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19 de abril de 2023

Cinco décadas

 Me pide mi socio Manolo que redacte un historial resumido de mis 50 años en El silbo vulnerado. No sé para qué caramba lo necesita, pero me insiste que el escrito se centre en mí y no hable de nadie más. Cosa imposible. Se aprende de otros y se crece con otros. Nadie es absolutamente autodidacta.

Hacer números es fácil, pero ¿cómo resumir 70 montajes con obras de 80 autores pasadas a la escena, 4.000 funciones en 20 países y 250 artistas y técnicos con los que has trabajado a los largo de cinco décadas?

Con todo, le prometo citar al mínimo posible de amigos, maestros, colegas, familias, y demás hacedores de esta fantasía que es El silbo vulnerado.

Los setenta

En 1971 comencé a dar recitales de poesía con músicos. Luego se incorporaron compañeros de la escuela de teatro y en 1973 pusimos “El silbo vulnerado” como nombre del grupo. Al año siguiente me profesionalicé como “rapsoda”, siendo este oficio especializado el que ha primado en mi actividad teatral.

¿Cincuenta años? Sí, pero más o menos, porque no me atrevería a poner una fecha fundacional. En cualquier caso, como seguimos trabajando, me es un poco indiferente. El día a día no nos invita a pararnos para celebrar cumpleaños.

La década inicial de El silbo fue procelosa, pero la juventud podía con todo.  Estudiábamos y trabajábamos para sacar adelante un grupo (ahora sería un “proyecto”) que nos permitiera compartir con la gente nuestras pasiones, o sea la poesía y la música. Tiempos de colegios mayores, actos cívicos y homenajes a Federico, a Don Antonio, a Miguel… Una vez, en comisaría, me dijeron que había llamado “cabrón” a Franco. En mi afán didáctico de ilustrar a todo quisque, les aclaré que dije “sapo iscariote y ladrón” y que León Felipe nunca llamó “cabrón” a Franco (como sí hicieron otros autores).

Me consideraba un estudioso de la expresividad de los intérpretes  y llené cuadernos con los desarrollos gestuales de muchos artistas. Buscaba correlaciones entre las funciones del lenguaje oral y el lenguaje gestual.

Los ochenta

En 1982, con Goyo y Carmen, incorporé a Héctor Grillo como director de escena, con quien trabajaríamos periódicamente muchos años. Con él nos instalamos en Andalucía desde donde irradiamos propuestas de géneros mestizos, ora sobre Quevedo, ora sobre poesía hebrea medieval, etc. Pasamos una larga temporada en Madrid, fundamentalmente para asistir a las tertulias semanales del Manuela, el café de Malasaña donde oficiaba Agustín García Calvo. En 1985, tras recorrer –con la sátira erótica del XVIII- los cafés teatro españoles, y con Quevedo diversos festivales, como el de teatro clásico de Almagro, volví a Zaragoza para organizar la campaña provincial de teatro, de donde nacería la feria de teatro –pionera en el país. Fui a Argentina para conocer los movimientos artísticos que renacían tras la dictadura. De vuelta, comencé a promover en Zaragoza iniciativas surgidas tras lo visto por allí.  La década terminó con varios montajes que fueron sonados, y con giras por Guinea Ecuatorial, Francia, Argentina y Bolivia.  

En esos primeros veinte años no solicitamos ninguna subvención, porque en el fondo sabíamos que nadie daba un duro por la pervivencia de un grupillo que juntaba pasado y presente en sus aventuras juglarescas.

Los noventa

Pero los años noventa tuvimos apoyos institucionales (la trayectoria ya era incuestionable) y pudimos trabajar en España con artistas lejanos, editar, grabar, y hacer espectáculos con formato grande. Lo que ahora se llama “colaborativo” lo practicamos a nuestra manera, con resultados –con frecuencia- sorprendentes. Hicimos coproducciones con colegas franceses, castellanos, cubanos y argentinos. Yo compaginaba las tareas en el grupo con la reinvención de un bululú moderno, que me sigue permitiendo colarme en espacios alternativos a los oficiales. Introdujimos danza, proyecciones, plataformas elevadoras, etc. en algunos montajes, sin dejar de hacer recitales básicos de voz y música.

En México me conmueve el recuerdo de los viejos republicanos. Como años atrás con la copla andina, el exilio español pasa a ser uno de mis “temas” recurrentes.

Dos mil

El cambio de siglo nos pilló algo cansados. La alergia a los formularios disparatados nos fue alejando de las subvenciones. Volví a trabajar en todos los espectáculos del grupo. En 2001 monto Memoria de Borges y creo comprender algunas esencias que el argentino compartía –sin quererlo-  con la gran poesía, significada para mí en Antonio Machado, Rosendo Tello y Agustín García Calvo, del gremio poetas-profesores. El estudio de Borges –conferencias, poesías, narraciones, ensayos- me trastoca comportamientos más allá de la escena; siento que el niño entusiasta que llevo dentro empieza a madurar: la soberbia se va atenuando, por ejemplo.

Vuelvo a interesarme vivamente por el “cómo” y me vuelco en el estudio de los fundamentos del verso castellano. A la par, me centro en el desarrollo de los guiones, digamos que acabo haciendo "guión de lo guionizado".

Esa primera década del XXI acabó muy mal. En 2008, mientras nos encargábamos de presentar a cincuenta poetas aragoneses en la Expo, los ayuntamientos comienzan a demorar los pagos. Era la “crisis” que algunos imbéciles llamaban “oportunidad”, que eso quería decir en chino.

Dos mil diez

2010 fue el centenario de Miguel Hernández, de cuya referencia nunca nos hemos apartado. Revisamos obra y vida, siguiendo rigurosamente los últimos estudios. Participamos en la organización de homenajes en las Américas, pero en España tuvimos mucha competencia para hacernos hueco. 

Con frecuencia, los contratantes tardaban un año en pagar las funciones. Se aguantó como se pudo hasta 2012, cuando, en accidente callejero, me rompí los dos codos y tuvimos que suspender toda la primavera (nuestra temporada alta). La empresa saltó por los aires. Como quien dice, fue un volver a empezar. Nos asociamos con dos empresas que permitieron la continuidad del trabajo. Una, de Remolinos, El Paragüero, que nos dio cobertura en España; y otra, Iberlingva, con la que mantuvimos programas para estudiantes de español, en la onda de la lingüística cognitiva, recibiendo el reconocimiento del Congreso del Español de Salamanca.

Un espacio auténticamente alternativo, La Fábrica de Chocolate, nos dio la infraestructura para el trabajo creativo y logístico.

Una de mis actividades desde hacía tiempo era el mantenimiento de una suerte de tertulia-recital semanal en determinados bares de la ciudad. Los años más agudos de la crisis los pasé en El Mangrullo, La Topera y La pequeña Europa, donde los encuentros semanales servían como paño de lágrimas para los parroquianos sufridores de la debacle económica. En un intento por saber hacia dónde se dirigía nuestro mundo, alterné los homenajes a Celaya, Gelman, J.A. Labordeta, y otros poetas, con ciclos centrados en las obras de dos pensadores de cabecera. Uno fue Mc Luhan, del que celebramos los cincuenta años de su Galaxia Gutenberg. Otro fue  Bauman, con el que aprendimos a ver que nada es por casualidad. En las explicaciones de Bauman sobre la posmodernidad descubrí coincidencias con la obra de Nicanor Parra, y me agarré a su obra como el náufrago se abraza a una madera  vieja. El propio Nicanor me ofreció el título: Todos contra Parra.

