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21 de mayo de 2023

Deslices en el Artes & Letras del domingo

 Artes & Letras publica hoy dos artículos -escritos al hilo de sendos libros recientes- que merecen cierta  matización por nuestra parte.

En uno, ("Vida y obra de un poeta incontinente") de Octavio Gómez Milián, se habla de nuestro ¡Más margen malditos! y se da a entender que Ángel Guinda facilitó la colaboración de Leopoldo Mª Panero. No fue así y quizá la culpa del malentendido sea nuestra por no haber desmentido en su momento al causante, o no haber detallado más el asunto a su biógrafo, J. Benito Fernández. 

Dado que en la operación hacer un espectáculo + sacar a Panero del psiquiátrico + reunir a Irigoyen con Panero y con Guinda + etcétera... en esa operación, digo, participamos mucha gente es por lo que matizamos: Guinda equivocaba las fechas de algunos sucedidos con relación a Panero. En la segunda edición de El contorno del abismo, que acaba de salir y que estará vendiéndose en la Feria del Libro de Zaragoza, se incide en esa etapa.

Nos ponemos en el lugar de Gómez Milián. Comentar una biografía de casi 600 páginas no es fácil, menos aún si se trata de un escapista como Panero, y si, además, se le ha conocido de cerca, como es su caso, con la distorsión emocional  que ello implica.

En resumen: agradecemos que se nos cite, pero la relación de Guinda con Leopoldo no "desembocó" en la creación del espectáculo, simplemente porque aún no existía tal relación.

Y, lo dicho, en el puesto de Antígona en la Feria del Libro estará J. Benito Fernández el día 8 de junio. Por la noche hablará en las Noches de Juglares.


*

El otro punto a matizar es el comentario final de Antón Castro en su artículo ("La belleza del sol y de la música") dedicado a la antología Compás y tierra, realizada por José Antonio Conde con poemas de Rosendo Tello.

El artículo recoge citas del prólogo de Conde y de anteriores trabajos de Antonio Pérez Lasheras, con estrofas de Rosendo y apreciaciones propias de Antón. 

Bien, pero Antón habla de Tello como "lector emocionado" de varios autores, entre ellos Jaime Gil de Biedma. Que lo haya leído no nos cabe duda, pero como se trata de estéticas enfrentadas, es más que dudoso que el poeta aragonés haya sentido alguna emoción de signo positivo.

Características generales de Biedma, como el hedonismo, el  monologuismo polifónico, el léxico cotidiano, la ironía... están para Tello más cerca de la prosa que de la "experiencia de la poesía" que el aragonés reclama frente a la "poesía de la experiencia". Con igual desapego se ha manifestado a propósito de otros autores de la llamada Escuela de Barcelona donde, en general, los versos miran más hacia afuera que hacia dentro.

(Quiero aclarar que, por más respeto que nos merezcan las opiniones de un poeta, no nos obliga a ver las cosas igual. Aquí interpretamos tanto a Tello como a los poetas de la poesía social, cívica, o como queramos etiquetarlos). 

El lapsus de Antón, pienso, se ha podido producir por el cruce de tres "Giles": los citados Gil de Biedma y Juan Gil Albert, y -el que probablemente quería citar-  Ildefonso Manuel Gil,

Esta semana, Los Libros del Gato Negro presentarán la antología de Conde. Allí nos veremos, amigos.








19 de abril de 2023

Cinco décadas

 Me pide mi socio Manolo que redacte un historial resumido de mis 50 años en El silbo vulnerado. No sé para qué caramba lo necesita, pero me insiste que el escrito se centre en mí y no hable de nadie más. Cosa imposible. Se aprende de otros y se crece con otros. Nadie es absolutamente autodidacta.

Hacer números es fácil, pero ¿cómo resumir 70 montajes con obras de 80 autores pasadas a la escena, 4.000 funciones en 20 países y 250 artistas y técnicos con los que has trabajado a los largo de cinco décadas?

Con todo, le prometo citar al mínimo posible de amigos, maestros, colegas, familias, y demás hacedores de esta fantasía que es El silbo vulnerado.

Los setenta

En 1971 comencé a dar recitales de poesía con músicos. Luego se incorporaron compañeros de la escuela de teatro y en 1973 pusimos “El silbo vulnerado” como nombre del grupo. Al año siguiente me profesionalicé como “rapsoda”, siendo este oficio especializado el que ha primado en mi actividad teatral.

¿Cincuenta años? Sí, pero más o menos, porque no me atrevería a poner una fecha fundacional. En cualquier caso, como seguimos trabajando, me es un poco indiferente. El día a día no nos invita a pararnos para celebrar cumpleaños.

La década inicial de El silbo fue procelosa, pero la juventud podía con todo.  Estudiábamos y trabajábamos para sacar adelante un grupo (ahora sería un “proyecto”) que nos permitiera compartir con la gente nuestras pasiones, o sea la poesía y la música. Tiempos de colegios mayores, actos cívicos y homenajes a Federico, a Don Antonio, a Miguel… Una vez, en comisaría, me dijeron que había llamado “cabrón” a Franco. En mi afán didáctico de ilustrar a todo quisque, les aclaré que dije “sapo iscariote y ladrón” y que León Felipe nunca llamó “cabrón” a Franco (como sí hicieron otros autores).

