16 de noviembre de 2020

Sátiras del siglo XVIII en el Teatro de la Estación

La pasada semana Sátira y Sátiro estuvo en el zaragozano Teatro de la Estación.

El equipo: encabezado por Luis Felipe, con el control técnico de Manolo Galvez y el montaje de la escenografía a cargo de su autor, Karlos Herrero. Por parte de la Estación, el responsable técnico fue Roberto  Remiro.

Dolos (Dolores Miravete) sufrió en verano un problema ocular del que se está recuperando. Así que, privados del violonchelo, la guitarra de Carlos Malicia (Carlos Arroyo) mantuvo la atmósfera bocheriana. 

Sátira y Sátiro. Foto: T. de la Estación

Salió un versión renovada de este clásico de El Silbo. Se incorporaron canciones y relaciones nuevas.

Luis Felipe. Sátira y Sátiro. Foto: Javier Arnas

Funciones cálidas, pese al frío exterior -cosa objetiva- y un público esperpéntico (apreciación desde el escenario).

Carlos y Luis Felipe. Sátira y Sátiro. Foto Javier Arnas


Estas fechas estaban reservadas en la Estación para las funciones de Vuelve Berta Singerman  .
La pandemia, y el hecho de que Carina Resnisky siga inmovilizada en Argentina, obligó al cambio de obra.

2 de noviembre de 2020

De Pío Fernández Muriedas

¡Albricias! 

Recuerdos de mis pasos perdidos


Se acaban de publicar las memorias de Pío Fernández Muriedas, o (tras la guerra) Pío Fernández Cueto. Su título: Recuerdos de mis pasos perdidos (KRK, 2020). 

Antón Castro daba hoy la noticia en el Heraldo de Aragón.

El libro viene precedido por una gran exposición que se celebró la primavera del año pasado en la Biblioteca Central de Cantabria bajo el cuidado de su hijo Manuel Fernández Gochi, recopilador también de los textos e imágenes de estas memorias.


Catálogo de la exposición

Cuando se miran los años cincuenta-sesenta en Zaragoza, se añade: los años del Niké. El Nike era una céntrica cafetería  zaragozana que albergó tertulias de escritores y artistas desde 1940. La más celebrada es la de los años 50 y 60, con la plana mayor de los que hoy llamamos -para entendernos-  poetas del Niké. Entre los de mayor edad: Miguel Labordeta (del 21) y Manuel Pinillos (del 14)

 Al calor de esa tertulia nacían iniciativas surrealistas como la Oficina Poética Internacional o sucesivas  revistas: Orejudín, Papageno, Despacho Literario... Cabe decir que en la tertulia contaba con artistas plásticos que garantizaban un nivel más que digno a las sucesivas colecciones a nacer.

De todo ello existe abundante bibliografía, y es frecuente la aparición de  Pío Fernández Cueto, porque él estaba allí. 

Rosendo Tello recuerda al recitador:
Fernández Cueto cayó de pie en Zaragoza para asumir el personaje pintoresco y peregrino que convenía a la bohemia zaragozana. (...) Era un mensajero, un noticiero de tierras fronterizas que se deleitaba y nos deleitaba hablando, e inventando, sobre Federico, Vicente, Gerardo, Dámaso, Blas..., como si de sus propios familiares se tratara

Era santanderino y llegó a Zaragoza, de vuelo por todas las Españas,en la década de 1950, atraído y traído por Miguel Labordeta. (...) Pío, como gran recitador que era, tenía momentos muy desiguales y momentos brillantes y geniales, sobre todo cuando se arrancaba a improvisar en la intimidad de un grupo de amigos. Entonces los poemas salían de su boca como recién creados, desligados de su malla formal para convertirse en pura figura interior. Nos enseñó a comprender la poesía porque la situaba delante de nosotros con cuerpo visual y plástico exento. Había que oírle recitar a San Juan de la Cruz, Los insectos de D. Alonso, El silencio de V. Aleixandre, algún poema de LOS MUERTOS de Hidalgo o Retrospectivo existente de M. Labordeta. Subrayaba silencios y pausas, presionaba sobre los accelerandos o ritardandos musicales, se suspendía en los finales del versos o en sus inicios. Afinaba la voz como un violín o la apretaba contra el velo del paladar para saborear los vocablos poéticos como una pasta. (...) La presencia de Fernández Cueto entre nosotros fue como una historia escrita en el viento, pero que marcó toda una época en la manera de entender y sentir la poesía. (...)
Rosendo Tello ( Orejudín, introducción a ed. facsímil, 1991) 

