6 de mayo de 2011

Ángel Guinda: poeta torero

Cuadernillo publicado por el Gobierno de Aragón con motivo de la concesión a Guinda del Premio de las Letra Aragonesas 2010. Foto Columna Villarroya

Guinda es poeta torero y gusta de bajar al ruedo; un poeta que vive en "el mundo", donde tiene "su mundo".  O, como decía Yupanki: "que lo primero es ser hombre / y lo segundo, poeta". Parece retórica vieja, qué le vamos a hacer, pero hoy aplaudimos al poeta capaz de mirar también hacia afuera y dedicar unas palabras a ese mundo exterior tan prosaico e imperfecto.
Guinda escribió el pregón de la Feria del Libro de Tauste, que puede leerse entero en el blog de la Casa de Cultura , y lo empezó con estas palabras:

Las personas en paro llevan colgado, a manera de S.O.S. reivindicativo, un cartel que pocos vemos. Dice: “El trabajo nos descansa”. Efectivamente: el trabajo, cuando se tiene, nos descansa de la más agotadora preocupación: la angustia.

A mí me gustaría, como a todos vosotros, que los miles de libros que se muestran en esta Feria escoltasen entre sus páginas una hoja que hoy por hoy, y para tantos lectores, es un gran sueño; que escoltasen la sorpresa de un contrato de trabajo: sueño capaz de hacer realidad tantos otros sueños.

Hace unos meses, Antón Castro, en una de las varias semblanzas que ha dedicado a Guinda, evocaba  años de incertidumbres y desencantos:

30 AÑOS CON ÁNGEL GUINDA

  Antón Castro

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Hace más de treinta años, en Zaragoza, había un poeta con leyenda, un poeta desconcertante, visionario, maldito, que departía con sus jóvenes discípulos en el bar Balmoral, que comía en el restaurante Benjamín y que tenía un gato llamado Baudelaire. Ángel Guinda vestía de negro y ya entendía la poesía como una prolongación de la vida, como una morada y como un instrumento útil para transformar el mundo. El rapsoda Luis Felipe Alegre, de El Silbo Vulnerado, aparecía de cuando en cuando por El Ángel Azul con un nuevo manuscrito de Guinda en los bolsillos. Entonces, más que un poeta grave y vitalista a la vez, irónico y lírico, Guinda era un poeta transgresor, casi un pícaro que se asoma al mundo con escepticismo y un fogonazo de sátira. Poco después, El Silbo estrenaría un espectáculo como ‘Más margen, malditos’, con textos de Leopoldo María Panero, Ramón Irigoyen y ‘El almendro amargo’ de Guinda. Aquel espectáculo fue una conmoción. Casi a la par Ángel Guinda sería juzgado por blasfemia, por escribir uno de sus versos de descreído en las paredes del café de la Infanta. Más tarde, como si necesitase refugio de sí mismo, de la ciudad y de las torvas maneras de algunos de entender la libertad de expresión, Ángel Guinda se fue a Madrid: para seguir viviendo, escribiendo y amando con nuevo frenesí. Ha escrito con conciencia e iluminación, con respeto a la tradición y con la mirada puesta en los nuevos caminos. Ha escrito con lucidez y con humor, con chispa y sentido del juego, y con ese sentido dramático que procede de la infancia y de su orfandad mitológica: cuando él nació falleció su madre. Ángel Guinda encarna, entre nosotros, una cierta idea de poeta popular, es entrañable, próximo, apasionado: para él la poesía es el aire. El aire, la luz, el sueño, la crítica y las cosas de cada día.

*Ángel Guinda acaba de recibir el Premio de las Letras Aragonesas de 2010. Este artículo apareció ayer en 'Heraldo de Aragón'. Creo que esta foto es de Columna Villarroya.


También Antón, como Ángel, es de los que bajan al ruedo cuando se le requiere. Hoy, viendo estas fotos tomadas por Raquel Arellano, nos viene un aire como de dulzura. Era 1999 y comenzábamos el programa Sal a Remolinos.
Antón en Remolinos. Foto Raquel Arellano
Guinda en Remolinos. Foto Raquel Arellano















Aquí no solemos hacernos eco de premios y concursos. Guinda no los necesita para ser y estar entre nosotros. No obstante, cuando Acín y Vilas requirieron a Luis Felipe unas líneas sobre los años ander de Ángel, como complemento biográfico del Premio de las Letras Aragonesas 2010, las líneas salieron solas:


Malditismo y subversión

Por Luis Felipe Alegre
Tras la muerte de Franco[1], la consigna “por la libertad” se transforma en “por las libertades”. Guinda, sin dejar su compromiso con las causas  partidistas[2] y las comunes[3], reivindica sus libertades personales[4] en versos que ganaban a muchos jóvenes para la causa de la poesía.  Partidario de imprimir en el aire[5], recita sus versos en pueblos y barrios urbanos, él solo o acompañando las acciones de músicos,  actores y artistas plásticos[6].
Justo cuando los díscolos dejan de ser juzgados por subversivos, el poeta y sus seguidores difunden el manifiesto Poesía y subversión[7], aviso de la poesía por venir. Sus poemas se van haciendo canciones[8] y grafitti[9]; el climax llega con Vida ávida[10]. Un canto contra lo establecido por la sociedad y el poder, y en defensa del propio cuerpo al grito de “Solo si he de gozar quiero vivir”.
Una historia de parques, carreteras y bares protagonizada por un maño beat. Época que culmina a fines de los Ochenta con su poema dramático El almendro amargo[11] y su traslado a Madrid, donde utopía y desencanto quedan como poso para su poesía, ya reflexiva, posterior.



[1] 1975
[2] Militaba en el Partido Comunista
[3] Planteadas por “juntas”, “plataformas” y “convenciones” de partidos coaligados parta matizar la futura democracia.
[4] Libertad de expresión sin correcciones; libertad de usar el cuerpo como uno lo crea conveniente.
[5] Blas de Otero:  La poesía señores / no sólo está en los libros imprimamos / en el aire /el aire es el papel más transparente.
[6] Pintores zaragozanos que se agrupaban para realizar murales y acciones cívicas, como el Colectivo de Artistas Plásticos.
[7] De los postulados de Guinda se hacían eco revistas ander como Narra y Cristal.
[8] Tomás Bosque sería el primero en cantar sus versos, seguiría Rosa León y otros.
[9] En su último viaje lisérgico pintó un desafortunado verso que lo llevó ante el juez.
[10] Olifante, 1981
[11] Colección El rayo que no cesa, Buenos Aires, 1989. El almendro amargo formó parte de un espectáculo de el Silbo Vulnerado: Más margen, malditos! –Tres poetas de hoy: Ángel Guinda, Ramón Irigoyen y Leopoldo Mª Panero-, representado entre 1987 y 1989 en España, Argentina y Bolivia.


 En este vídeo del Centro del Libro de Aragón, hay un recorrido por el archivo fotográfico de Guinda:






 Para quien quiera saber y leer del poeta:
Vida y milagros de Ángel Guinda, en su blog
En Olifante, sus libros
Panda de Tolos: vídeos de Guinda

 

1 comentario:

Angel Guinda dijo...

¡Qué nostalgia verme tan joven junto a un jovencísimo Antón querido!