Me consideraba un estudioso de la expresividad de los intérpretes  y llené cuadernos con los desarrollos gestuales de muchos artistas. Buscaba correlaciones entre las funciones del lenguaje oral y el lenguaje gestual.

Los ochenta

En 1982, con Goyo y Carmen, incorporé a Héctor Grillo como director de escena, con quien trabajaríamos periódicamente muchos años. Con él nos instalamos en Andalucía desde donde irradiamos propuestas de géneros mestizos, ora sobre Quevedo, ora sobre poesía hebrea medieval, etc. Pasamos una larga temporada en Madrid, fundamentalmente para asistir a las tertulias semanales del Manuela, el café de Malasaña donde oficiaba Agustín García Calvo. En 1985, tras recorrer –con la sátira erótica del XVIII- los cafés teatro españoles, y con Quevedo diversos festivales, como el de teatro clásico de Almagro, volví a Zaragoza para organizar la campaña provincial de teatro, de donde nacería la feria de teatro –pionera en el país. Fui a Argentina para conocer los movimientos artísticos que renacían tras la dictadura. De vuelta, comencé a promover en Zaragoza iniciativas surgidas tras lo visto por allí.  La década terminó con varios montajes que fueron sonados, y con giras por Guinea Ecuatorial, Francia, Argentina y Bolivia.  

En esos primeros veinte años no solicitamos ninguna subvención, porque en el fondo sabíamos que nadie daba un duro por la pervivencia de un grupillo que juntaba pasado y presente en sus aventuras juglarescas.

Los noventa

Pero los años noventa tuvimos apoyos institucionales (la trayectoria ya era incuestionable) y pudimos trabajar en España con artistas lejanos, editar, grabar, y hacer espectáculos con formato grande. Lo que ahora se llama “colaborativo” lo practicamos a nuestra manera, con resultados –con frecuencia- sorprendentes. Hicimos coproducciones con colegas franceses, castellanos, cubanos y argentinos. Yo compaginaba las tareas en el grupo con la reinvención de un bululú moderno, que me sigue permitiendo colarme en espacios alternativos a los oficiales. Introdujimos danza, proyecciones, plataformas elevadoras, etc. en algunos montajes, sin dejar de hacer recitales básicos de voz y música.

En México me conmueve el recuerdo de los viejos republicanos. Como años atrás con la copla andina, el exilio español pasa a ser uno de mis “temas” recurrentes.

Dos mil

El cambio de siglo nos pilló algo cansados. La alergia a los formularios disparatados nos fue alejando de las subvenciones. Volví a trabajar en todos los espectáculos del grupo. En 2001 monto Memoria de Borges y creo comprender algunas esencias que el argentino compartía –sin quererlo-  con la gran poesía, significada para mí en Antonio Machado, Rosendo Tello y Agustín García Calvo, del gremio poetas-profesores. El estudio de Borges –conferencias, poesías, narraciones, ensayos- me trastoca comportamientos más allá de la escena; siento que el niño entusiasta que llevo dentro empieza a madurar: la soberbia se va atenuando, por ejemplo.

Vuelvo a interesarme vivamente por el “cómo” y me vuelco en el estudio de los fundamentos del verso castellano. A la par, me centro en el desarrollo de los guiones, digamos que acabo haciendo "guión de lo guionizado".

Esa primera década del XXI acabó muy mal. En 2008, mientras nos encargábamos de presentar a cincuenta poetas aragoneses en la Expo, los ayuntamientos comienzan a demorar los pagos. Era la “crisis” que algunos imbéciles llamaban “oportunidad”, que eso quería decir en chino.

Dos mil diez

2010 fue el centenario de Miguel Hernández, de cuya referencia nunca nos hemos apartado. Revisamos obra y vida, siguiendo rigurosamente los últimos estudios. Participamos en la organización de homenajes en las Américas, pero en España tuvimos mucha competencia para hacernos hueco. 

Con frecuencia, los contratantes tardaban un año en pagar las funciones. Se aguantó como se pudo hasta 2012, cuando, en accidente callejero, me rompí los dos codos y tuvimos que suspender toda la primavera (nuestra temporada alta). La empresa saltó por los aires. Como quien dice, fue un volver a empezar. Nos asociamos con dos empresas que permitieron la continuidad del trabajo. Una, de Remolinos, El Paragüero, que nos dio cobertura en España; y otra, Iberlingva, con la que mantuvimos programas para estudiantes de español, en la onda de la lingüística cognitiva, recibiendo el reconocimiento del Congreso del Español de Salamanca.

Un espacio auténticamente alternativo, La Fábrica de Chocolate, nos dio la infraestructura para el trabajo creativo y logístico.

Una de mis actividades desde hacía tiempo era el mantenimiento de una suerte de tertulia-recital semanal en determinados bares de la ciudad. Los años más agudos de la crisis los pasé en El Mangrullo, La Topera y La pequeña Europa, donde los encuentros semanales servían como paño de lágrimas para los parroquianos sufridores de la debacle económica. En un intento por saber hacia dónde se dirigía nuestro mundo, alterné los homenajes a Celaya, Gelman, J.A. Labordeta, y otros poetas, con ciclos centrados en las obras de dos pensadores de cabecera. Uno fue Mc Luhan, del que celebramos los cincuenta años de su Galaxia Gutenberg. Otro fue  Bauman, con el que aprendimos a ver que nada es por casualidad. En las explicaciones de Bauman sobre la posmodernidad descubrí coincidencias con la obra de Nicanor Parra, y me agarré a su obra como el náufrago se abraza a una madera  vieja. El propio Nicanor me ofreció el título: Todos contra Parra.