                                                                 

Es curiosa la entrada en la Gran Enciclopedia Aragonesa dedicada a Pío, donde figura como nacido en Bilbao y no en Santander. Error que él alimentó más de una vez.

O este libro disco de Monte Solo dedicado a los poetas del Niké.








Con motivo de la muerte de su amigo José Antonio Labordeta, hablábamos en este blog de Pío: Los paisajes de José Antonio Labordeta.

Y, sin duda, seguirá hablándose de Pío.


18 de octubre de 2020

Gianni Rodari (1920-1980)

 


Lecturas enriquecedoras que invitan a la acción transformadora de la escuela, con la imaginación como bandera. 

Piaget, Freinet... larga marcha hacia una escuela que solo hemos visto en las demostraciones de su posibilidad!

Recordamos en este centenario a los maestros que hacen posible su conocimiento difundiendo y repensando sus obras. 


12 de octubre de 2020

Tras 5 meses de angustia: volvieron los Juglares a sus Noches

Los Centros Cívicos zaragozanos, el Centro de Historias y otros espacios municipales acogieron producciones de géneros varios durante este verano tan atípico. Fuera de la capital, en los pueblos mutaban programas de temporada por festivales en espacios abiertos.

En plena tormenta de covic, el CC Delicias nos abrió su Rotonda. Las Noches de Juglares comenzaron el 6 de agosto. Hacía cinco meses que los artistas no salían a un escenario.

Mª José Hernández

"En la música siempre estás empezando. Es necesario además tener esa sensación, no perder la pasión y no acomodarse, seguir aprendiendo y seguir arriesgando. Para mí, cada nueva canción es un regalo, cada nuevo disco una aventura".                                                                     (En antoncastro.blogia.com)


Acompañada al piano por Sergio Marqueta y con Daniel Escolano al contrabajo, Mª José interpretó un selecto repertorio de sus composiciones. También intercaló versos en lengua aragonesa, y canciones de José Antonio Labordeta, incluidas en el disco Las Uvas Dulces, magnífico tributo al añorado cantautor.

Ingrid Magrinyà

"A los demás les aportas poesía, magia, utilizar el pensamiento, ver que las cosas se pueden sentir y decir de otra manera. Las sensaciones son un lenguaje y no siempre nos comunicamos por palabras. La comunicación está en muchas cosas".                                                                  (En artinCom)

Ingrid Magrinyà dibujó con su cuerpo el contorno sentimental de las canciones de Mª José Hernández.  

Como bis, solo de voz y danza. Apoteosis.

La Orquesta de los Títeres Muertos

"Recreamos al casi extinto hombre orquesta, acompañado de varios esqueletos, espectáculo musical donde la propia muerte, en su día de descanso, ofrece alegremente canciones que le han marcado al largo de su vida. Hablamos y reímos sobre la condición humana, para terminar siendo en conjunto, una oda a la vida".                                                  (En Tamborile  )

Iris Pérez y David Martínez actuaron con su peculiar orquesta donde la voz de Iris sale de una máscara articulada que representa a la Muerte. David es el hombre orquesta que, ayudado por títeres de esqueletos en la parte rítmica, hace la parte melódica con guitarra y armónica. Una tradición ésta, evocadora de los músicos medievales, que rara vez encontramos en la calle, su lugar natural. Es difícil hacerlo bien, por eso hay pocos artistas como ellos.