Mediada la década, recibí varios reconocimientos por mi trayectoria.

Con ayuda de compañeros y amigos del grupo, emprendí la aventura de montar una obra muy ambiciosa, Historia de la tortilla española, que conseguí estrenar en el Teatro Periplo de Buenos Aires.

Paralelamente, una colega entrerriana me pide ayuda para formarse en la interpretación del verso; de ahí salieron nuevas propuestas que presentamos juntos en tierras argentinas, bolivianas y españolas. Con ella vi la oportunidad de montar una obra centrada en la figura de la legendaria Berta Singerman. La estrenamos en la zaragozana sala Arbolé.  La acogida fue favorable, pero la pandemia paralizó el proyecto.

Dos mil veinte

Pese a todo, ahora que lo pienso, los últimos diez años han fructificado en otros tantos espectáculos, siendo Poesía memorable el último, que me sirve como recuento de poemas que una vez trabajé y que permanecen –por algo será- en mi memoria.

Ahora, en 2023, revisaremos Vuelve Berta Singerman, y la reestrenaremos en el Teatro de La Estación en julio. Y lo haremos –como tantas veces- como acto de justicia poética. Ya sabemos que no estamos de moda, que el teatro está desvalorizado por estas tierras, o, por lo menos, que nuestra presencia es prescindible. Ley de vida, supongo.

¿Lo inmediato? El programa Noches de Juglares, que en el parque Delicias presento desde hace 28 años ininterrumpidamente. Entre medio, seguir difundiendo entre los profesores de lengua y literatura nuestras claves para despertar afición a la poesía en la Gençana, o en las jornadas de Arenas de San Pedro. 

La actuación más importante para el artista es la próxima, siempre.

 

 

26 de junio de 2022

Con Jesús Lou

Hacíamos cosas raras. Entonces no nos parecía que lo fueran, porque los raros eran los demás.

Jesús. Foto: Manolo Forega, 1980

Nos habíamos conocido en el grupo de objetores. Un día, el eurodiputado  radical italiano Marco Panella se puso en huelga de hambre reivindicando el derecho a la objeción de conciencia en España. Y aquí se entendió que debíamos secundarlo, cosa que hicimos Jesús, Víctor, José y yo, objetores de primera generación. Recuerdo que, según pasaban los días (aunque pocos, eh!) perdíamos capacidad auditiva y Jesús tomaba apuntes de cualquier síntoma de alteración sensorial. Confraternizar en una huelga de hambre fue una de las primeras aventuras compartidas.

*

Otro día, Jesús "se encerró" con otros dos en su buhardilla de Miguel Servet. El objetivo era averiguar todo sobre Jorge Manrique, incluida la historia del XV, con su laberinto de reyes y reinados... por si fuera de interés saber de que lado combatían los Manrique. 

Jesús. Castillo de La Mota, 1979

En otro artículo del blog, escribíamos:

En 1979 se cumplían 500 años de la muerte de Jorge Manrique.  Estudiamos a fondo no solo las partituras próximas a la época y  las distintas ordenaciones de las Coplas, sino también todos los estudios que pudimos encontrar, empezando por el de Serrano Haro en Gredos. No sé cómo, llegó a nuestras manos Jorge Manrique o tradición y originalidad de Pedro Salinas, su primera edición, en Sudamericana, que se convirtió en nuestro libro de cabecera. Los “manriqueños” éramos Goyo Maestro,  Jesús Lou y yo.

 Buscamos inspiración en Uclés, en Santa María del Campo Rus, en Garci Muñoz, en Paredes de Nava, en Segura de la Sierra, y en Ocaña. Nos dieron permiso en la Biblioteca Nacional para cotejar ediciones glosadas de las Coplas editadas el siglo XVI, comprobando que ordenación y grafía respondían, acaso, al capricho del glosador o de su editor.

Jesús, Luisf. y Goyo. Paredes de Nava. Foto: Rosa Calvo, 1979

 *

Las amistades de unos y otros se compartían. Pocas tenían que ver con nuestra misión: Teresa Portero, obrera fabril. Pilar Tena, estudiante de artes. Luz Rueda, veterinaria. Julián Martínez, panadero. Azucena Gimeno, estudiante de teatro. Carmen Gascón, jugadora de hokey sobre hierba. Antón Castro y Antonio Ceruelo, fotógrafos. Tales eran, entonces, las actividades de nuestros amigos y amigas. Había más, entre los amigos objetores (los García...), amigos de la música (Alfonso Isasi, Emilio Casanova...), amigos por familia (Mª Jesús, Choni, Chuchi...), amigos por poetas (Guinda, Trini, Forega...) amigos del teatro (Juancho Grael, Santiago Meléndez...) con muchos  nos encontrábamos de noche en el Bonanza, o en El Ángel Azul, donde bebíamos cerveza Siglo XV, nueva marca de La Zaragozana.

Jesús sacó el carné de conducir y, como le gustaban los paisajes y los paisanajes, se hizo imprescindible en los proyectos artísticos que, con Paco Ortega y Miguel Ángel Encuentra, emprendíamos en Tauste, en Mora de Rubielos, o en La Almunia.

 *

Luisfelipe, Carmen Orte, Goyo Maestro, Jesús Laboreo, Lourdes Lachén, Paco Cuenca y Jesús Lou. Sala Camaleón. Foto M. Forega, 1980 
 

Tras Manrique, intentamos otro proyecto. Jesús tenía dotes superiores para la expresión corporal. En Sucedió en Zaragoza, con la compañía ampliada, Jesús recrearía el personaje de "El Mudo", que también era sordo. En escena se disociarían la música y el accionar del protagonista.

Jesús, por entonces muy aficionado a los montajes de Santiago Meléndez (Tierra negra, etc.) conocía la trascendencia del más nimio movimiento cuando no "se habla".

Sucedió en Zaragoza. Ensayos. Foto, M. Forega, 1980

En Un sueño de juglares, Antón Castro dedicó unas páginas a este intento:

 

*

Viajábamos con frecuencia a San Sebastíán. Un día, con Goyo también, fuimos más allá... a Gotein Libarrenx, donde Michel Graçi nos había citado para ver al Cuarteto Cedrón. Llevábamos nuestra primera cámara de vídeo. El magnetoscopio (que pesaba 14 kilos), era para cinta beta y podía registrar color, pero la cámara solo admitía blanco y negro -no nos había llegado para más. 

Camino de Francia, el coche se estropea en Gallur. Goyo, que tenía estudios de mecánica, entiende que se ha roto una pieza y hace falta un taller. El taller dice que nos cambia la pieza mañana. Pasamos la noche en el coche y, casi a la hora de empezar el recital, llegamos al pabellón de Gotein Libarrenx. Lleno hasta la bandera.

Hoy llama la atención que los músicos no tuvieran monitores y que la microfonía fuese de media docena de micros situados estratégicamente. Lo cierto es que allí había cerca de un millar de oyentes y ¡se oía!

Nosotros tomábamos el sonido ambiente, con el micro de la cámara, que no era malo. Si Jesús hubiera decidido plantar la cámara al otro lado del cuarteto, hacia Carlsen, el sonido del bajo se escucharía mejor, pero en demérito de otros, seguramente.