Mediada la década, recibí varios reconocimientos por mi trayectoria.

Con ayuda de compañeros y amigos del grupo, emprendí la aventura de montar una obra muy ambiciosa, Historia de la tortilla española, que conseguí estrenar en el Teatro Periplo de Buenos Aires.

Paralelamente, una colega entrerriana me pide ayuda para formarse en la interpretación del verso; de ahí salieron nuevas propuestas que presentamos juntos en tierras argentinas, bolivianas y españolas. Con ella vi la oportunidad de montar una obra centrada en la figura de la legendaria Berta Singerman. La estrenamos en la zaragozana sala Arbolé.  La acogida fue favorable, pero la pandemia paralizó el proyecto.

Dos mil veinte

Pese a todo, ahora que lo pienso, los últimos diez años han fructificado en otros tantos espectáculos, siendo Poesía memorable el último, que me sirve como recuento de poemas que una vez trabajé y que permanecen –por algo será- en mi memoria.

Ahora, en 2023, revisaremos Vuelve Berta Singerman, y la reestrenaremos en el Teatro de La Estación en julio. Y lo haremos –como tantas veces- como acto de justicia poética. Ya sabemos que no estamos de moda, que el teatro está desvalorizado por estas tierras, o, por lo menos, que nuestra presencia es prescindible. Ley de vida, supongo.

¿Lo inmediato? El programa Noches de Juglares, que en el parque Delicias presento desde hace 28 años ininterrumpidamente. Entre medio, seguir difundiendo entre los profesores de lengua y literatura nuestras claves para despertar afición a la poesía en la Gençana, o en las jornadas de Arenas de San Pedro. 

La actuación más importante para el artista es la próxima, siempre.

 

 

26 de junio de 2022

Con Jesús Lou

Hacíamos cosas raras. Entonces no nos parecía que lo fueran, porque los raros eran los demás.

Jesús. Foto: Manolo Forega, 1980

Nos habíamos conocido en el grupo de objetores. Un día, el eurodiputado  radical italiano Marco Panella se puso en huelga de hambre reivindicando el derecho a la objeción de conciencia en España. Y aquí se entendió que debíamos secundarlo, cosa que hicimos Jesús, Víctor, José y yo, objetores de primera generación. Recuerdo que, según pasaban los días (aunque pocos, eh!) perdíamos capacidad auditiva y Jesús tomaba apuntes de cualquier síntoma de alteración sensorial. Confraternizar en una huelga de hambre fue una de las primeras aventuras compartidas.

*

Otro día, Jesús "se encerró" con otros dos en su buhardilla de Miguel Servet. El objetivo era averiguar todo sobre Jorge Manrique, incluida la historia del XV, con su laberinto de reyes y reinados... por si fuera de interés saber de que lado combatían los Manrique. 

Jesús. Castillo de La Mota, 1979

En otro artículo del blog, escribíamos:

En 1979 se cumplían 500 años de la muerte de Jorge Manrique.  Estudiamos a fondo no solo las partituras próximas a la época y  las distintas ordenaciones de las Coplas, sino también todos los estudios que pudimos encontrar, empezando por el de Serrano Haro en Gredos. No sé cómo, llegó a nuestras manos Jorge Manrique o tradición y originalidad de Pedro Salinas, su primera edición, en Sudamericana, que se convirtió en nuestro libro de cabecera. Los “manriqueños” éramos Goyo Maestro,  Jesús Lou y yo.

 Buscamos inspiración en Uclés, en Santa María del Campo Rus, en Garci Muñoz, en Paredes de Nava, en Segura de la Sierra, y en Ocaña. Nos dieron permiso en la Biblioteca Nacional para cotejar ediciones glosadas de las Coplas editadas el siglo XVI, comprobando que ordenación y grafía respondían, acaso, al capricho del glosador o de su editor.

Jesús, Luisf. y Goyo. Paredes de Nava. Foto: Rosa Calvo, 1979

 *

Las amistades de unos y otros se compartían. Pocas tenían que ver con nuestra misión: Teresa Portero, obrera fabril. Pilar Tena, estudiante de artes. Luz Rueda, veterinaria. Julián Martínez, panadero. Azucena Gimeno, estudiante de teatro. Carmen Gascón, jugadora de hokey sobre hierba. Antón Castro y Antonio Ceruelo, fotógrafos. Tales eran, entonces, las actividades de nuestros amigos y amigas. Había más, entre los amigos objetores (los García...), amigos de la música (Alfonso Isasi, Emilio Casanova...), amigos por familia (Mª Jesús, Choni, Chuchi...), amigos por poetas (Guinda, Trini, Forega...) amigos del teatro (Juancho Grael, Santiago Meléndez...) con muchos  nos encontrábamos de noche en el Bonanza, o en El Ángel Azul, donde bebíamos cerveza Siglo XV, nueva marca de La Zaragozana.