Su repertorio incluyó canciones  de Brassens, Violeta Parra, Yupanqui, Chicho S. Ferlosio... junto a otras con letras de Borges y de Grassa Toro.
Para finalizar, cantaron una versión de Duerme negrito en comandita con Ariel Prat, y el Rascayú con el esqueleto de Helena Millán.

Helena Millán

"En su casa-taller Helena tiene una pequeña huerta y unas cuantas gallinas. Los titiriteros que recorren el Norte de este país saben que sus puertas están siempre abiertas. Y que sus huevos fritos son los mejores. Helena Millán no parece ser de este mundo pero, sin duda, su presencia y la de sus marionetas lo hacen mucho más interesante".                         (En Titeresante )

Dos marionetas, negrito y esqueleto, salieron al escenario para bailar en sendas canciones de Prat y de la OTMuertos. Hubo momentos de emoción, como cuando el esqueleto estuvo a punto de "caerse" del escenario.


Ariel Prat

 "Prat es, entre otras cosas, cantante, músico, poeta, militante, bailarín, escritor ... y hasta etnógrafo: la realidad argentina no sólo le sirve de inspiración, sino que a través de sus letras y música se empeña en visibilizar, explorar y comprender el inmenso y oculto lado B de nuestra realidad social".

(Alejandro Frigerio, en Motor Económico


Cantó, junto a sus propios temas, algunos con letras de Mario Moros o de Bebé Ponti, un par de tangos célebres que sorprendieron al público.


Le acompañaron Lirio Martínez, al violonchelo, y Nico Pérez, guitarra. Vera subió al escenario para cantar con caja salteña y  bailar las canciones murgueras de su padre.

Ana Continente

"La Danza únicamente como juego estilizado no me interesa, así mezclo las herramientas de la interpretación teatral y la danza porque relacionan el movimiento con la intención de querer expresar.
La Danza es la cualidad y la ejecución del movimiento y el teatro es el medio que nos hace expresarlas desde nuestra verdad en escena.
Cuando hablo de cualidad me refiero a intensidad, tono, ritmo, acento, armonía, prosodia, aceleración, pausas, simetría y disonancia en el movimiento".

(En Anacontinentedanza


Extraño parecía empezar la canción desde un inmovilidad total, sin ruidos, sin sonidos. Parecía un volcán dormido. Presagiaba un volcán a punto de despertar. 
Las voces de Alicia, Patricia y Alberto lo hicieron estallar.  Continente fue la lava. Fusión de poesía: canto, música y movimiento. En realidad, todo movimiento.

Almagato

Almagato interpreta canciones argentinas, y al modo argentino, desde las chacareras   de Santiago del Estero, a las vidalas de los valles norteños. Suelen acompañarse, como en esta ocasión, con bailes folklóricos.

Su nivel de voces es extraordinario. La música secunda con instrumentos tradicionales y modernos.

Voz y percusiones: Patricia Badian  y Alicia Fernández. Jaime Lapeña, violín. Jaime González, voz, guitarra. Alberto Moreno, voz, guitarra, flautas. Antonio Ballestín, teclados. Toto Sobiesky al bajo y Fran Gazol a las percusiones. 


Contaron con la participación de Ana Continente en Como pájaros en el aire, célebre canción de un amigo del grupo: Peteco Carabajal.


Fase 66

Jugando con "Ruta 66" -la mítica carretera norteamericana- y una palabra de moda estos meses, "fase", este grupo nacido en el barrio Delicias se presenta como Fase 66. Su objetivo es mostrar una panorámica de la canción popular (folk) y el mestizaje con la nueva música que se produce alrededor de 1970 en Estados Unidos.

El grupo reflexiona sobre la comunicación. Sobrepone a las canciones en inglés su versión castellana, y, sobre ésta, la interpretación con signos.
Fueron Fase 66: Rosa Ayesa, voz; Lucio Cruces, guitarras, armónica y voz; Pilar Marqués, teclados; Manolo Galindo, batería; Antonio Jimeno, bajo; Lirio Martínez, violonchelo. Voces traductores: Alicia Fernández y Luis Felipe. Intérprete lengua de signos: Blanca Luque. 


