22 de mayo de 2010

Miguel Hernández recordado por Raúl González Tuñón


Hace unas semanas hablábamos en Cienfuegos con Jesucristo Riquelme y con Miguel Cañellas de la importancia que el poeta argentino Raúl González Tuñón pudiera haber tenido en el viraje estético y temático de Miguel Hernández.
Ahora, en Buenos Aires, ponemos el tema sobre la mesa de Jorge Fondebrider. Y el erudito alarga su mano hacia un estante de su biblioteca y nos pone en las manos las Conversaciones con Raúl González Tuñón, donde Tuñón, en los meses inmediatos a su muerte en 1974, relata sus recuerdos a Horacio Salas.
Dado que el libro lleva años agotado, queremos compartir aquí los párrafos donde Tuñón recuerda a Miguel Hernández.

(…) Esa misma mañana nos comunicamos telefónicamente con Federico García Lorca y Neruda, éste era cónsul en Madrid en aquel momento. A los dos los habíamos conocido el año anterior en Buenos Aires y García Lorca nos llevó a un almuerzo en honor de Vicente Aleixandre, festejando la publicación de La destrucción o el amor. Se hallaban en ese día inolvidable, además de los nombrados, Enrique Diez Canedo, Manolo Altolaguirre, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo y Juan Panero y otros. Cuando ya estaba por comenzar el almuerzo llegó Miguel Hernández, con su traje de pana y su cara bronceada. “De patata recién sacada de la tierra” como decía Neruda. Después con Miguel Hernández habríamos de establecer una gran amistad y una total coincidencia.

(...)

Mirá, por ese tiempo Neruda dirigía la revista Caballo verde, con resabios surrealistas. Aunque no era lo que se puede decir un artepurista, estaba entonces al margen de toda idea de poesía comprometida como se dice ahora, aunque siempre la hubo. Miguel Hernández, que había sido estimulado por él y por Aleixandre a su llegada de Orihuela, y también por el grupo de católicos de izquierda de la revista Cruz y Raya encabezado por José Bergamín, ya había hecho conocer los poemas de El rayo que no cesa. Continuaba la línea de una retórica muy brillante. (“Extraordinario muchacho de Orihuela”, como lo había designado Juan Ramón Jiménez), pero trabajaba dentro de formas tradicionales hispánicas. El me oyó discutir alguna vez con Neruda. Yo estaba muy dolido por el drama de la cuenca minera, ecos trágicos de la tremenda represión llegaban todavía en forma casi diaria a Madrid y, por boca de la Pasionaria, yo conocía muchos detalles de esa represión y del levantamiento de pocos meses antes. Yo reiteraba aquellas palabras de Jacques Roumains, el gran poeta haitiano a quien luego conocería en París y que es autor de la novela para mí más bella y conmovedora de América Latina, de nuestras Américas: Los gobernantes del rocío. La frase es de su ensayo La poesía como arma y expresa: “Hay momentos en la historia del mundo en que la poesía deviene un arma, puede y debe convertirse en un arma.”

Miguel me citó un día a una tabernita cercana a Correos. Tenía los ojos llenos de preguntas. Yo insistía en la posibilidad de una eventual interpretación poética en determinados hechos sociales, y le insistía en que el caso es buscar la forma que corresponda mejor al contenido y hacerlo con la mayor dignidad y autenticidad posible. No sé si aquel día Miguel quedó convencido, aunque más tarde tuve motivos para pensar que sí.

(…)

(A mediados de junio, RGT viaja a París como invitado al Congreso para la Defensa de la Cultura. El siguiente párrafo se refiere a su regreso a Madrid)

En Madrid nos esperaban nuevas emociones. León Felipe obtuvo el local del prestigioso Ateneo para que yo leyera algunos de mis poemas dedicados a la insurrección minera asturiana. Eran los días del bienio negro, como se llamó al gobierno reaccionario del ultramontano Gil Robles; sin embargo el acto se hizo. Allí estaba la mayoría de los amigos de la peña de Correos. Estaban Miguelito Hernández, Neruda. Y (es) uno de los recuerdos más conmovedores, fascinantes de mi vida, junto a otros dos relacionados con Picasso y Bertolt Brecht,

(…)

Otro de los recuerdos inolvidables que guardo de esos días es que a finales de noviembre Federico organizó un banquete en mi honor, en la tasca de siempre, en la calle de la Luna. Allí estaban todos los amigos de la Cervecería de Correos. Fue cuando Miguel Hernández, al final, pasó por debajo de la mesa un papel a Gerardo Diego, con el poema dedicado a mí, totalmente distinto en cuanto a temática, lejos ya del tono elegíaco. Y sorprendió muchísimo a todos. Diego lo leyó subido a una silla. Posteriormente, ese proceso culminaría nada menos que con Viento del Pueblo.

(…)

A poco de llegar a Madrid en 1937, me hallaba en un café con el joven poeta yugoeslavo Milan Jeranci, de las Brigadas Internacionales, y veo de pronto aparecer a Miguel Hernández, del cual yo ya sabía que era comisario político de una brigada. Llegó con su uniforme y los dos nos alegramos inmensamente por el reencuentro y enseguida Miguel sacó unas cuantas hojas de papel de su chaqueta y empezó a leerme sus últimos poemas que luego integrarían Viento del pueblo. ¡Estupendos poemas! Luego, como ya te conté, estuvimos juntos en la inauguración del congreso de Valencia, juntos otra vez en Madrid y juntos nuevamente en Barcelona.

(…)

Pero te sigo: el día de la despedida de Barcelona, con el acto en aquel gran salón de un restaurante típico, pregunté por sus poemas al querido Miguelito y él me dijo que había escrito muchos más y había dado recitales en el frente. Conservo una fotografía donde aparece en uno de ellos, ante soldados atentos y graves. Por la tarde lo acompañé hasta la estación de ferrocarril. Entonces su brigada estaba en el frente de Córdoba y él volvía a reintegrarse. Lo acompañaba Milan Jeranci. La última imagen que conservo es ésta: el tren arranca lentamente. Ellos van en el último vagón: “¡Adiós Raúl!” grita Miguel agitando su gorra miliciana. “¡Adiós!” grita Milan Jeranci agitando una cuchara de palo. “¡Adiós, adiós!” grito yo. Ellos ya no pueden oírme; el tren está lejos.


Raúl González Tuñón


1 comentario:

Carmela dijo...

Qué recuerdos movilizantes los de Tuñón!
"Vientos del pueblo"!!!
Este poema es uno de los más comprometidos .
Lo encontré en la biblioteca de mi padre mucho tiempo después de su muerte.Lo veneraba.

Miguel sigue vigente a través de los años .Trasciende tiempos y fronteras.
Rueda de una manera imprescindible de generación en generación.
Es nuestro faro inextinguible.
Hermoso post!