Jesús sacó el carné de conducir y, como le gustaban los paisajes y los paisanajes, se hizo imprescindible en los proyectos artísticos que, con Paco Ortega y Miguel Ángel Encuentra, emprendíamos en Tauste, en Mora de Rubielos, o en La Almunia.

 *

Luisfelipe, Carmen Orte, Goyo Maestro, Jesús Laboreo, Lourdes Lachén, Paco Cuenca y Jesús Lou. Sala Camaleón. Foto M. Forega, 1980 
 

Tras Manrique, intentamos otro proyecto. Jesús tenía dotes superiores para la expresión corporal. En Sucedió en Zaragoza, con la compañía ampliada, Jesús recrearía el personaje de "El Mudo", que también era sordo. En escena se disociarían la música y el accionar del protagonista.

Jesús, por entonces muy aficionado a los montajes de Santiago Meléndez (Tierra negra, etc.) conocía la trascendencia del más nimio movimiento cuando no "se habla".

Sucedió en Zaragoza. Ensayos. Foto, M. Forega, 1980

En Un sueño de juglares, Antón Castro dedicó unas páginas a este intento:

 

*

Viajábamos con frecuencia a San Sebastíán. Un día, con Goyo también, fuimos más allá... a Gotein Libarrenx, donde Michel Graçi nos había citado para ver al Cuarteto Cedrón. Llevábamos nuestra primera cámara de vídeo. El magnetoscopio (que pesaba 14 kilos), era para cinta beta y podía registrar color, pero la cámara solo admitía blanco y negro -no nos había llegado para más. 

Camino de Francia, el coche se estropea en Gallur. Goyo, que tenía estudios de mecánica, entiende que se ha roto una pieza y hace falta un taller. El taller dice que nos cambia la pieza mañana. Pasamos la noche en el coche y, casi a la hora de empezar el recital, llegamos al pabellón de Gotein Libarrenx. Lleno hasta la bandera.

Hoy llama la atención que los músicos no tuvieran monitores y que la microfonía fuese de media docena de micros situados estratégicamente. Lo cierto es que allí había cerca de un millar de oyentes y ¡se oía!

Nosotros tomábamos el sonido ambiente, con el micro de la cámara, que no era malo. Si Jesús hubiera decidido plantar la cámara al otro lado del cuarteto, hacia Carlsen, el sonido del bajo se escucharía mejor, pero en demérito de otros, seguramente.

 
 




 *

Emilio Casanova había dejado el mundo de la música y trabajaba en creaciones  audiovisuales. Pronto comenzó a contar con Jesús. Se puede decir que, entonces, trabajando en los proyectos de Emilio, convirtió Lou su vocación en profesión. Eso sí, hay que decir que nunca trabajaba en proyecto que no aportara un estímulo intelectual, espiritual o afectivo.

Desaparecía largas temporadas, porque hacía cursos de imagen en Madrid, por reunirse con Goyo en alguno de sus retiros, o por concentrarse en el pueblo donde su hermana estuviera destinada como médico rural. Cuando se proyectaba una nueva aventura y no se encontraba a Jesús, había que llamar a su hermano Miguel, que, en Madrid, constituía uno de sus apoyos principales para seguir dedicándose a este oficio, duro como la piedra.

Algunos de nuestros emprendimientos, creo yo, fueron importantes.

En 1986, nos embarcamos en la aventura de los festivales folk en el Oasis. Jesús consiguió los apoyos para registrar las 6 sesiones con equipo profesional. Otros artistas que venían a la ciudad (Leda Valladares, Leopoldo Mª Panero, Javier Villafañe...) también contaron con el seguimiento de sus cámaras.

Por cierto, esta temporada estamos subiendo al blog  grabaciones de esos años, que Jesús había digitalizado y copiado para Goyo.

*

Un día de invierno, Jesús y yo nos presentamos en el Psiquiátrico de Mondragón: Leopoldo Mª Panero está de acuerdo en venir a Zaragoza para el estreno de Más Margen, Malditos. Al director del centro le parecemos de fiar y da el consentimiento. 

A partir de ese momento, Jesús, como hechizado por el poeta, hace un seguimiento exhaustivo del montaje y de la presencia de Leopoldo en Zaragoza: en el tren, en la estación, en las tertulias, en el teatro... Solo deja la cámara en los momentos más oscuros. Valga este ejemplo que escribe J. Benito Fernández en la biografía de Panero El contorno del abismo (Tusquets, 1999):

Un mediodía se personan Luis Felipe Alegre y Jesús Lou (Leopoldo le llamaba Mamá Lou porque le cuidaba y le ayudaba mucho) en casa de Guinda -Hernán Cortés 9- para rogarle que acuda a casa de su cuñada (Marta Guerrero) y convenza a Leopoldo de que vuelva al hospital. Creen que debe hacérsele un reconocimiento médico a causa de su deterioro. (...)

Por la tarde, lograron llevarlo en un taxi al Hospital Provincial de Zaragoza. Una vez en consulta, el médico le recomienda que esté un par de días en observación, a lo que el paciente se niega con rotundidad.

Entretanto, Guinda y Jesús Lou esperan en el vestíbulo del sanatorio. De pronto, por detrás unas manos agarran el cuello del primero con una fuerza estranguladora. Es, claro, Leopoldo. Jesús Lou forcejea con él hasta que logra apartarlo. (...) Apaciguados los ánimos, se marchan los tres.