 
 




 *

Emilio Casanova había dejado el mundo de la música y trabajaba en creaciones  audiovisuales. Pronto comenzó a contar con Jesús. Se puede decir que, entonces, trabajando en los proyectos de Emilio, convirtió Lou su vocación en profesión. Eso sí, hay que decir que nunca trabajaba en proyecto que no aportara un estímulo intelectual, espiritual o afectivo.

Desaparecía largas temporadas, porque hacía cursos de imagen en Madrid, por reunirse con Goyo en alguno de sus retiros, o por concentrarse en el pueblo donde su hermana estuviera destinada como médico rural. Cuando se proyectaba una nueva aventura y no se encontraba a Jesús, había que llamar a su hermano Miguel, que, en Madrid, constituía uno de sus apoyos principales para seguir dedicándose a este oficio, duro como la piedra.

Algunos de nuestros emprendimientos, creo yo, fueron importantes.

En 1986, nos embarcamos en la aventura de los festivales folk en el Oasis. Jesús consiguió los apoyos para registrar las 6 sesiones con equipo profesional. Otros artistas que venían a la ciudad (Leda Valladares, Leopoldo Mª Panero, Javier Villafañe...) también contaron con el seguimiento de sus cámaras.

Por cierto, esta temporada estamos subiendo al blog  grabaciones de esos años, que Jesús había digitalizado y copiado para Goyo.

*

Un día de invierno, Jesús y yo nos presentamos en el Psiquiátrico de Mondragón: Leopoldo Mª Panero está de acuerdo en venir a Zaragoza para el estreno de Más Margen, Malditos. Al director del centro le parecemos de fiar y da el consentimiento. 

A partir de ese momento, Jesús, como hechizado por el poeta, hace un seguimiento exhaustivo del montaje y de la presencia de Leopoldo en Zaragoza: en el tren, en la estación, en las tertulias, en el teatro... Solo deja la cámara en los momentos más oscuros. Valga este ejemplo que escribe J. Benito Fernández en la biografía de Panero El contorno del abismo (Tusquets, 1999):

Un mediodía se personan Luis Felipe Alegre y Jesús Lou (Leopoldo le llamaba Mamá Lou porque le cuidaba y le ayudaba mucho) en casa de Guinda -Hernán Cortés 9- para rogarle que acuda a casa de su cuñada (Marta Guerrero) y convenza a Leopoldo de que vuelva al hospital. Creen que debe hacérsele un reconocimiento médico a causa de su deterioro. (...)

Por la tarde, lograron llevarlo en un taxi al Hospital Provincial de Zaragoza. Una vez en consulta, el médico le recomienda que esté un par de días en observación, a lo que el paciente se niega con rotundidad.

Entretanto, Guinda y Jesús Lou esperan en el vestíbulo del sanatorio. De pronto, por detrás unas manos agarran el cuello del primero con una fuerza estranguladora. Es, claro, Leopoldo. Jesús Lou forcejea con él hasta que logra apartarlo. (...) Apaciguados los ánimos, se marchan los tres.

Lou frente a Panero. En El Monaguillo, 1987

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En 1988, Jesús, Carmen Orte y yo viajamos a Guinea Ecuatorial. En este post se habla de ello y se ven muchas fotos hechas por Jesús, que a ese viaje no llevó la cámara de vídeo.


*
Entre diciembre de 1988 y abril de 1989, Jesús, Carmen y yo íbamos a seguir ruta por América del Sur. Valga aquí aclarar que no teníamos subvención de ningún tipo y para los viajes que hacíamos nos metíamos en créditos y préstamos de amigos y familiares. Jesús se manejaba ya con una tarjeta bancaria; Carmen y yo seguíamos con los cheques de viaje.
 
Tuvimos la suerte de encontrarnos con Javier Villafañe, y él fue quien nos abrió las primeras puertas: LiberArte, la casa de Horacio Guaraní -donde pasamos las navidades- y el Festival de Necochea (del que hablamos aquí). Fue, precisamente, en esa ciudad, donde desapareció la cámara fotográfica de Jesús, por lo que la gira tuvo más vídeos que fotos.
 
De Buenos Aire viajamos a Santiago de Chile, donde Pedro Valdivia, que había estado exiliado en Zaragoza, y en ese momento trabajaba en la recomposición del partido socialista chileno, nos guió por los antiguos reductos del folk.
 
Una situación extemporánea nos dejó conmocionados: Villafañe nos había encomendado llevar a Roberto Espina un sobre con unas pruebas de imprenta. Llamó Jesús al escritor y quedó en que iríamos a su casa, que estaba en una montañita. Conforme nos acercábamos, comprendimos por qué Víctor Jara titulaba su versión de Little boxes como Las casitas del barrio alto. No era la primera vez que entrábamos en una urbanización para ricos, pero era tan grande el contraste que daban ganas de llorar.
 
Tras varias gestiones aquí y allá, comprendimos que iba a ser imposible actuar en Chile. Camino del norte, paramos unos días en Antofagasta. Luego, en Arica dividimos la expedición: Carmen y yo seguiríamos hacia La Paz, y Jesús seguiría hacia Perú, con idea de entrar en el Amazonas. 
 
Jesús en el Pacífico. Antofagasta, enero 1989.
 
Mientras nosotros pasábamos un mes y pico actuando con aceptables beneficios en Bolivia, Jesús andaba entre barcas y contrabandistas, corriendo serios peligros de los que salió como pudo. Cuando nos volvimos a encontrar en Buenos Aires, ya solo quería adelantar el viaje de vuelta a España. Esos días, Marcelo Reyes nos alojaba en su casa de Arenales. Antes de volver, Jesús instruyó a Marcelo en el funcionamiento de la cámara de vídeo, para que siguiera grabando nuestro periplo. No sé cuánto sería el roto, pero Jesús no dejaba de maldecir el dinero de plástico.

*
Al año siguiente emprendimos la aventura de hacer una gira por España con Leda Valladares. Parte del proyecto era hacer canto colectivo en institutos: Silencio se canta. Lou organizó el equipo de grabación, a la par que Tecno Saga, que registraba el audio de las actuación para editarlo en cd.
 
Leda Valladares, Jesús, Luismi Bajén, Jesús Floría y Carmen. 1990
 
Jesús, con Goyo y Floría

*
Cuando no coincidíamos en alguno de los proyectos de Casanova como Goya. Pintar hasta  perder la cabeza, donde Jesús dirigía la fotografía, nos veíamos trabajando en colaboración con otros colegas, como Cultural Caracola, el Teatro Arbolé, o la Asociación de Gaiteros. Ejemplo: el ciclo Más o menos juglares
 
 *
En 1993, la empresa B de Vídeo -creada por Jesús y Miguel Lou- se asoció con El Silbo para hacer el capítulo piloto de una serie titulada Poema de familia, con guión mío. Era una comedia de situación donde los personajes introducían versos de autores conocidos en sus diálogos. La idea era tratar esos textos interpolados en un juego interactivo, cosa en la que se pensaba aquellos años.
 
