5 de marzo de 2010

Peñalver 51. Poesía de Nancy Morejón

Aparece un nuevo libro de la escritora cubana Nancy Morejón. Ha sido editado en la colección El sinsonte en el patio vecino, de la Fundación Sinsonte de Zamora.
Nancy Morejón es bien conocida por los aficionados a la poesía. Ha sido Premio Nacional de Literatura y es miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. De su poesía, traducida a más de diez idiomas, se han ocupado escritores y críticos como Mario Benedetti y Alfredo Pérez Alencart.
De Peñalver 51 tomamos el siguiente poema.

EN LAS MAREAS
NOTICIAS YAHOO: ÚLTIMA HORA
16:24:35
Al menos 12 inmigrantes ilegales
mueren ahogados frente a Túnez
En las mareas del ciberespacio
ya están bogando los cuerpos fríos
de estos doce inmigrantes
con una pértiga insalubre entre sus dedos rígidos,
en la luz casi mediterránea de las mareas
no virtuales sino despiertas en su sal de madréporas
en donde varias piernas se están balanceando
como moluscos extraviados entre las piernas
no virtuales que son como estatuas
sobre una gigante llanta negra,
o una recámara gastada
de landrover.
Los cabellos
mojados como sus espaldas sin vida también
como la espuma y la sal de las madréporas.

Yacen los nombres de los inmigrantes,
sepultados en la baja pleamar de letras,
de las familias de letras
en un suspiro de linotipos viejos,
entrecortados por cuerdas herrumbrosas
que ha dejado un crucero, alto y resplandeciente,
blanco como la espuma,
con rumbo hacia el Peloponeso.

Son tristes ahogados.
Son inmigrantes ciertos
con pase para abordar seguros
algún velero incierto que ronda las mareas
buscando su tripulación fotos digitales
para exhibirse, de modo triunfal,
ya de regreso a casa.

Un ahogado
no es otra cosa
que un trashumante
sin destino.
Un buscavidas con trágico final,
meciéndose
entre las olas silenciosas,
las mismas olas que escoltaron al joven Odiseo,
deseoso de volver a Ítaca.

Un ahogado
no es otra cosa
que una barca
sin rumbo.

Un inmigrante es un ahogado involuntario
sin funeral y sin flores
nadando a brazo partido
en los despachos cablegráficos del mundo virtual.

Sólo los cables y el ciberespacio
nombrarán sus cuerpos ya sin vida
sumergidos en una catedral de indiferencia,
sobre las mareas agitadas o bajas,
con una cifra,
lanzada a los espejos,
muy por debajo de nuestras esperanzas.

Así ocurría la leyenda,
suave y dulce,
como la seda de Bagdad
volando hacia un rincón de Córdoba,
hacia una torre de Almería.

Es tan normal, tan aceptada,
la noticia de las pateras
zozobrando vacías
hartas de calaveras infladas de musgo,
en medio de un mar sin gestos,
sin ruidos, con la bandera de los cementerios
anclada en el corazón de los pescadores
que los encuentran por casualidad.

Pasa un velero
sin escuchar el vértigo de los ahogados
frente a Túnez.
Como es Túnez
y como se trata de ahogados africanos
su trágico destino es solo el nombre
de una tragedia cotidiana
en medio del Estrecho de Gibraltar.

No hay demandas. No hay protestas.
No hay condena. No hay interpretación de los hechos.
No hay denuncia. No hay nada.
Sólo noticias.
Sólo ahogados en las pateras
ya sin suspiro alguno.

Si todo ese horror se hubiera desatado
frente a la bahía de La Habana
los titulares habrían resaltado
el carácter heroico de los ahogados
y su derecho inalienable
a huir del infierno castrista
para acogerse a la libertad
del sueño americano.
No habría bastado con circular el número 12
cuya sombra sepulta la vida y la obra
de doce inmigrantes ilegales.
No habría bastado enumerarlos como a reses
también ahogadas en un maremoto escapado
a las predicciones del tiempo en la televisión;
o encontrar su verdadero origen, es decir,
el territorio de su infancia
allá en la anónima Kasbah de Argel, la blanca,
o sobre las arenas del más largo desierto abismal.
No.
No basta su palpable ahogo entre las aguas.
No importa que haya sido así.

Mientras, la ciudad de Ginebra
duerme su sueño acostumbrado,
su sueño tranquilo y antropófago
nada virtual.
En ese sueño, la justicia
introduce su cuello de avestruz
en el fondo de las arenas calcinantes.
Y allá, frente a las costas de Túnez,
nada ha pasado.
¿Qué puede haber pasado?
¿Qué va a pasar?


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