Lou frente a Panero. En El Monaguillo, 1987

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En 1988, Jesús, Carmen Orte y yo viajamos a Guinea Ecuatorial. En este post se habla de ello y se ven muchas fotos hechas por Jesús, que a ese viaje no llevó la cámara de vídeo.


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Entre diciembre de 1988 y abril de 1989, Jesús, Carmen y yo íbamos a seguir ruta por América del Sur. Valga aquí aclarar que no teníamos subvención de ningún tipo y para los viajes que hacíamos nos metíamos en créditos y préstamos de amigos y familiares. Jesús se manejaba ya con una tarjeta bancaria; Carmen y yo seguíamos con los cheques de viaje.
 
Tuvimos la suerte de encontrarnos con Javier Villafañe, y él fue quien nos abrió las primeras puertas: LiberArte, la casa de Horacio Guaraní -donde pasamos las navidades- y el Festival de Necochea (del que hablamos aquí). Fue, precisamente, en esa ciudad, donde desapareció la cámara fotográfica de Jesús, por lo que la gira tuvo más vídeos que fotos.
 
De Buenos Aire viajamos a Santiago de Chile, donde Pedro Valdivia, que había estado exiliado en Zaragoza, y en ese momento trabajaba en la recomposición del partido socialista chileno, nos guió por los antiguos reductos del folk.
 
Una situación extemporánea nos dejó conmocionados: Villafañe nos había encomendado llevar a Roberto Espina un sobre con unas pruebas de imprenta. Llamó Jesús al escritor y quedó en que iríamos a su casa, que estaba en una montañita. Conforme nos acercábamos, comprendimos por qué Víctor Jara titulaba su versión de Little boxes como Las casitas del barrio alto. No era la primera vez que entrábamos en una urbanización para ricos, pero era tan grande el contraste que daban ganas de llorar.
 
Tras varias gestiones aquí y allá, comprendimos que iba a ser imposible actuar en Chile. Camino del norte, paramos unos días en Antofagasta. Luego, en Arica dividimos la expedición: Carmen y yo seguiríamos hacia La Paz, y Jesús seguiría hacia Perú, con idea de entrar en el Amazonas. 
 
Jesús en el Pacífico. Antofagasta, enero 1989.
 
Mientras nosotros pasábamos un mes y pico actuando con aceptables beneficios en Bolivia, Jesús andaba entre barcas y contrabandistas, corriendo serios peligros de los que salió como pudo. Cuando nos volvimos a encontrar en Buenos Aires, ya solo quería adelantar el viaje de vuelta a España. Esos días, Marcelo Reyes nos alojaba en su casa de Arenales. Antes de volver, Jesús instruyó a Marcelo en el funcionamiento de la cámara de vídeo, para que siguiera grabando nuestro periplo. No sé cuánto sería el roto, pero Jesús no dejaba de maldecir el dinero de plástico.

*
Al año siguiente emprendimos la aventura de hacer una gira por España con Leda Valladares. Parte del proyecto era hacer canto colectivo en institutos: Silencio se canta. Lou organizó el equipo de grabación, a la par que Tecno Saga, que registraba el audio de las actuación para editarlo en cd.
 
Leda Valladares, Jesús, Luismi Bajén, Jesús Floría y Carmen. 1990
 
Jesús, con Goyo y Floría

*
Cuando no coincidíamos en alguno de los proyectos de Casanova como Goya. Pintar hasta  perder la cabeza, donde Jesús dirigía la fotografía, nos veíamos trabajando en colaboración con otros colegas, como Cultural Caracola, el Teatro Arbolé, o la Asociación de Gaiteros. Ejemplo: el ciclo Más o menos juglares
 
 *
En 1993, la empresa B de Vídeo -creada por Jesús y Miguel Lou- se asoció con El Silbo para hacer el capítulo piloto de una serie titulada Poema de familia, con guión mío. Era una comedia de situación donde los personajes introducían versos de autores conocidos en sus diálogos. La idea era tratar esos textos interpolados en un juego interactivo, cosa en la que se pensaba aquellos años.
 
Gran elenco de actores (Esperanza Abad, Cristián Casares, Mariano Anós, Iñaqui Juárez, Laura Plano, Pilar Delgado, Esteban Villarrocha, Agustín Miguel) unidos a los de El Silbo (Carmen Orte, Goyo, Cristina Lartitegui, yo...). El realizador era José Miguel Iranzo. Y el equipo de ayudantes era prolijo: Ángel Lahoz, Emilio Abanto, Luisa Latorre, Ana Abán, Pilar Trillo, Domingo Moreno, Karlos Herrero, etc.
 
Hubo mala suerte en la venta del proyecto y se quedó en el capítulo cero. Pero -cuando se recupere - subiremos la obra, pues tiene interés.

Jesús, Cristina Lartitegui y José Miguel Iranzo. Grabación de Poema de familia, 1993

*
Son, en verdad, muchas las cosas que El Silbo no hubiera hecho sin Lou. 
 
Quiero despedir estos recuerdos con un vídeo-poema que grabamos en 1995. Estábamos  en una expedición de Payasos sin fronteras, en los Campamentos de Refugiados Saharauis, en Tinduf (Argelia). Los versos de Nicanor Parra traducían nuestro sentir.