Gran elenco de actores (Esperanza Abad, Cristián Casares, Mariano Anós, Iñaqui Juárez, Laura Plano, Pilar Delgado, Esteban Villarrocha, Agustín Miguel) unidos a los de El Silbo (Carmen Orte, Goyo, Cristina Lartitegui, yo...). El realizador era José Miguel Iranzo. Y el equipo de ayudantes era prolijo: Ángel Lahoz, Emilio Abanto, Luisa Latorre, Ana Abán, Pilar Trillo, Domingo Moreno, Karlos Herrero, etc.
 
Hubo mala suerte en la venta del proyecto y se quedó en el capítulo cero. Pero -cuando se recupere - subiremos la obra, pues tiene interés.

Jesús, Cristina Lartitegui y José Miguel Iranzo. Grabación de Poema de familia, 1993

*
Son, en verdad, muchas las cosas que El Silbo no hubiera hecho sin Lou. 
 
Quiero despedir estos recuerdos con un vídeo-poema que grabamos en 1995. Estábamos  en una expedición de Payasos sin fronteras, en los Campamentos de Refugiados Saharauis, en Tinduf (Argelia). Los versos de Nicanor Parra traducían nuestro sentir.


Carlos Calvo escribió en elpollourbano:

Jesús Lou o cómo los recuerdos vuelven a perderse como lágrimas en la lluvia
Luis Iribarren escribió en aragondigital.es:
 
Antón Castro escribió la necrológica en el Heraldo de Aragón:
 
 
 
Y a los que quedamos solo nos resta repetir: "Gracias, Jesús".

27 de diciembre de 2018

1988, El Silbo en Guinea Ecuatorial

1968: Acaba el año y aún zumban en la cabeza las efemérides: Praga, París, México…

Aquel año de 1968 uno no se enteraba de nada de eso, por lo temprano de la edad. En cambio, sí recuerdo muy bien las imágenes (tve? nodo?) de un país africano donde se hablaba castellano. Era Guinea Ecuatorial, que alcanzaba la independencia. Yo nunca había visto un negro en persona y me impresionó la noticia.

¿Era buen legado el que dejaba España? Comparando con la media africana, seguramente.
Se tituló República. Quizá durante unas horas, y en días previos, aparentemente lo fue.  Eligieron a un presidente destructivo, inmediatamente convertido en dictador: Macías. Como cuenta
Mario Virgilio Montañez,  Los españoles evacuaron el país y tras ellos la mayoría de extranjeros.

Se sucedieron 10 años de monstruosidades. En 1971, la comunidad escolar de Malabo vio cómo sus protestas acarreaban la clausura del instituto. Además de perder todo el sistema educativo, también quedó el país sin luz, sin hospitales, sin carreteras (que a ese legado me refería)… Los únicos edificios con mantenimiento eran las cárceles. Un tercio de la población desapareció del mapa. El poeta Juan Balboa Boneke describió el periodo: “el de la generación perdida”.

Macías ordenó cambiar los nombres europeos por los correspondientes africanos, incluidos los nombres y apellidos de sus ciudadanos. Así, Francisco Macías Nguema pasó a llamarse Masie Nguema Biyogo Ñegue Ndong. Solo en eso pudo dar ejemplo.

(...)Porque es un hecho importante, que a veces pasa desapercibido, que la España que concedió la independencia a Guinea y que siguió funcionando como estereotipo para el guineano fue la franquista; es decir, un sistema autocrático que utilizaba como punta de lanza las ordenes y congregaciones religiosas, los principios del nacionalcatolicismo y el militarismo, de una parte, y, de otra, los paradigmas políticos mas reaccionarios y autoritarios. Es decir, los guineanos no tenían referentes democráticos ni progresistas de los españoles, sino que suponían que las maneras que conocían eran las propias de los países colonizadores supuestamente a imitar (...) 

Muchos mandos del ejército guineano se graduaban en la Academia General Militar de Zaragoza. Y por allí habían pasado todos los que en 1979 se confabularon, encabezados por Teodoro Obiang, para derrocar al tirano. Esta vez, la esperanza se mantuvo varios años. Volvieron las embajadas y los cooperantes, volvió la luz, se abrieron las escuelas, se hicieron institutos y llegó la UNED. 


El Silbo en Guinea


En 1988, a 20 años de la independencia y a 9 del “Golpe de libertad” de Obiang y los suyos, la información relativa a Guinea Ecuatorial era muy escasa.

Queriendo contrastar el trabajo de El Silbo con "otros acentos" (con oídos acostumbrados a), Carmen Orte, Jesús Lou y yo, decidimos ir a trabajar allí una temporada. Conseguimos visado por dos meses (“para estudiar las expresiones artísticas de la cultura fang”), nos vacunamos y compramos francos cfa. Pedimos un crédito para los pasajes y empaquetamos vestuario e instrumentos. Hicimos una postal de cartulina como tarjeta de presentación y, por si acaso, llevamos una metopa de la AGM zaragozana.

Una amiga nos dijo que debía enviar un paquete a su prima Nieves, colaboradora de las teresianas en Malabo. Y nos hicimos cargo de la encomienda, lo que suele ser un engorro pero aquí fue una llave para conocer submundos del país.
  
Del aeropuerto fuimos directos a la embajada, para informar de nuestra presencia e intenciones.  Allí conocimos a Jesucristo Riquelme, quien nos propuso alojamiento a cambio de actuaciones en centros de enseñanza de Malabo y  Bata, patrocinadas por el Centro Cultural Hispano Guineano. Al margen de esas funciones, podíamos hacer las que contratáramos por nuestra cuenta, manteniendo el decoro, claro. Como teníamos idea de trabajar con público diverso, llevábamos varios repertorios con su instrumental y utilería. Así que todas las ofertas que aparecían nos venían bien.

Nos ubicaron en la casa de la Aviación. ¿Cuál sería el bar de la esquina? El Beirut, que contaba con un gran jardín donde periódicamente se daba espectáculo.

Las funciones que pensábamos realizar serían: para estudiantes; para público de calle; para toda una comunidad. De ello se dirá algo en este artículo. Y se  acompañará con muestras fotográficas en vídeo, con sonido tomado de actuaciones aquí y allá. Estos vídeos se pueden ver solo en el blog (no están en youtube, etc.) por su carácter testimonial.

En centros de enseñanza

Para celebrar el encuentro, Jesucristo nos llevó al Beirut para conocer a Donato Ndongo que, además de compartir con Riquelme la dirección del Centro Cultural H-G, era buen conocedor de la poesía guineana.  Hablamos del repertorio posible, lo repasamos y concluimos que no había un terreno especialmente pantanoso. No había problema en que “libertad”, por ejemplo,  o “copular”, se dijeran en el escenario. Todavía se hablaba del “golpe de libertad”. Por otro lado “del sexto en Guinea no se confiesa nadie”, decían los curas, según Ndongo.

Los planes de estudio eran los mismos que en España. Los libros de Literatura también.

Las primeras sesiones fueron en el INEM Rey Malabo. Comenzamos hablando de la Edad Media, de cuando los idiomas peninsulares se estaban cociendo, de cuando la primera literatura en castellano… Carmen empezó una canción:

De los álamos vengo, madre.

Y un coro celestial siguió cantando:

De ver cómo los menea el aire. 

Cerramos la libreta donde apuntamos un repertorio previsible, y preguntamos si alguien tenía preferencia por algún poeta clásico: el Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, Fray Luis de León, Cervantes, dijeron. Y así pasó la primera sesión, con la cuaderna vía del de Hita, las coplas manriqueñas, las liras del fraile y los ovillejos cervantinos.