Dada nuestra implicación en el experimento, haremos un comentario más amplio en un próximo artículo.

Equipo

La PAI (Promotora Acción Infantil) colaboró con la puesta en butacas del público, pues así como hay "puesta en escena", también hay "puesta en butaca". 
De ello se encargaron Luis, Anabel y Susana.

El último día contamos con Julio Marín y Sergio Muro como camarógrafos.

Pablo y Alberto cuidaron el sonido. 
Manolo Gálvez, la iluminación.
Luis Felipe, las presentaciones.  

Se agradeció a los responsables de Centros Cívicos su disposición para que esta edición de las Noches de Juglares pudiera celebrarse.
Y al personal del CC Delicias, por su colaboración.
  


21 de septiembre de 2020

Desubicadas Noches de Juglares.



Las Noches de Juglares, como otras actividades del Parque Delicias, las organiza el Centro Cívico Esquinas del Psiquiátrico, o sea, el Ayuntamiento de Zaragoza. El Silbo Vulnerado, o sea, nosotros, nos encargamos de programación y realización. Los dos equipos son amigables y colaboramos muy bien. Sin ser explícito, funciona el principio de "todo lo que pasa en el escenario es cosa nuestra". Y también que el director del Centro (desde su creación, Isidoro) es el responsable último, como si dijéramos "el jefe del teatro", quien se encarga de que haya escenario, toma de luz, sillas, carteles...

                                                               Patio habitual
Claro, como las Noches se hacen en un espacio natural del parque Delicias, existen otras voces: asociaciones de vecinos y Junta del distrito, principalmente. De esa parte nosotros no sabemos, siendo el Centro el que les da las explicaciones y nos trasmite a nosotros las inquietudes que pueden surgir. El escenario lo montan las brigadas, pero si no conviene la posición lo desplazamos entre todos hasta donde nos interesa. Si no hubiera corriente, el jefe trae un generador. Cualquier incidencia la resuelve uno u otro, le corresponda a él o no. Y así desde hace 26 años, cuando se abrió el parque.

                                                         Entrada al patio habitual

Noches de Juglares tiene carácter abierto, sorpresivo para el paseante desinformado que descubre un algo y encuentra una silla a su disposición para ver y oír eso que sucede. Una constante en el ciclo: parte del público es circunstancial, pasa por allí y se queda. Un parque es muchas cosas a la vez: lugar de encuentro, con otros o con uno mismo. El parque puede ser desde un atajo para llegar antes a casa, a un laboratorio de la Naturaleza que te hace sentir más animalmente humano.

A veces el artista sobre el escenario ve que unos espectadores se incorporan, les saluda, o -si es caso- les resume su relato y continúa su número.

Sí, el espacio íntimo de este parque, tiene muchas sugerencias. Evoca los tablados medievales y los espectáculos callejeros. Evoca al profeta y al anacoreta. Evoca el teatro de variedades y el café literario. Evoca.

En febrero

Teníamos apalabrado parte del programa de las Noches 2020. Habíamos hablado con la Orquesta de los Títeres Muertos como número musical-visual, y con Ingrid Magrinyá para que adaptara una de sus coreografías a nuestro escueto escenario. Varios colegas americanos de alto nivel iban a estar de gira por Europa en primavera. Las fechas de las Noches casaban con las de la pianista Mónica Papalía, el cantante Ariel Prat y el actor Gustavo Masó.

Una banda del barrio, Los cuatro luceros, que el año anterior homenajearon a Hilario Camacho, estaba preparando un recital de canciones anglosajonas para el último día. Como la idea era acompañar las canciones en ingles con su traducción castellana y su interpretación en lengua de signos, nos reunimos con la asociación correspondiente.

El año anterior habíamos comenzado cada sesión con un coloquio, alrededor de una mesita, entre alguno de los artistas participantes y un escritor al que luego dejaríamos solo como primer interviniente. Pensábamos repetir esa fórmula.

En marzo

A mitad de mes, la sensación generalizada en el mundillo artístico es de perplejidad. No solo el virus -que ya había tocado a varios colegas- preocupaba; también sus consecuencias.

