos el honor de coincidir en él con el más humilde de nuestros labriegos y el más sencillo de nuestros artesanos.

Y esta experiencia de que existe una vasta comunidad de gentes gravemente enojadas -toda una España nueva que siente encono contra otra España fermentada, podrida- ha hecho surgir en nosotros la esperanza.

Creemos en efecto que ha empezado para nuestro país una buena época. ¿No es esto demasiado optimismo?, se nos dirá. No; porque hay en la historia dos clases de buenas épocas. Es una la de aquellos tiempos brillantes y magníficos en que las virtudes de una raza dan sus mejores frutos; son las épocas de plenitud y de gloria. Pero hay otras épocas sin plenitud y sin gloria, menos aún, llenas de agonía y miserias que, no obstante, pueden ser fecundas y saludables. Son aquellas en que el pueblo no padece ilusiones ni vive alucinado creyendo que posee buenos políticos y buenos generales, buenos hacendistas y buenos oradores, buenos poetas y buenas tierras ubérrimas, buenos maestros y buena industria cuando nada de eso tiene. Pues bien, media España, por lo menos, ha entrado ya en una de estas edades, exentes de gloria pero transidas de sinceridad.

¿Es ello una frase nada más? Tú, lector, que tal vez vives en el fondo de una provincia, ocupado en la modestia de tus afanes aldeanos, recapacita con la mano puesta sobre el corazón y pregúntate qué institución vigente de la vida española te merece confianza y te impone respeto. ¿No es cierto que del Parlamento a la Universidad, pasando por las Academias, del Ministerio de la Guerra a los cuerpos judiciales, pasando por las oficinas de Hacienda, nada despierta en ti fe?

El desprestigio radical de todos los aparatos de la vida pública es el hecho soberano, el hecho máximo que envuelve nuestra existencia cotidiana. Todos sentimos que esa España oficial dentro de la cual o bajo la cual vivimos, no es la España nuestra, sino una España de alucinación y de inepcia.

Pero no se ha fundado ESPAÑA con el fin de decir sólo esto, que es una negación. La negación solo es útil y noble y piadosa cuando sirve de tránsito a una nueva afirmación. Si nuestro pueblo ha perdido la fe en todos sus institutos oficiales, hace falta que la cobre en sí mismo. Es preciso reorganizar la esperanza española. Mientras no entren en erupción pasional e intelectual los últimos rincones peninsulares, mientras cada español no posea la voluntad y la orgullosa dignidad de sí mismo, mientras no logre hacer que se respeten sus deseos y sus empeños particulares, mientras la palabra “ministro” signifique otra cosa que servidor y la palabra “diputado” otra cosa que mandadero -que es su estricto sentido- no podrá comenzar la restauración de nuestra raza.

Es un crimen de lesa patria dejar que la Nación prosiga en su actitud servil ante un Estado cuyas instituciones han perdido sus prestigios. De aquí nace esa horrible desgana, esa mortal sospecha, en que vivimos los españoles, de ser inútil intentar cosa alguna. Un pueblo convencido de la ineficacia de todo esfuerzo va recto hacia la muerte. El imperialismo más desmoralizador es el imperialismo de los diputados sin prestigio, de los ministros sin autoridad, de los funcionarios burlescos o rapaces. (...)


El poema de Antonio Machado terminaba así:

Mas otra España nace, 
la España del cincel y de la maza, 
con esa eterna juventud que se hace 
del pasado macizo de la raza. 
Una España implacable y redentora, 
España que alborea 
con un hacha en la mano vengadora, 
España de la rabia y de la idea. 

En otras actuaciones, en Pamplona con la campaña de Fira, hemos estado con Variedades poéticas. Carina Resnisky nos acompañó, y en los colegios se oyeron los versos de Dulce Mª Loinaz y se vieron kamishibai. Seguimos.

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