31 de enero de 2011

Arturo Ansón: certeza y vehemencia

Piedad atribuida por A. Ansón a Goya

El Dr. Arturo Ansón Navarro atribuye a Goya un cuadro que se creía de Bayeu y durante  días, Ansón, Goya y Bayeu, son celebrados en conversaciones, blog y prensa de red y papel (Universal de Caracas, La Jornada de México, El Espectador de Bogotá, La Nación de Buenos Aires...)

El doctor y miembro de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, publicó su estudio en el número 9 de Ars -magazine de arte y coleccionismo.


Páginas del estudio publicado por Ars

Ansón no es la primera vez que pone luz en la autoría de una pintura, aunque sin tanto revuelo. Así, estudiando la impresionante colección pictórica de Lastanosa, atribuyó a Pedro Aibar Jiménez, pintor zaragozano del siglo XVII,  la pintura Glorificación de los santos Orencio y Paciencia del retablo de la capilla de Lastanosa.

"En el apasionado mundo de las atribuciones de los grandes maestros, por el que se camina con pies de plomo y en el que el prestigio académico es la moneda de apuesta, Goya es un género en sí mismo", comentaba Ángeles García en El País. Ante tal riesgo, no hay más que aplaudir a Ansón por sus certezas y la vehemencia con que las defiende.

     Foto de Ansón, en Ars
Porque este hombre que vemos en la foto, cuando estudiaba en el Instituto Goya ya era tenaz para determinar las certezas y, además, defenderlas. 
Nos conocimos en la primavera de 1971, en una biblioteca que había en la calle Eduardo S. Hernaz (entonces Padre Polanco), que vendría a ser la biblioteca del zaragozano barrio de San José. Esa biblioteca era milagrosa y tenía muchos libros de poesía prohibidos, o "no circulantes", como Viento del pueblo, de Miguel Hernández, Poeta en la calle, de Alberti, o Canto General, de Neruda. Aquel día yo estaba con el primero de los citados, aprendiéndome "Sentado sobre los muertos". Arturo tenía a su lado una pila de libros, pero lo que tenía entre manos era la carátula de un disco LP y un diccionario de inglés que miraba con frecuencia. Él, curioso como buen investigador, inició la conversación para averiguar el motivo de mi extraña musitación. Aclarados mis intereses literarios, me informó de los suyos: amante de la música folk, había comprado Me voy en un reactor de Peter, Paul & Mary, pero le parecían extraños los títulos de las canciones y los estaba traduciendo él por su cuenta.
 

Peter, Paul & Mary en el 68: Leaving on a jet plane

Nuestra primera salida al escenario la hicimos juntos en septiembre de aquel año, en un  festival juvenil interminable que hicimos en el Baltasar Gracián. Había dos oradores, Alberto Mur, presidente de Ideas, que nos presentaba, y Henri Bourrut, presidente de los Jóvenes Amigos de los Animales, que hablaba de la contaminación atmosférica. Y éramos tres "artistas": Arturo cantaba folk español y norteamericano, Luis Colomer interpretaba al piano a Bach y Beethoven, y yo recitaba a Machado. Compartíamos el escenario con un buitre, tipo alimoche, un buho y una serpiente bastante más grande que la culebra de agua. Todos ellos vivos, mostrándose como representantes de la fauna a conservar. Creo que fue Colomer quien mejor quedó. Mejor dicho, sin duda que Colomer quedó muy bien. También es cierto que entre las rapaces y él mediaba un piano de cola, mientras que Arturo solo tenía la guitarra por medio. 
Al mes siguiente, comenzamos los recitales de poesía en el auditorio de Radio Juventud de Zaragoza y se repitió el elenco con algunos cambios: Arturo hablaría de la música folk en general y cantaría varios ejemplos; Colomer tocaría obras de Cabezón, organista del siglo XVI, y el Let It Be; yo hablaría de la poesía cantada. Esta vez quedamos todos mejor. Arturo fue muy elocuente en sus certezas:  tenía la mejor fuente posible porque se carteaba con Joaquín Díaz. 
Recordemos que esos años se polemizaba con la "pureza" del folk y, desde que Pete Seeger le estampó la guitarra eléctrica a Dylan, los aficionados zaragozanos estaban divididos y en algún festival se había llegado a las manos. Se atacaba a Peter, Paul & Mary por comercializar la música folk, y Arturo los defendía siempre con vehemencia. Cómo no defender la belleza, cómo no rendirse a la rotundidad expresiva de Mary Travers, al sobrio y sutil oleaje del trío! Además, como decía Antonio Machado por boca de Mairena: "A la ética por la estética"

 
 Peter, Paul & Mary, 1971: Marcha por la Paz

[En el primer vídeo que acompaña a estas líneas veíamos que en el plató de la televisión australiana faltaba, al menos, un micro para la guitarra de Paul Stookey -los bajos que se oyen son de un contrabajo que no sale en pantalla. En el segundo, colofón de la marcha a Washington contra la guerra de Vietnam, no se oyen entre ellos. La primera canción que cantan, "Blowing in the Wind" ("La respuesta está en el viento") de Dylan, luchan, precisamente con el viento y con el rebote del sonido que les obliga a defender la canción a guitarrazos. Igual en la segunda, "Give Peace A Chance" ("Denle a la paz su oportunidad") de Lennon y Ono, aunque con la entrada de John Denver se decanta la interpretación hacia el himno tribal, renunciando Peter Yarrrow a seguir tocando para enarbolar la guitarra y afianzar el coro. ¿Debían degradarse actuando sin condiciones, sacrificando lo artístico? Sin duda un problema de ética y estética con el que no se puede generalizar, porque hay tanto artista intentando hacerse ver subido en una barricada que...]

Seguimos en Radio Juventud un año entero, aunque ya centrados solo en la poesía, cantándola o recitándola con música. Con Arturo tocarían Carlos Estepa, Cerezal y Francisco Gil. Inevitable y candorosamente, la música que acompañaba los versos de  Blas de Otero sonaba, con frecuencia, a "La casa del sol naciente".
Arturo, Francisco Gil y yo frecuentábamos el Colegio Mayor Cerbuna, donde se presentaban las novedades y donde oímos por vez primera al Cuarteto Cedrón (con  Cedrón, Praino, Strocio y Sarraute) que venía con Xavier Ribalta. Por allí estaban Plácido Serrano, José Antonio Labordeta, Carreras y Fernández Clemente, a los que mirábamos con distancia y respeto. El Cuarteto Cedrón nos descubrió la existencia de dos poetas argentinos que nos impresionaron: Raúl González Tuñón y Juan Gelman. También cantaron unos poemas precolombinos, que fue lo que más le gustó a Arturo.

Pero Ansón no era de los que se conforman con un aprobado y cuando entró en la facultad se dedicó de pleno a su carrera. El 26 de agosto de 1972 hizo su última aparición en las tablas acompañando poesías de Lorca, Aleixandre, Miguel Hernández, Celaya, Blas de Otero, Nicolás Guillén y Manuel Pacheco. 

En fin, la canción popular perdió una voz hermosa pero hoy tenemos otro "Goya".


 Luis Felipe Alegre


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