(Laboralmente, los que vivimos de subir al escenario perdíamos todos los contratos de primavera; los que trabajamos en grupo quedábamos desarticulados. Como en marzo aún no empieza la temporada, muchos artistas no estaban cotizando como autónomos y no podían acceder a las ayudas que se concretaban esos días; otras ayudas para trabajadores del espectáculo se basaban en el número de altas del año anterior -20, un número generosamente accesible- pero nos iban llegando noticias de compañeros que, por distintas razones, no encajaban en los parámetros. Perplejidad + desolación. A lo que se sumaría un fondo filosófico que nos hacía cuestionar hasta la necesidad de nuestros oficios que, al serlo por vocación, son razón de vida).

Pero...por si se pudiera celebrar el ciclo, había que tener preparado el programa. Pensamos que sería importante la parte conversacional. Hablamos con Carlos Grassa Toro que, desde su atalaya (La Cala) en un pueblo pequeño (Chodes), podía aportar, con sus versos y prosas, una mirada interesante de la situación. Quique Artiach, que siempre ha compaginado la música con la hostelería, sacaba su libro de relatos basados en su trabajo: Historias de camareros. Un libro que podría subtitularse "para saber cómo somos". Barajamos otros autores, uno por sesión.

En abril


El 17 de abril, el jefe nos informa del posible cambio de escenario. Al parecer, desde la dirección de los Centros Cívicos, Antolín -para nosotros, el "super jefe"- ve más idóneo pasar el programa al Anfiteatro del parque, 100 metros más allá.

El cambio a un espacio más amplio -se razona- permitiría mantener los 200 espectadores que alberga el patio habitual, y cumplir con las medidas que, tarde o temprano, se impondrían para los actos al aire libre en previsión de males mayores. Los jefes pensaban en septiembre, nosotros en julio. En algún momento se pensó que podía ser en agosto.

A regañadientes, comenzamos a repensar el formato. ¿Por qué no nos gustaba? Veíamos que el desplazamiento trastocaba la filosofía del ciclo: naturaleza, intimidad, sencillez. Esto es: artistas y público bajo el arbolado, próximos, y con medios técnicos básicos. Ahora, las dimensiones del espacio se multiplican por diez.


                                                   Vista Anfiteatro con estanque tras columnas

Encontrábamos inconvenientes al nuevo enclave: el control de la iluminación del parque era la principal fuente de desconsuelo. ¿Comó centrar la atención del espectador, si se le ofrece la visión de todo lo que sucede en los grandes espacios que hay tras el escenario? Si no se apagaban ciertas farolas, no había forma de disimular, pues el publico, en gradas, podía ver sobre cualquier fondo que pusiéramos. Luego, el control del chorro de agua en medio del estanque... en fin...

Hay muchas personas comprometidas con la función social del parque dispuestas a favorecer su dinámica social. Uno de ellos es Jesús, "El Bicis", viejo amigo que resulta ser una suerte de mantenedor arbóreo y tiene acceso a la sala de máquinas y conoce las secciones lumínicas del espacio.

Lo del formato hay gente que no lo entiende. Lo explico comparando un libro "de bolsillo", que puedes llevarlo encima y leerlo en cualquier lugar; es liviano y cabe en riñonera, mochila, bolso... con otro libro "de regalo", que suele ser grande, a veces desmesurado para su contenido, y pesado, inapropiado para sacarlo de casa.

Pues, también, el espacio en su relación escenario-patio tiene sus claves y con frecuencia determina la relación artista-público.

Así, el programa se iba a resentir en su parte literaria: veíamos difícil la concentración, la atención del espectador en el autor y su sola palabra. El anfiteatro patrocina el desparrame visual, pensábamos. Esta reflexión nos llevó a posponer para la próxima edición las intervenciones de escritores y otras más intimistas que barajábamos, en beneficio de actuaciones que "llenasen" visual y sonoramente el espacio.

En mayo

Comienzan los cambios de fase pandémica. Por si acaso, Isidoro nos provee de un oficio para poder movernos por el parque a cualquier hora.