Carlos Calvo escribió en elpollourbano:

Jesús Lou o cómo los recuerdos vuelven a perderse como lágrimas en la lluvia
Luis Iribarren escribió en aragondigital.es:
 
Antón Castro escribió la necrológica en el Heraldo de Aragón:
 
 
 
Y a los que quedamos solo nos resta repetir: "Gracias, Jesús".

18 de junio de 2022

Antígona: Memorias de Pío Muriedas, el día 23 de junio

Qué bien nos viene que el 23 de junio se celebre en el Parque Delicias la Hoguera de San Juan (solsticio de verano, día más o menos). Como ese día es jueves, no habrá Noche de Juglares (faltará la del día 30) porque todo el parque se concentra en los cantos, juegos y ceremonias de la hoguera.

 

Así, que ya pueden contar los amigos de la Librería Antígona, que a las 7 y media de la tarde estaremos en su trastienda para oír hablar  a Manuel F. Gochi de su padre: Pío Muriedas (Pío Fernández Cueto), el legendario recitador español, muerto hace 30 años.

 

No hace tanto, hablábamos del libro Recuerdo de mis pasos perdidos y recordábamos la vinculación de Pío con la tertulia del Niké.

 

 Así que será un placer escuchar a Manuel F. Gochi de esas memorias, así como del libro María Luisa y Pío, que recoge cartas, versos y dibujos en torno a sus padres, junto a otros documentos que subrayan el peso que una figura solitaria como Pío tuvo en el mundillo de la oralitura española.

 



2 de febrero de 2022

Ángel Guinda: juglar entre juglares

Ángel Guinda Casales (Zaragoza, 1948- Madrid, 2022) fue poeta, ensayista, traductor, editor y juglar. 

*

Cuando la vocación de trascendencia se adueña de la cabeza, el poeta usa la voz y busca oídos. En 1976, Guinda, que ya había dado ese paso varias veces, se presenta en el Homenaje a Miguel Hernández donde -entre otras voces destacadas en la oposición zaragozana de aquel entonces-  se anunciaba su actuación. Vestido de negro, enjuto él, sin papeles, se plantó, pero no recitó. El poeta entonó sus versos con voz profunda, pero la más profunda. No se puede decir que fuera una canción lo que se oía en el aula magna de Filosofía y Letras. Era una melopea, una entonación rítmica y melódica. En fin... a Ángel le gustaba cantar y escuchar cantar, tanto a Paco Ibáñez como a Janis Joplin. Le gustaba la trasmisión oral.

También era aficionado a la escritura callejera. Primero con brocha y luego con pintura a presión: "Para morir toda vida es poca" o "Si tú me faltas ya me sobra todo". Los firmaba con un círculo rojo con un rabillo hacia arriba; o sea, una guinda. De la vigilancia se ocupaba Trinidad Ruiz Marcellán, Trini.

Ángel hacía copias (mecanografía y calcos) de los poemas que creía interesantes para la voz y los repartía entre recitadores y cantores. Así, su camarada de partido, Tomás Bosque, en su segundo y espléndido disco, titulado Tomás Bosque , grabó "Canción no", "Hacer España" y"Canción Pública". 

Era el año 1978 y el poeta intervenía no solo donde se le invitaba, también se inventaba sus maneras, como cuando se ponía con el cartel de poesía en la calle en la plaza de Santa Cruz, entre los pintores del domingo, y decía o repartía sus últimos versos a los paseantes. Recitaba en las tertulias donde confraternizaba con los nuevos y viejos poetas. 

Su militancia en el Partido Comunista de España (hay que ponerlo todo, porque había muchos partidos comunistas en España) no era óbice para que se amigase con seguidores de otras banderas. Aquí no había impostura: la fraternidad que predicaba la practicaba.

El público de Guinda crecía con cada una de sus intervenciones públicas.También en el 78, Ángel consigue poner en pie a toda una plaza de toros con sus pareados tremendistas titulados: "Mi personal homenaje a un general muy particular: Augusto Pinochet Ugarte":

«Pinochet, pedo de trueno,
matón del pueblo chileno.

Valiente bufón de U.S.A.
con la pistola en la blusa.

Gigante de los escombros
con la sangre hasta los hombros.

Cuando te masturbas echas
ríos de pólvora y mechas.


Cuando estornudas salpicas
mocos que luego masticas.

Fracasado de torero,
cloaca del mundo entero,

la mierda no es negociable
por más que asuste tu sable.

Pinochet, pedo de trueno,
matón del pueblo chileno.»

Era el 5º aniversario de la caída de Allende, y Emilio Ubieto lo organizó de tal manera que el clímax de la primera parte se alcanzara con los versos de Ángel.
 

En esos años  ya participaba en algunos de los recitales de El Silbo Vulnerado, los que se hacían en los pueblos los fines de semana: Illueca, Tauste, Zuera... donde el núcleo del grupo (Luisfelipe, Goyo Maestro, Lourdes Lachén) se ensanchaba con poetas en ciernes, como Manolo Forega, o músicos como Javier Laboreo y Paco Cuenca. Francisco J. Gil, que había pasado a La Bullonera, le puso música a"Te seguiré queriendo" para que la cantara Lourdes. Ángel avisó que se la había dado también a Rosa León. En esos recitales conjuntos, Ángel recitaba versos propios y de otros como Neruda, Salinas, o Mallarmé.