Muchos chicos llegaban al instituto chapeando, o sea cortando la maleza con el machete. Hacía calor, claro, la vegetación abrumaba y los bichejos daban respeto.

La siguiente sesión estaba dedicada al siglo XX, de Rubén Darío hasta Blas de Otero, más o menos.  En el centro, la generación del 27. Carmen y yo nos miramos con cara de culpables cuando un alumno 3º de BUP, Emiliano Esono, insistió en oír una poesía de Dámaso Alonso, a ser posible de Hijos de la ira, pues lo había leído en la biblioteca del instituto. Jesús Lou tapó el objetivo de su cámara y salió corriendo a comprobar que Hijos... estaba allí. Volvió pronto, afirmando con la cabeza. En el entretanto, habíamos neutralizado al forofo con el "Romance del río Duero", por ser Gerardo Diego gran amigo de Dámaso. Acabado el romance, prometimos a Emiliano que en el recital que daríamos por la tarde recitaríamos "Los insectos" si venía. Dijo que sí.

Fuimos a casa y comenzamos el montaje del poema, pero sin el célebre prólogo donde  describe "el espanto" ante una masa de variados insectos: "He leído terrores semejantes de viajeros por el África ecuatorial" afirma allí el poeta. Nosotros también estábamos espantados con la fauna volátil y terrestre. Conocido es el mosquito anopheles, transmisor del paludismo, pero allí uno se encuentra con los insectos que se pegan a la ropa recién lavada y penetran en la piel (hay que planchar la ropa para eliminarlos), o con los que agazapados en la tierra esperan un pie desnudo, etc. O sea, los hay que se ven y los hay que no.

Dámaso había dicho  del poema en cuestión: "Es obra que, recitada, suele recibir mucho éxito". Carmen creó una  atmósfera musical tremolando con el rabel, instrumento ideal para imitar el zumbido de los insectos voladores. Por mi parte, entendí que si el poeta diseminaba más de 30 veces la palabra "insectos", el ritmo dependería de ella. El tono era de monólogo hiperbólico, apropiado para aplicar la técnica del "rapsoda enloquecido" con sus aspavientos melodramáticos acentuados con los guiños humorísticos del texto.  Ajusté con Carmen los versos con aliteraciones de los verbos roer y zumbar. Desgraciadamente, Emiliano no pudo venir al estreno, ay!

Terminadas las actuaciones en el instituto, comenzamos con las que Nieves y sus amigas teresianas nos concertaban en colegios y aulas para adultos. Se hizo muy popular nuestra versión del "Vivo sin vivir en mí" que, en los estribillos, los alumnos acompañaban con voces, palmas y ritmo corporal. Especial recuerdo nos queda de la actuación en el cole de Yumbili.

Los pequeños no  mostraban reticencia al canto, los jóvenes un poco, pero se dejaban convencer mejor que los españoles. Un tímido, metido en la masa del grupo espectador, también puede participar si no se siente especialmente observado. La timidez de los alumnos guineanos se manifestaba envolviendo las manos entre la ropa, o con movimientos de cuello recogiendo la cabeza.

Viajamos al continente, para trabajar unos días en Bata y alrededores. La infraestructura era más escasa y solo los franceses disponían de un centro cultural.  El salón de actos español lo compartían la UNED, Magisterio y el Instituto de Bata. Hubo algún malentendido a ese respecto del usufructo del espacio y no pudimos ofrecer el trabajo más que a los alumnos de Bachillerato y Magisterio, creo recordar.

Todas las actuaciones en el campo educativo -E.G.B., Bachillerato y Formación de Adultos-  fueron juglarescas: comunión del cantar y el reír. 





De gala con El Gran Bessoso

Cada noche bajábamos al Beirut, que también era mentidero político y cultural de la capital. El dueño, Gabi, tuvo la idea de montar una gala donde actuarían bailarinas, cantantes, nosotros y, como cabecera de cartel, el músico guineano conocido como El Gran Bessoso, que iría con su banda. De eso tratan las fotos del vídeo siguiente.

Dado el éxito que tuvimos en el Beirut, Gabi pensó repetir en el Cine Marfil cuando volviéramos de actuar en Bata... No fue lo mismo, no. Las condiciones del cine eran malas; se decía que aún estaba por ahí el fantasma de Macías, pues el Marfil se empleaba para macro juicios militares...

En estas actuaciones combinábamos los poemas con canciones tradicionales como La tía Melitona, que permitían la participación, la improvisación coplera y la risa. También eran de rigor un par de romances de Lorca.

León Felipe había residido un año en Guinea y nosotros aprovechábamos estas actuaciones de repertorio abierto para recitar y cantar algunos de sus Versos y oraciones del caminante.




Con versos de Leopoldo Mª Panero

Teníamos grabados música y efectos de los poemas de L. Mª Panero que hacíamos en el Más margen, malditos! Así que dedicamos una sesión a presentar su obra en Malabo.

Por si acaso, íbamos de etiqueta, para significar la importancia y el respeto que nos merecía ese repertorio. Riquelme nos presento también de traje, pues entre el público se encontraban diplomáticos y autoridades.

No se puede extraer ninguna lección sobre la respuesta del público, pues ese tarde el CC Hispano Guineano estaba muy concurrido por los blancos. Creemos que gustó bastante.


Asonga: teatro arena

Ignoramos si el poblado de Asonga tiene relación con la zona de Bata de igual nombre. Quien conozca ambas, sabe que son la noche y el día, aunque se llamen igual.

Bueno, nosotros fuimos al poblado Asonga, donde queríamos experimentar cierto tipo de trabajo ritual, ante público "no teatral". Asonga es un pueblo Ndowé, cuyo idioma se conoce como Batanga. Agricultura y pesca. Nos habían hablado de ciertos bailes y disfraces que conservaban como tradición, quizá carnavalera.

Remontamos algunas piezas de un anterior espectáculo -Del comienzo de la arcilla del mundo- con salmodia y canto. Los textos eran del Génesis, del Cantar de los Cantares, y de Judá Leví. La representación era en espacio circular, sin escenario. Eso, pese a la pobreza documental, se refleja en las fotos del vídeo.

También hicimos una segunda parte, esta vez en las escaleras de la vivienda del alcalde, con un repertorio normalizado. Recuerdo que toda la comunidad de Asonga cantaba con nosotros, al punto que venían habitantes de poblados cercanos atraídos por las voces.


De esto y aquello

El debut en la parte continental fue en el Club de Tenis (creo que si no era ese el nombre, así se le conocía), el de los españoles.  Esa era la comunidad a la que debíamos conquistar. Sí, en este caso conquistar, pues de ello dependía la recaudación. Es decir, que al final pasamos la gorra. En atención a que una mayoría de espectadores eran catalanes que trabajaban en el negocio de la madera y del cacao, Carmen cantó dos romances en catalán -La cançó del Lladre y El rossinyol- y yo unos versos de Espriú. No fue buena idea, porque algunos censuraron nuestro acento, más leridano que gerundés.

Siempre que había ocasión, recitamos poemas de los dos poetas del momento en Guinea: Ciriaco Bokesa y Juan Balboa Boneke, tomados de sendos libros publicados por el CC Hispano Guineano de Malabo.