Estudiamos los campos visuales comunes desde distintos puntos de las gradas.
Al escenario central, ocupado por las intervenciones musicales, se sumaría el existente ante las columnas del estanque, donde podrían verse los números de danza que, en la distancia resultarían casi ensoñaciones. Ese espacio tendría una iluminación propia acompañada de efectos visuales. Propusimos a Ingrid y a Ana Continente llevar sus coreografías a ese espacio, para ejecutarlas en combinación con el grupo del escenario central; bailarían allí con la música de Mª José Hernández y Almagato, respectivamente.
Por otra parte, el seto que encierra al anfiteatro, de casi 2 metros de altura, permitiría apariciones con el apoyo de la grúa que utiliza el parque para podar.

En junio

Íbamos casi todos los días a distintas horas para tomar el pulso humano del espacio. Romeo buscaba motivos para el cartel. Con los Albertos de Amankay nos preguntábamos sobre el efecto de sonorizar el escenario del lago para la danza y los posibles rebotes. Con Carmen y Amparo ensayábamos fórmulas para que flotasen luminarias en el estanque. Los conservadores del parque trajeron su grúa para que la Millán elevara su gigante. Estudiamos la incidencia del viento. Hicimos simulaciones. Conseguimos focos de gran potencia, 2.000 y 5.000 watios, para iluminar personas o cosas que elevara la grúa, etc.

                    


                                             

A veces, proponíamos intervenciones a colegas; lo pensaban y declinaban por no verlo claro o, dada la incertidumbre, no tener ánimo para arriesgarse en trabajos que podían quedarse en nada. Otros, simplemente, tenían las fechas ocupadas. Fueron los casos del Teatro de Medianoche, al que solicitábamos recrear las columnas con efectos del teatro de sombras; del taller de danza que practica en el centro cívico; o del zanquista Espallargas.

Por su parte, los jefes hacían mediciones y evaluaciones, pensaban la mejor forma de "cerrar" el espacio del público con dos pasillos, para entrar y salir. La seguridad se fiaría a una empresa, para el control de acceso. Pensaban aforar el escenario central con vallas. Dudaban si dar pases anticipados en el centro, o dejar que afluyeran vecinos hasta el cupo autorizado. O sea, pensaban en lo que les competía.

De todo esto, nosotros nos desentendíamos. Nuestro problema no eran las medidas que se tomaran, sino el espacio que debíamos justificar artísticamente.

Imaginamos a los jefes redactando informes para instancias competentes, pues -pensamos nosotros- no sería de extrañar que, en tiempos de desbandada, algún compañero del aparato municipal considerase inadecuado tanto compromiso con las nochecitas de los juglares. 

A finales de mes, ya estábamos persuadidos de que podíamos afrontar el reto de trabajar para doscientos vecinos (en un espacio que normalmente podía reunir mil) dispersos en tres orientaciones: frontal, lateral derecho, lateral izquierdo, la mayoría sentada al bies. Cada espectador estaría a dos metros del espectador más próximo. Potencialmente disponíamos de los elementos necesarios (escenarios, luces, sonido) para dar un buen espectáculo: música en el centro, lejana danza, acomodación artística, apariciones en los setos, acciones con el chorro del estanque, baños de luz...

En julio

Zaragoza es noticia nacional durante todo el mes. Cada parte informativo difunde, entre sus primeras noticias, la subida de contagiados en Delicias. Habían empezado a organizarse actividades en Aragón. Algunas se suspendían al poco de anunciarse. Se buscaban auditorios al aire libre, por ser más seguros. 

Jefes, organizadores y artistas vivíamos en un ¡ay!, pero seguimos trabajando en los frentes correspondientes. Se cierra el programa, con nuevas ideas y el ánimo general alto. Sale el cartel, donde ha primado la idea del nuevo espacio:


En la línea de hacer espectáculos humanos, contábamos con el servicio de acomodadores que pondría la PAI. Aunque el público diera vueltas para encontrar la entrada y se le sometiera a algún tipo de incordio, la acomodación sería grata.

