14 de octubre de 2015

Una fuente en el Barrio de la Cultura


En el Barrio de la Cultura hay cuatro mansiones y una fuente.
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Estos días se habla mucho de la fuente.
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Los cuatro edificios tienen rótulo: en bronce, Creación; con brocha, Artes; el tercero está silueteado en forja y pone Difusión. Por último Conservación, con rótulo en escayola. En los cuatro caserones trabajan funcionarios y auxiliares.
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Viendo con detalle los planos del Barrio, observamos que además de una pasarela que une por arriba a los cuatro edificios, hay un laberinto de pasajes subterráneos que los comunica y que llegan al Barrio del Santísimo Poder y a otros lugares, ya fuera del país.
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Creación. Tiene muchos cuartos rotulados: en uno se lee escritor; en otro, compositor; y así. En las buhardillas hay derechohabientes.
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En el caserón Artes hay un piso llamado Música con muchísimas habitaciones.  En otros niveles: Teatro, Fotografía, Plástica, CineDanza, Circo, Escenotecnia y Diseño. El último rótulo en llegar -Performance-  no tenía sitio y han tenido que mandarlo al trastero.
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En el piso de Difusión: Edición, Audiovisual. Otro piso tiene un rótulo genérico: Prensa. En otro piso, tres rótulos: Teatro, Auditorio y Cine. También tienen piso propio: Biblioteca y Exposición.
De no ser porque se le encontró sitio en la escalera, hubieran tenido que poner en la caseta del perro el rótulo de Gestión Cultural.
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En Conservación tienen piso propio: Monumental, Afloramiento, Archivo, Museo.
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Alrededor de cada mansión hay muchas casitas, con el nombre de sus establecimientos: Imprenta, Transportes; Montajes; Administración, Mantenimiento, Asesoría, Papelería, Gestoría, Óptica, Computación, Confección, Alfombras, Limpieza, Mensajería, Almacenaje, Electrónica, Telas, Guardería, Seguros, Instrumentos, Reprografía,  Librería,  Bar, Distribución, Representación, Mensajería, Molduras, Excavación, Andamios, Restauración, Pinturas, Esmaltes, Grúas, Seguridad… Algunas son Adjudicatarias y se les reconoce porque tienen el nombre en inglés.
A veces los de las tiendas  van a alguno de los edificios nobles del barrio. Entran en él santiguándose; salen blasfemando.
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En los grandes caserones se discute en comisión si la fuente debe manar agua incolora e inodora, o si se le puede añadir colorantes y perfumes.
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Esencialmente, el Barrio de la Cultura podría conocerse como el Barrio de los Rótulos. Una noche soñé que rótulos de Cultura, Cultura, Cultura me perseguían y no encontraba protección.
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Por lo que leo en los periódicos, parece que hay trifulcas. Cine quiere mudarse de barrio porque dice que lo suyo es industria y no artesanía como el Teatro. Diseño quiere alquilar en la casa de Creación. Vanguardistas piden la demolición del barrio y erigir un rascacielos inteligente. Los Alternativos, la desmembración y reparto entre los otros barrios. Los Instalados, volver a lo de antes. 
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La trifulca de estos días es porque han nombrado un Consejo de la Cultura que no incluye a los jefes de todos los gremios, sindicatos y empresarios, entre otras cosas. Porque, por muy sabios que sean, los comisionados serán solo consultivos, al carecer el ente de leyes y ordenanzas que los autoricen. Y para consultar a los amigos y personajes distinguidos no hace falta reunirlos a todos el mismo día y en el mismo lugar, se dice. Alguien sugiere que se habilite al Jefe un peristilo para cuando se ponga peripatético. Otro se enfada porque la cosa no está para bromas y pide que en el Consejo de la Cultura haya parados/excluidos/náufragos de cada gremio escénico, plástico y audiovisual. 
Se cuestiona la edad de los consejeros, el sexo dominante, los oficios ignorados, las tradiciones ausentes…
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He echado cuentas, así, por arriba. No sé cuántos funcionarios habrá en los cuatro caserones del barrio. Docenas. Contratados tendrán a muchos (arqueólogos, directores de cosas, conserjes, administrativos...) cientos. (Estos pagos son fijos).
Fuera del barrio: en sótanos, naves industriales y buhardillas, viejos y jóvenes pintan, ensayan, escriben y viven de y para eso. Sin contar periodistas y profesores, pongamos que hay cuatrocientos. (A algunos de estos hay que pagarles algo alguna vez).
Los conservatorios, escuelas, facultades, liberan en la jungla a sus egresados: artistas, gestores, estudiosos. Centenares cada año. (De estos no nos hacemos cargo).
Y los que están en las tiendas de los alrededores son varios millares. (Cuando se pueda se les comprará algo).


En total unos 15.000? Por ahí.
Quitando los funcionarios (mil, por ejemplo), la mitad del conjunto está sin trabajo suficiente y de esa mitad, la mitad en la ruina.
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Fomento, emergente, sinergia, estrategia, tejido, activo, motor, incremento: argot del Consejo.

Se habla del 5% del PIB
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En el caño de la fuente alguien ha escrito una seguidilla:


Esa fuente del Barrio
de la Cultura
está manando barro
con amargura
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Se habla del conjunto y de otras abstracciones, pero se ve que hay diferencias laborales. No es lo mismo una afición o un trabajo de fin de semana, que dedicarte a ello. 
Esta tensión lleva a algunos gremios al paroxismo: Escritores quieren escindirse entre escritores-escritores y escritores-performancistas. Los compositores apuntan diferencias entre compositores-intérpretes, compositores-profesores, compositores-directores y compositores-compositores. Y eso en todos los rubros. 
Supongo que ese es el jardín en el que no se entra. 
Pero la precariedad estará, digo yo, por todos los niveles, especialmente por los que no tienen un sueldo fijo, que es lo propio de artistas y gremios asociados.
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La cultura como proceso interior (conocimiento, sensibilidad) es algo propio de todos los seres humanos. Lo de "cultura general" es una convención de la que grandes artistas no participan. Cualquiera puede ser miembro de un consejo de cultura, en la seguridad de que su ejemplo y experiencia dará mucha información al resto de consejeros.
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El liberalismo no ofrece más salidas que entregar Cultura a Mercadotecnia, Turismo y Tecnología. 
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¡Vaya! Han cortado el agua de la fuente!



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