1 de abril de 2011

Cosas de poca importancia

Al Jefe del Gabinete de Presidencia de la Diputación Provincial de Zaragoza
Señor:
Unos meses  antes de comenzar 2010, año en que se conmemoraba el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, le solicité una entrevista para hablar del particular.
No me ha recibido.
A las pocas semanas de mi petición, nos vimos en el entierro de un amigo común y, en la cafetería del Complejo Funerario, me dijo usted que iba a llamarme para hablar del tema. Digo esto para que no haya dudas de que usted estaba al corriente de mi demanda: hablar del aniversario de Miguel Hernández.
¿Y qué quería yo exponerle? Muy sencillo. Soy el responsable de El Silbo Vulnerado, grupo especializado en espectáculos poéticos, y  que es sociedad limitada radicada en Zaragoza con proyección fuera de la ciudad. Dado que nuestro nombre rinde homenaje a Miguel Hernández, por ser el título de un soneto y un libro suyo, y lo venimos difundiendo desde hace casi 40 años, pretendíamos plantear algún tipo de colaboración para llevar los versos del poeta a pueblos de nuestra Provincia.
Podrá usted decir que para eso ya están las campañas que organizan. Pues podía habérmelo dicho, y yo le hubiera contado de las dificultades que tenemos en conseguir actuar entre las muchas variedades que se ofrecen a los pueblos dentro del cajón de sastre que llaman “cultura”.
En resumen, que yo quería tener acceso a la sociedad campesina de mi Provincia con nuestro espectáculo Rayo, viento y ausencia de Miguel Hernández. Había más ideas para hablar, pero no quiero explayarme y hacer mala sangre.
Usted podía haberme recibido y haberme dicho que llegaba tarde, que ya habían hablado con Serrat y que ya tenían un equipo de campanillas para montar una exposición conmemorativa. Yo hubiera, igualmente, insistido en la cortedad de mis inquietudes económicas, en el ámbito rural de mi propuesta y en la complementariedad de ambas iniciativas. Pero, ciertamente, hubiera entendido que ante lo extraordinario de su proyecto, mi intención de acceder a público campesino quedaba obsoleta . O ¿acaso todavía no sabían que lo iban a hacer? ¿O estaban planificándolo para la temporada electoral?
Usted no me ha recibido y ha hecho mal.  No se me oculta que detrás de su aparataje hay gente que no nos quiere, pero a usted creo que no le hemos hecho nada y me da pena. También sé que con esta carta no haré amigos y conozco los adjetivos que me pueden caer. Pero, en mi dignidad como ciudadano, me considero insultado y por eso, con estas líneas, censuro su desprecio.

¿O qué? Collage fotográfico.

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