En las marquesinas y autobuses, el ayuntamiento se dejaba ver, por lo mucho que anunciaba, no solo en los centros cívicos. La limitación de aforo hacía que se tuviera que ir a recoger la entrada días antes, o apuntarse por internet, o llamar por teléfono. 

Una Plataforma de Artes Escénicas presionaba a las instituciones para recuperar presencia y audiencia.

Aparece una consigna en la propaganda institucional callejera: "Vuelve a la cultura". Y nos da que pensar: ¿Acaso habían prohibido a las gentes el enriquecimiento interior? ¿No han leído libros, no han visto documentales, no han oído músicas y pensamientos profundos? Evidentemente, la propaganda va en la línea de suplantación de conceptos. Se puede volver a la librería, al parque, al cine... pero no a "la cultura", que es una abstracción.

La primera semana de agosto estaba signada para realizar una suerte de ensayos de la parte técnica y técnico-artística -que no era poca. Pero el 28 de julio nos trasmiten el cambio de ubicación: la rotonda del CC Delicias.

Rotonda

Era incomprensible. La instancia municipal (la que fuera) que desaprobó la ocupación del Anfiteatro del Parque Delicias durante los días 7, 13, 20 
y 27 de agosto, no lo hizo contra

Las Noches de Juglares
El vecindario del barrio
El uso social del parque

Más bien lo haría pensando en que "lo que fuera a hacerse" podría servir para expandir más el virus por el vecindario en un espacio incontrolable como es un parque. No sabemos las razones, pero seguramente no pensaron en la solvencia de los organizadores, en la responsabilidad de los vecinos, en la preferencia del aire libre.

Cuando se habla del "control", recordamos el caso de aquella plaza donde no había niños porque campaban los malos. Hasta que un día volvieron los niños, y los malos buscaron otro lugar. ¿No tienen las altas instancias un psicólogo social a mano? Convendría.

Como es natural, juramos un rato, agachamos la cabeza y enfilamos hacia la Rotonda. La relación con los jefes era de incomprensión mutua. En símil deportivo: ellos habían salvado el campeonato pero el equipo se había formado para jugar en otro campo. No había tiempo más que para decir "sí" e intentar agradecer la solución, porque ellos lo hacían por las Noches... y por nosotros, por los artistas. Era así. ¡Y nosotros, sintiéndonos traidores al parque! ¡Qué cosas!

De lo que pasó en la Rotonda, daremos cuenta en otro artículo.



16 de septiembre de 2020

Joaquín Carbonell (1947-2020) Encuentros y recuerdos

Coincidíamos en actos más o menos legales. Como en la primera apertura paralela en la Universidad de Zaragoza, el 26 de octubre de 1976. Aquel día todos teníamos prisa: Eduardo y Javier (Bullonera) iban a cantar a un pueblo y fueron los primeros; Francisco (Silbo) tenía que dar clases, y fuimos los segundos. Tras nuestro recitado de "A vosotros, universitarios, vascos de Barcelona...", cantó Carbonell. Y no digo "salió al escenario" porque las escaleras de la facultad de Ciencias estaban abarrotadas y en el rellano no había forma de moverse. O sea, que si el cantante se movía, su guitarra chocaba con alguien. Carbonell empezó "con razón o sin razón..." y los estudiantes aprovecharon el ritmo del estribillo para bailar una conga. Milagrosamente el público fue bajando a la hierba, y el rellano, entonces sí, pasó a ser escenario.  En una estrofa citaba al barrio de Las Fuentes y el aplauso resonó como un trueno por el campus.

El redactor de El País que se atrevió a contar la primera apertura paralela, si bien entendió el componente alcohólico de la fiesta, debió irse pronto, porque sí que estuvo la policía en los alrededores, y, además, no éramos precisamente "grupos de canción folklórica".