Ciriaco Bokesa y Donato Ndongo nos deslumbraron muchas noches en la tertulia del Beirut.  Ciriaco admiraba, por encima de toda la poesía en castellano, a Jorge Guillén, y Donato nos explicaba el valor de Voces de espumas leído en esa clave. Ambos elevaban el nivel intelectual de la calle con su palabra.

En una de aquellas charlas, apareció Riquelme muy alterado. Nos contó el viaje imposible de un coche de Cooperación Española que llevaba libros a una escuelita cercana a Ureka, al sur de la isla. Camino del lugar, había sido obligado a regresar, pues la carretera estaba cortada por soldados que no dejaban pasar sin autorización especial. Aquello alimentaba las sospechas de los más enterados: "los yanquis están buscando petróleo en la costa".

En fin, en este último vídeo se verán fotos de Bata y Malabo, con nosotros actuando o paseando por  calles, plazas También, en las fotos de Jesús, aparecen artesanos, niños estudiando bajo las farolas, profesores y amigos preparando anuncios de actuación, o traduciéndonos escritos varios. Carmen se hizo el peinado típico antes de partir, y ahí se ve.

Varias fotos son del museo de Bata, que recorrimos en compañía de Amador Ebeng, del Ministerio del Interior, a quien Riquelme había encomendado que nos condujera por las emisoras de radio y demás lugares culturales de la ciudad. Otra foto de Bata nos trae el recuerdo de Gabri-B, cantor de calle y terraza. En su repertorio brillaban canciones como Sucu sucu, La yenka y Adelita. Se presentaba cantando unas frases autopublicitarias: "Yo soy Gabri-Be, mi nombre suena mucho... Mi nombre es muy famoso..." ¡Ah, la fama, de la que hablara Manrique! En el vídeo se escucha el nvet oyeng de Eyi Ncogo, que se presentaba también con el adjetivo "famoso".



En este recordatorio de la gira pasamos por alto muchas vivencias que no nos compete analizar aquí. Así, las diferencias entre los fang continentales y los bubis de Bioko; la diglosia, o la función del castellano entre la docena de idiomas guineanos; etc. Nosotros fuimos, como cualquier artista, a ofrecer nuestro arte y punto. Cierto que quisimos volver, pero no pudo ser, y mejor así porque eso nos llevó a otras tierras más lejanas y a conocer más acentos, formas y palabras de nuestro idioma.

Hoy solo nos queda desear a los guineanos que sus actuales dueños les dejen vivir en paz y libertad.


Dibujo en cartón y boli de Ramón Esono. Cárcel Black Beach de Malabo. 


10 de agosto de 2014

Manuel Pinillos en estos días

El poeta zaragozano Manuel Pinillos (¿1914?- 1989) está siendo especialmente recordado este año por ser, seguramente, el del centenario de su nacimiento y por haberse reencontrado la afición con "Realquilados", un poema que resulta consolador en tiempo de desahucios.

Javier Barreiro publicó en su blog la bibliografía de y sobre el poeta, precedida por una reseña biográfica. 
En la revista Imán, José Ángel Monteagudo habla de 'la poética del desarraigo existencial'. 



Periódicamente, Mª Pilar Martínez Barca, editora de la Poesía Completa (1948-1982) de Pinillos, nos ofrece en su blog La lámpara encendida estudios, poemas y noticias relativas. De Martínez Barca hizo una semblanza hace años Antón Castro que nos atrevemos a recomendar Pilar Martínez Barca edita a Manuel Pinillos. Las1.258 páginas de obra reunida dan mucho respeto.








También Antón, publicó el mes pasado en Heraldo de Aragón una panorámica biográfica en sus crónicas veraniegas. Coincidía con la celebración del Festival de Poesía Moncayo, dedicado este año a varios aniversarios, entre ellos el de Pinillos. De ello dio cuenta la prensa, aunque con alguna datación inexacta. 




Ángel Guinda presentó la antología que, como todos los años, se edita con el festival:

Y se celebró una sesión para celebrar la vida y obra de nuestro poeta. Presentados por Forega, hablamos y recitamos Ángel Guinda y Luisfelipe, o sea yo. Pero antes, Mª Pilar Martínez Barca, llegada por sorpresa, nos habló de la pasión compartida por Pinillos. 
En mi intervención eché mano, primero de un artículo mío ('Unos poemas de Manuel Pinillos', en Criaturas Saturnianas nº 5, 2006) y, después, de dos episodios relativos a la relación Pinillos-Guinda y que narré con desparpajo.
La sesión fue grabada en vídeo y, a lo que se ve, no pude quedarme quieto detrás de la mesa. No se entienda que es una maniobra para robar plano a Forega (Guinda y Forega son mis hermanos mayores) sino fruto de la timidez del actor. 






Antón Castro comentó la sesión y recogió algunos recuerdos míos en: Pinillos por Luis Felipe Alegre

Y, por ahora, lo último ha sido una charla sobre Pinillos y Miguel Labordeta a cargo de Trinidad Ruiz Marcellán y Guinda, esta semana en Expoesía de Soria.

Por mi parte, dejo aquí el artículo publicado en Criaturas saturnianas hace ocho años.


UNOS POEMAS DE MANUEL PINILLOS
Por Luis Felipe Alegre

...Tuve la amistad del poeta hace treinta años y soy recitador de poesía. Hoy supongo que en nuestra relación había algo paterno filial, pues el poeta que blandía la bandera de un país llamado Rebeldía tenía cuarenta años más que el joven rojo que era yo entonces.
Decir un poema que otro ha escrito es un acto de amor en varias direcciones: al autor, al lenguaje, al amigo y al desconocido con quienes se comparte. A Manolo le gustaba muchísimo la recitación de poesía y había encandilado muchos auditorios con su palabra.
Pero hace ya siglos que el instrumento del poeta no es la voz, sino el papel y la pluma, con ellos el poeta perpetúa su obra. Y esa obra es su justificación del gasto que hace al mundo.


Y AHORA ESCRIBO[1]

Escribo, y esto quiere decir que oigo,
quiere decir que me oigo los ojos y las manos.
En los ojos llevo montones de pedazos
de llena madera de bosque de mi amor;
y en las manos sólo mi corazón que se enracima
y suelta sus mil frutos de pulpa azucarada
o llena de un ácido sabor de vida que se abre.

Escribo. A mi dios o a mi pecho,
a gentes ignoradas a quienes no recuerdo haber pensado.
a difíciles gentes: porque no hay
quien lea a los poetas que hablan con tinta fresca
de su alma que sangra en tierra viva.

Escribo. Quiere decir que tengo ansia de escucharos,
cosas y hombres a quienes he amado
de quereros iguales a como yo quisiera ser en el recuerdo. 
  
*

Pinillos, abogado por imposición familiar y sin vocación de tal, vio en la guerra del 36 su escapatoria de la férula paterna y entró en el ejército de los sublevados. Por lo mismo hubiera entrado también en el del otro bando. Recibió heridas en combate que dejaron cicatrices en el cuerpo y en la memoria.  La última noche antes de la victoria la pasó en el frente hablando con un soldado enemigo.

ÉL VUELVE[2]

Él vuelve de la guerra.
Vuelve de oscuras noches,
de espantos silenciosos.