El poeta tenía inquietudes éticas y formales, más allá del papel. Las poéticas de Blas de Otero le iluminaban: "La poesía señores/ no solo en los libros imprimamos/ en el aire/ el aire es el papel más transparente". Otra: "Escribo/  hablando".  En la "Cartilla [Poética]" el bilbaino asumía un tipo tipo de militancia poética:

(...)Pero yo no he venido para ver el cielo,
te advierto. Lo esencial
es la existencia; la conciencia
de estar
en esta clase o en la otra.

Es un deber elemental.

El poso del bilbaino se dejaría ver en Poesía y Subversión -Manifiesto del 78- que fue una de las primeras apariciones de Olifante, la editorial de Trinidad Ruiz Marcellán que tomaría el relevo de Porvivir Indiependiente cuando Ángel se dio más a la voz que a la imprenta. En ese Manifiesto, declaraba:

"Nebrija aconsejó escribir como se habla. Nosotros precisamos: Escribir como se vive".

Con estas aseveraciones, Guinda se metía en divertidos jardines, como cuando se presentó un número de Lapsus Calami dedicado a la Literatura y la Tauromaquia. El acto se celebraba en el Campo del Toro y el restaurante se llenó con los colaboradores de la revista, alumnos del Taller Literario de la U.P.Z. y tertulianos del Levante. Su director, el poeta Pedro Gómez-Cornejo, había invitado a participar a Guinda, a Rosendo Tello, al Silbo y a varios toreros. Las copas se servían generosamente. A Ángel  se le subió el protagonismo a la cabeza y lanzó sus comparaciones entre toros y poesía, trasladando al arte de Cúchares las consignas poéticas. Y llegó el punto en que Rosendo no pudo por menos que matizarle enfáticamente: Ni escribir como se vive, ni la palabra transforma por sí nada, ni el poeta tiene que estar siempre en contra, ni buscar las multitudes... El silbo tuvo que poner música y los polemistas fueron sacados a hombros por los matadores. Los asistentes aplaudieron la disputa, pues ¡por fin! habían descubierto que la poesía tiene sus bandos y cada uno sus razones, por lo que se podía no solo hablar, sino hasta discutir de ella con pasión. Como los aficionados taurinos.

Guinda pretendía que, a fuerza de consignas, los poetas en general fueran dignos de tal nombre. Eso, unido a su afán por hacer espectáculo de sí mismo, le llevo a realizar la performance que cuenta esta crónica de 1980:

Los libros de Ángel anteriores al 78 fueron repudiados por él mismo. Inevitablemente, versos de Entre el amor y el odio siguirían viviendo en canciones. El Silbo, en 1981 presenta un espectáculo en el Principal donde hay poemas de Guinda con versos de aquel libro.

Y en 1981 aparece, pues, su "primer libro": Vida ávida. Con este libro, no solo va cambiando el poeta sus formas, sino que da entrada a temas cercanos a las inquietudes juveniles del momento, consiguiendo despertar el interés por la poesía también a los drogatas, moteros, descreídos...

Ángel, al margen del mundo literario, tenía gran predicamento entre la farándula. Una parte de ella se reunía en el Oasis y ahí se decidió que la presentación de Vida Ávida se celebrara con un espectáculo medio en plan cabaret, medio en plan happening.

 

Llegado el día, sucede el golpe de Tejero y cía. La sesión se suspende minutos antes de la entrada del público que llenaba la calle buscando un verso esperanzador.

Con Crepúscielo esplendor y libros posteriores de esa década se manifiestan inclinaciones larvadas. ¿Romántico? ¿Poeta del Lenguaje? También. Por cierto que algunas meditaciones en torno a la luz, tienen origen en una operación que le tuvo varios días con los ojos tapados en la clínica Montpelier. Allí iban a cantar con él sus juglares.

Mabel Guerrero, Luisfelipe, Guinda, Carmen Orte

En 1984 aparece un disco de Rosa León, Rosa se está buscando en el espejo, con el poema "Soneto de amor" hecho canción con el título de "Si eres tú". Casi fue el éxito del verano, lo que repercute en la economía del poeta, y más cuando dos años después lo volviera a grabar Rosa con Amaya Uranga en el disco Amigas mías, que además incluía "Somos pareja". La música de ambos poemas, en la onda de la canción melódica, era de Rosa.


Guinda ni se envaneció con esa popularidad ni buscó seguir su estela, continuó con sus clases y sus recitales juglarescos. Al año siguiente lo encontramos  a las 4 de la noche en las fiestas de Bujaraloz recitando con El Silbo para los jóvenes del lugar. En el repertorio: "Muchachas de instituto", "Te seguiré queriendo", "Construcciones", "La consigna", "Destrozar, destronar" "L.S.D."... En esos tiempos se podían decir esos versos sin pudor y sin temor. 

DESTROZAR, DESTRONAR

Antes que majestuosamente coronado de espinas,
Majestad,
fuera bardo terrorista, terror de vates,
blasfemos, apocalíptico, eucalipto solar.
Sólo si he de gozar quiero vivir;
suban cretinos al altar y resígnense
de tanto mal que se dan y placer que nos privan.
Miserables: de vuestro hedor
púdrense cubos de basura.
Lo bueno es malo y lo malo es bueno
y mi reino una república carnal.

