13 de marzo de 2010

Paréntesis de Serrat

La operación y convalecencia de Joan Manuel Serrat obligará a retrasar su gira dedicada a Miguel Hernández. Deseamos que se trate de un breve paréntesis entre la reciente aparición de su disco Hijo de la luz y de la sombra y las actuaciones previstas.
Desde nuestra humilde trinchera, alejada del show business, no queremos ignorar la importancia que tiene Serrat en la difusión de la poesía. Su grandeza se mide no solo por la inspiración de sus musicaciones, sino también por la incorporación a su repertorio de las obras realizadas genialmente por otros colegas. Es el caso de “Se equivocó la paloma”, de Rafael Alberti, por Carlos Guastavino, o de “Nanas de la cebolla”, de Miguel Hernández, por Alberto Cortez. Dos compositores de Argentina, como si se tratase una letra de cambio  con la que quisiera pagar ¡tantas deudas con ese país!
“…entre octavillas clandestinas y apuntes de Genética Aplicada, también iban de mano en mano los maravillosos libros que desde Argentina nos hacía llegar la Editorial Austral –bendita sea– y que nos devolvían a aquellos que fueron condenados al ostracismo, con toda su voz y todo su acento. Aquellos libros eran ventanas abiertas por las que entraba un aire nuevo que ventilaba el tenebroso tiempo de la dictadura…”
      Hemos señalado el trabajo de “difusión” poética de Serrat, pero deberíamos añadir que ha engendrado en muchos de sus oyentes la afición a la poesía. Recordemos algunos de los poetas que figuran en su repertorio: Salvat-Papasseit, Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, León Felipe, Luis Cernuda, Ernesto Cardenal, Goytisolo, J. V: Foix, Josep Carner, etc.
      Vamos a cerrar estas deslavazadas líneas de tributo al cantor, con un poema de José Agustín Goytisolo que Serrat canta en el disco titulado 1978. 
Historia conocida
José Agustín Goytisolo
Es una historia conocida, amigos,
todos la recordamos,
–viento del pueblo se perdió en el pueblo–
pero no ha terminado. 
Hace tiempo hubo un hombre entre nosotros,
alegre, iluminado,
que amó y vivió, cantaba hasta en la muerte,
libre como los pájaros. 
¡Qué bonito sería! Nace, escribe,
muere desamparado.
Se estudian sus poemas, se le cita,
y a otra cosa, muchachos. 
Pero su nombre continúa, sigue,
como nosotros, esperando
el día en que este asunto, y otros muchos,
se den por terminado. 
¡Qué bonito sería! Nace, escribe,
muere desamparado. 
*
Fotografía: Serrat  en Puerto Rico, 2006

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