Fue a defender hermosas
palabras. Nunca supo bien lo que era.
Nunca lo supo, fue
ni triste ni alegre. Fue, eso es todo.
Trae ojos con miradas como grietas.
Hondas, enormes. Grietas como abismos.
Abismos, negros cráteres,
dolores, miedos.
                       Vuelve,
con aquellas pupilas cruzadas por los látigos
azules de los tiros.

Los labios –ay, los labios
despiadados, desiertos, sin las risas-
ya no sostienen lilas, mentas, frágiles:
las que aquel niño con sus blancos dientes
cortó. Son apagados, rencorosos,
distantes, fieros, árticos.

Serena el pelo una
aún ráfaga de luz, como una mano.
El pelo desmayado
de adolescente tierno. Besa
su rostro niño, con su dedo
delgado de oro y mimo.

Ha vuelto. Preguntadle
qué sabe de la guerra, de otras cosas.
Qué sabe de la noche, qué sabe del “no sabe”.

Luchó, sufrió. En las largas
jornadas insaciables,
pasó bajo los arcos
en ruina, por las grietas
de la tierra violenta;
por su llanto.

Fue, vino. Como un viento desmembrado,
como un huido lobo que persiguen.

¿Adónde iba? Vuelve.
Trae duna en los ojos, trae las bombas,
ríos de fuego airado.

Le esperaban de noche –nuevamente-
y los despachos tristes, y los fríos.

Ha vuelto. Acaba el viento.
Dios, el huracán límite, las horas
regidas por la furia. Está tranquilo.
No le ronda el aplauso. Y es el héroe
(triunfó, oh dioses: ¡salve!, y es el Uno.

En el frente sin mares
-victorioso-
la última sangre de la muerte flota.

*
El léxico de la guerra es recurrente, acaso porque “nos ponen guerras en todas las esquinas” , dice en el 58; o porque “pertenecemos a los años de la muerte en cada esquina”, en el 61. Y logra con él imágenes delirantes, como esta del 77:  “y ahora miras al manso batir de los años / como si todo fusilase inútilmente a tu vida / pues ahí permanece.”

Vocación y decisión hicieron de Pinillos un escritor profesional. Pero antes pasó unos años de trabajo  funcionarial en Guinea Ecuatorial y en Gerona. La vuelta a la vida civil fue su renuncia a la máscara de vencedor. Y mientras, en esos años Cuarenta, iban apareciendo libros de poderosa influencia: Sombra del Paraíso, de Aleixandre, Hijos de la Ira de Dámaso, Los muertos de José Luis Hidalgo y Tranquilamente hablando, de Celaya.  Influencias que le pusieron en la onda poética de su tiempo. Publicó su primer libro en 1948, con 34 años.
En 1951, dirigiendo los dos números que dio la revista Ámbito de “Poesía y polémica”,  Pinillos se convierte en animador de la controversia en torno  a la “poesía social”, etiqueta que no le era nada grata.  Ese mismo año gana el Premio “Ciudad de Barcelona” con De hombre a hombre. Celaya lo prologa, dejando caer los desajustes formales del libro. Pinillos, hábil de reflejos, hace que delante del prólogo de Celaya vaya su “Justificación de un prólogo”, donde alega que
 “…las estilísticas, a estas alturas de una poesía afirmada en dolorosas circunstancias de vida, me parecen casi inmorales y sumergirse en su influencia, tan frívola corriente de ornamentación, como el vestir uniforme de gala  y lustrarse bien las botas para entrar en un combate de tanques…”
Justa y fina respuesta a quien había escrito: “Escribiría un poema perfecto / si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos”. 
El afán polemista de Pinillos creo que no le favoreció  en la humana vanidad de verse reconocido como lo que era: uno de los grandes poetas de posguerra.. Sin embargo, en Zaragoza la sociedad literaria siempre lo tuvo en alta estima y, como la de  Miguel Labordeta, su obra fue referencia querida por los poetas jóvenes. Y  él colaboraba con ellos en revistas tan, aún hoy, sorprendentes como Papageno, Orejudín, o Despacho Literario.
         Precisamente en un Despacho de la OPI de 1960, Eugenio Frutos encajaba a Pinillos en la “poesía situacional”: entre esos “hombres independientes” que conmovidos “por el dolor de nuestro tiempo, lo manifiestan auténticamente en su poesía”.  Años más tarde, Pinillos seguía gustando del artículo de Frutos.

LA MUERTE ESTÁ HECHA UN HOMBRE[3]
1
Cuando estoy solo, cuando estoy vivo,
cuando lloro sin llanto, cuando recuerdo,
cuando amo, cuando escucho simplemente
(el ruido marítimo del corazón
que barre su oleaje de fuego y ramas),
deseo vivir, deseo seguir
aunque esté solo,
aunque esté llanto, aunque me sude acíbar la memoria,
aunque ame desgarradoramente,
aunque me rompa en olas, aunque huya
hacia el fondo de corazón de niebla.

Cuando estoy muriendo, cuando oigo
las palabras que han escrito con sangre,
el odio, la docilidad, el apocamiento;
cuando sonrío dolorosamente
y pienso en la muerte y su comodidad
y casi apuro el vaso de su dormida música…
Pido vivir, pido seguir, pido llorar,
pido
por los que quedan, por los que me acompañan,
por los que mueren de día
desbordándose como el invierno y las lluvias.

2
Pero, qué hacer; pero, cómo estar, supervivir,
cómo ser si está el mundo cayendo por su tierra,
si el hombre está callando
por miles de palabras,
si el hombre está escribiendo de destino su hielo;
si el cielo tiene un tiro de frío por el alba.

Cómo, cómo estar, cómo seguir, cómo
quedar en lo imposible.

La muerte se ha hecho un hombre. La muerte acariciando
las espaldas, los labios, los cuellos del rencor,
crece continuamente,
llama en todos los ojos,
ríe ante cada ruina,
baila por todos los brazos su alucinante danza;
contra cada mejilla
aplasta su atroz beso.
Las manos, estas manos de promesa, abandonadas
de la abundancia cariñosa y el tacto de la luz,
nonos sirven más que para ahogar el corazón,
estrangularlo entre sus dedos gastados por la inercia.

¡Arriados abrazos y los labios con nubes!
El amor pasa como los humos
por el viento de la memoria,
ah flotante columna leve
en el anochecer del pecho.

Mientras yo miro a todas partes, miro
hacia la eterna esperanza,
todo se aleja, todo caduca, todo cruje
conmovido por el terremoto vencedor
que ordena la derrota sobre los ojos del hermano.
El hombre muere, el hombre
acaba ¡El hombre ha derrotado al hombre!

Pero yo siento todavía crecer
las hojas de mis dedos, el bosque,
el río nocturno de los besos aéreos
cuando camino la noche de mis aguas,
y la muerte crece y crece, crece y crece. O se confirma
en el mutismo de las lilas y sus trenes violentos
al chocar con la primavera.