Goyo Maestro, Guinda, Carmen Orte y Luisfelipe. 1985. Foto: Ángel Carrera
 

En 1987, El Silbo monta Más Margen, Malditos -Tres poetas de hoy: L.Mª Panero, A. Guinda, R. Irigoyen- en Zaragoza, donde los tres poetas se reunen esos días con el grupo. Ángel pasa muy buenos ratos con Leopoldo y con Ramón Irigoyen, haciendo tertulias en los bajos del Teatro del Mercado. Pero la alteración por el estreno, el co-protagonismo, y algunos momentos asfixiantes... desequilibraban. 

A la izq.: Rafael Egido y Ramón Irigoyen. Sentados a la derecha: Ángel e Inma. 1987

 La obra estaba dividida en tres actos y el primero era Contra España, de Guinda. El texto no lo había escrito para la escena, pero se adaptaba muy bien: tremendismo barroco. Más Margen Malditos se representó en Buenos Aires y, el año 89, Carlos Vitale lo editó allí con el título El almendro amargo, con partes añadidas a la versión escénica. Cabe decir que la parte de Guinda fue la más celebrada. Alguien dijo: "Muy buenos los tres, pero en la tierra del psicoanálisis lo de Irigoyen, con el padre, y lo de Panero, con la madre, parecen cosas sabidas. Ahora, lo de Guinda es una novedad peligrosa, pues como alguno lo imite por acá, lo meterán preso". 

De las leyendas que generó el estreno y sus alrededores, se habla en sendos capítulos de los libros: El contorno del abismo -Vida y leyenda de Leopoldo María Panero, de J. Benito Fernandez (Tusquets, 1999) y Prosas encontradas de Leopoldo María Panero, ed. Fernando Antón (Visor, 2014).

Túa Blesa, Guinda, Leopoldo. Foto: Mooses

A los pocos días del estreno se celebró el famoso juicio contra Ángel por un mural en La Infanta, que regentaba Alejandro Molina, también encausado. Mucha gente, entre ellos Leopoldo, les acompañó en el trance. El caso, que fue noticia nacional, acabó sobreseído.

El siguiente curso Ángel fue a vivir a Madrid. Fue un cambio salvador, para él y para sus acólitos. En el colegio de Alcorcón desarrolló un programa experimental en la enseñanza de Literatura: la historia inversa, de hoy hacia el pasado. A reforzar el invento acudió El Silbo y algunos autores y artistas de los madriles.  

En Madrid, el poeta -que no olvida la experiencia de Miguel Labordeta- va a ser más autor que juglar. Es decir, sus intervenciones públicas serán más ortodoxas: silla, mesa, acaso atril. Distinto será cuando la organización del acto corra a cargo de Olifante. En esos casos, Trini y Ángel optaban por dividir el acto en dos partes, la oficial y la artística, con intervenciones diversas, no solo de recitadores y músicos, también de bailarinas y artistas plásticos. Entonces, las provocadoras palabras de Guinda quedaban enmarcadas en su papel de autor. 

A veces algún juglar zaragozano se desplazaba a la Capital para acompañar al poeta en sus lecturas en la Biblioteca Nacional, o en el Ateneo, y acabar recitando en el Alambique aquellos versos de juventud que ya no representaban su obra, aunque el poeta no objetara -más bien, al contrario- las interpretaciones ajenas.

Ateneo de Madrid, 1998. Tras Luisfelipe, Ángel. 

Ángel compartió su vida madrileña con frecuentes salidas, muchas a Zaragoza, para conferencias, recitales y presentación de libros. En esas visitas, los juglares aprovechaban para invitarle a participar en festivales, a  veces solemnes, a veces marginales. Valderrobres, Remolinos, Parque Delicias...  No olvidaba su vena juglaresca, y entre sus lecturas desarrollaba "acciones poéticas" a lo Yoko Ono. 

Sal a Remolinos, 1998. Foto Raquel Arellano
Bar El Cisne, Calatorao, 2010
        







Otra poesía hecha canto fue "Adamar", que aparece en el disco Con la voz a cuestas (Prames, 2001), donde José Antonio Labordeta la canta con María José Hernández, autora también de la música.


En los veranos del nuevo siglo, la afición disfrutaba de su presencia en la Feria de la Poesía ExpoSoria, y en el Festival Internacional de Poesía Moncayo, donde era alma fundamental junto a Trini y Marcelo Reyes. Aunque este festival dejó de celebrase tras 15 ediciones, Olifante y su cuadrilla han seguido encontrando motivos para celebrar la poesía en el Moncayo, a la sombra de Bécquer. Esta última fotografía fue tomada por Agustín Porras el pasado verano en Trasmoz, donde los amigos rindieron homenaje a Ángel. En ella le vemos con dos de sus íntimos: Forega y Antón.


En la cabeza de quien esto escribe martillean versos de Machado que pidió le recitara Trini  en el lecho de muerte. Y su pregunta a ella y a su última esposa, Raquel: "¿Quién me cerrará los ojos?"

Guinda habló de su trayecto literario aquí:




Y ya se acaba el papel. Y ya se acaba la tinta.