16 de septiembre de 2011

Lola Ester habla de Grecia y de Alexander Sack

Lola Ester. Foto: Rogelio Allepuz


Ayer en el Periódico de Aragón, Lola Ester hablaba de Sack a propósito de Grecia, y titulaba su columna
Deuda odiosa
 
 
Los niños griegos han empezado el curso con fotocopias. No hay dinero para libros, como no lo hay tampoco para pagar cuatro de cada cinco pensiones públicas, ni las subvenciones por desempleo. Los 11,3 millones de griegos no saben cómo demonios pueden hacer frente a los 340.000 millones de deuda que han contraído diferentes gobiernos corruptos pero han empezado a estudiar la doctrina de Alexander Sack, un brillante teórico que hace noventa años describió como "deuda odiosa e ilegítima" la contraída por los gobernantes sin tener en cuenta las necesidades de los ciudadanos. Pocos griegos dudan de que su país es ahora mismo el símbolo de la deuda ilegítima, y no solo porque los últimos gobiernos han dilapidado el dinero a cambio de sustanciosos sobornos (la fiscalía alemana y griega persiguen a Siemens por untar presuntamente con mil millones a un ramillete de políticos), sino porque los prestamistas (bancos franceses y alemanes), aun sabiendo que difícilmente el país heleno podría devolver la deuda, han concedido más y más préstamos a cambio de suculentas tajadas en forma de intereses para que el principal cliente de la industria armamentística francesa y alemana siga armándose hasta los dientes. El año pasado Grecia compró a estos dos países fragatas, helicópteros y submarinos por valor de 9.000 millones y los griegos, que no ven el enemigo en puertas sino dentro de su propia casa, empiezan a sopesar la principal teoría de Sack: "La deuda odiosa no debe ser reembolsada". Parece que la rebelión islandesa empieza a cuajar.

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