Qué haré de mi bandera de sed, deshilachada
por su racha de furia; la belleza
que te tocó mi mano de niño o mi carne,
diosa dormida en la agonía de las flores,
sombra quieta, tristeza de la rosa:
vida…? 
*
   
         El existencialismo del poeta se manifestaba libremente y cuando le interesaba o le apetecía aparecían los ecos de las poéticas modernas. En los años centrales de su producción una de las protagónicas era la “poesía social” (véanse las coincidencias con Blas de Otero en el poema precedente) y cito algunos títulos de poemas que, por ser de la década del Cincuenta,  harían pensar en su adscripción a esa corriente: “Quiero deciros todo”, “Porque callar no basta”,  “Porque nada se espera”, “La vida (que dicen)”, “Con mala letra, a Dios”, “Hoy”. Pero los poemas se alejan de la claridad anunciada y se suceden torrenciales los versículos donde saltan meditaciones metafísicas entre amagos simbolistas, imágenes surrealistas o guiños postistas, complicando su lectura, complicando su ubicación. Y, bueno, Vallejo y algunas etapas de Neruda y de Alberti también requieren esfuerzo del lector, decía Pinillos, hablando de poetas que pulsaban cuerdas similares.
         Al poeta le conviene encuadrarse en un grupo, generación, corriente… La independencia conlleva riesgo de marginalidad. En Poetas sociales españoles, Manrique de Lara explica en su apéndice que Manuel Pinillos no puede entrar en la órbita por su tendencia hacia lo metafísico. Afortunadamente, podría decirse.
Aunque es banal seguir con este tema ahora, recuerdo que pasé muchas noches con Pinillos hablando de temas lindantes con la función de la poesía y que disfrutaba especialmente con mis recitados de Blas de Otero y del lorquiano Poeta en Nueva York. Él como premio me decía poemas de Hölderlin, o me ponía cintas donde recitaba Antonio Fernández Molina que, debo confesar, Margarita y Manolo oían extasiados y yo un poco amoscado.
Margarita era, más que su  esposa, su Zenobia. 
Hay muchas leyendas sobre la vida de Pinillos, quien en su afán por no mezclar biografía y obra alimenta involuntariamente el pabilo.
Uno de esos cuentos habla de dos amantes que por  algún impedimento familiar no debían casarse. Dicen que se casaron en secreto y que siguieron haciendo vida de solteros durante mucho tiempo. Y dicen que un poeta romántico no podía renunciar a su amor por tales o cuales cláusulas de un documento notarial. Yo no sé.

REALQUILADOS[4]
Esposa, mira, toca este suelo, este triste
cuarto que nos cobija tan desnudo;
se parece al momento que nos lleva, deshecho,
y enseña sus enormes rotos dando
en la calle con nubes una señal muy larga.

Sí, es algo parecido al grito del que vive
unido a la intemperie, al mendicante
despojado de todo y cercano a morirse.
Porque nos han quitado la antigua luz, la casa,
mi cuarto –aquel que puse vestido de mi amarte-
y somos casi unos mendigos que se abrazan
en el lecho que empieza a hundirse y baja a un miedo.

Y algunas noches, lentas cual burbujas
de un mar asolador, no tenemos apenas
fuerzas para sentirnos
unidos a los brazos que se buscan, se oprimen;
al cuerpo que remueve
la voz del corazón. Esposa, escucha
este gran remolino del día, este diluvio
de noticias feroces y dime que aún esperas
algo que nos afianza en el apego:
consigue de los años que crueles se hocican
sobre nuestro destino –terrible suceder-
que se nos hagan bellos como cuando anochece
y quedan astros fuera de la bóveda oscura.
Nos ha puesto la vida su mortífero y hondo peldaño de sufrir.
Estamos sin dinero, sin lámpara en el techo,
y hay que seguir la marcha
porque si nos dejamos arrastrar por la inercia
caeremos en las fauces del dios devorador:
esa muerte que suele irrumpir si te quedas
quieto bajo la sombra
que acecha ávidamente a los pobres que huelen
el convite de lejos y nada obtienen. Dame
la mano y repongamos la confianza. Escucha
el silbido del campo que desde la ventana
vemos fulgir al sol. Y olvida
que esta casa no es nuestra, que fuimos despojados
de la propia en un día
cualquiera, y que ese Banco de mármoles y cheque
que compró por tres céntimos su derecho a arrojarnos,
estará ahora rompiendo los muros, los tabiques
que supieron los besos íntimos, las palabras
que dejamos en ellos colgando cual pedazos
de nuestro ondear la antorcha que allí nos alumbraba
en el cada momento del ir a desfallecer.
¡A cambio de eso él les pondrá un oro sucio,
mientras un algo, nuestro, se quedará allí ahogado:
en medio de aquel templo de lujo y zafiedad!
Realquilados somos en el mundo habitado
todos los hombres. Álzate,
sigue dando tus hombros
a mi hoy sin apoyo, y bésame muy prieto,
muy dentro de la entraña;
pues que también los despedidos
del banquete, podemos ser felices un rato
si sabemos estar en el amor. Oh, déjame
apoyar la cabeza en tu pecho extremado
y miremos los huertos humildes, las ovejas
que comen su hierbilla y a las que desde aquí oímos
mover lentas esquilas como un campanico hondo.
Pues vivimos al borde del campo, eso que abriga.

Y olvidemos lo otro, estemos más cercanos;
estemos olvidando que el porvenir es mísero.
Porque, al fin, aún seguimos en la tierra
y tu mano me deja un calor, un timbrazo
que me pone despierto el respirar. Y el alma
aquella que te diera, requiere todavía
que eternizadamente sigamos el camino,
pisemos la vertiente, muramos sin temblor,
juntos, igual que el río entrelaza sus aguas.
*
Quizá algún error de cálculo le hizo apostar por jugársela a la carta de la poesía. Tal vez a mitad de camino, Margarita Sanjuán hizo posible la constancia en el empeño.
         Pinillos no llegó a ver impreso el estudio de José Luis Calvo Carilla Introducción a la poesía de Manuel Pinillos, al que hay que remitirse para un certero acercamiento a su obra.
         Para finalizar copio este soneto, aunque puede, no recuerdo dónde, que tenga una errata.

UN IMPRUDENTE MUERTO[5]

A punto de morir, estaba un hombre,
pobre como la voz que a un frío escucha,
pidiendo un pan, pidiendo amor. Su lucha,
tal que la nieve cayó. Nadie se asombre.

Antes de ser “lo que la muerte escombre”,
quiso advertir que iba a su fin. No es mucha
la osadía. Mas grande fue la ducha
que, heladamente, le caló hasta el nombre.

Le dijeron: “Despojo, no te quejes,
no nos tires tu lágrima; es molesto.
Acaba ya, no importa que te alejes.

Pero hazlo bien, sé fino en ese gesto.
Que esté correcto el muerto que nos dejes.”
Vomitando murió, torpe hasta en esto.





[1] Tomado de la revista Narceja, nº 8, Sao Paulo, 1961
[2] En De hombre a hombre, ed. Alisio, Las Palmas, 1952. Tomado de Introducción a la poesía de Manuel Pinillos, estudio y antología de José Luis Calvo Carilla, Prensas Universitarias, Zaragoza, 1989
[3]  Tomado de La muerte o la vida, Colección “Doña Endrina”, Guadalajara, 1955
[4] De Viento y marea, 1968. Tomado de Fuente de Cibeles, separata homenaje a M. P. de la revista Malvís, Madrid, 1989. 
[5] En Hasta aquí, del Edén, Zaragoza, 1970



Luis Felipe y Manuel Pinillos, 1978 Foto: Jacinto Ramos