*

Una noche otoñal de 1979 hablábamos en un bar de Tenor Fleta que se llamaba El Jardín, donde discutíamos cosas de la Asamblea de Cultura. Allí cantó Carmen Orte, nos encandiló, y la noche acabó con Joaquín acompañando a Carmen y cantando romances entrambos. En esos años, periódicamente, se unía a la peña del Oasis y participaba en alguna gala practicando la vena cabaretera que tanto le gustaba.

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Otra fecha inolvidable fue el 27 de octubre de 1982. Nos convocó en el KWM, y hasta altas horas montó una especie de fiesta con la participación de Krahe y Sabina. Bueno, esto no era raro, ya había montado otra actuación sorpresa con ellos en el BV80, lo raro es que estábamos en el día de reflexión, porque el 28 se iba a votar. En aquellos años nadie sabía muy bien dónde estaban los límites.

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En el arrumbamiento de la canción de autor, Carbonell ya estaba con un pie en el campo de la comunicación, primero en los programas regionales de TVE.  Musicaire fue un invento suyo para mostrar todo tipo de música hecha en Aragón. Éramos vecinos en el barrio, y en la avenida de Valencia preparamos el guión de un Musicaire que tenía alguna complejidad, porque los músicos suelen estar quietos y los juglares de boca no, así que había que pensar en la técnica de "dramáticos".  Cuando vimos que la botella de cerveza, a los pies de Goyo, a veces estaba llena y a veces vacía, supimos lo que significaba "racord".  

*

El 6 de diciembre de 1987 publicaba El Día de Aragón una de las críticas más jocosas que nos han escrito. Joaquín vino al teatro con el pintor Ignacio Mayayo y el teatrero Dionisio Sánchez.  Carbonell habla de la obra por boca de Dionisio. O bien: para el crítico "la obra" era ver a Dionisio viendo la obra.

Antón Castro seleccionó este párrafo en su libro del Sueño de Juglares. 

...Como esa noche (jueves) estrena El Silbo Vulnerado en el Teatro del Mercado, decidimos rematar la jornada asistiendo a la representación. "Yo me saldré a la mitad. Así que cojo la moto", nos indica Dionisio Sánchez. Hay ambiente y expectación en la puerta. Y llenazo. Y debo confesar que hacía tiempo que no veía reír y tan de seguido a Dionisio. El espectáculo es tan divertido que decidimos quedarnos toda la obra. "Buenísima, buenísima", confiesa Dionisio. Durante la representación se nos obliga a levantarnos y cantar el Himno de Aragón: La Dolores. "¡Genial, genial!" exclama Dionisio. Y así todo el rato.

Desde 1990, seguiría  con sección propia muchos años en El Periódico de Aragón, donde  nos entrevistaba cada tanto, y admitía de buen grado información sobre artistas y gente rara de paso por la ciudad. Con Roberto Miranda escribió libros jocosos de ¿humor y política ficción? Decir que "Aragón es un reino sin ánimo de lucro" es una sentencia estupenda. Se prodigaba más en la prosa que en el verso. En las letras de sus canciones podía expresar honduras y jugar con las formas. Porque, entre los libros de humor, un par de poemarios, o tributos a sus admirados Buñuel y el Pastor de Andorra, él siguió haciendo canciones y actuando ocasionalmente. Le gustaba trabajar en  equipo: los libros con Miranda, los documentales con Iranzo, las letras Con Navarrete, con Paz, o, últimamente, con Leiva...

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 A La Campana de los Perdidos venía a las funciones colectivas (homenajes, los fines de temporada, las noches brassenianas...). Un día me contó detalles de su entrevista con Nicanor Parra en su casa chilena de Las Cruces.  Puede leerse en el blog de su amigo Javier Barreiro. La impostura de Joaquín contra la de Nicanor, los malentendidos no discutidos, el deseo de acuerdo con el otro... una rareza! 

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Compartíamos el amor a Buenos Aires. Sus actuaciones eran en Clásica y Moderna, que además de librería, café y restaurante, tiene un pequeño escenario para artistas especiales. Allí lo conoció Alejandro Dolina y lo llevó a su programa La venganza será terrible, donde lo invitó a cantar (cosa que nunca hace Dolina). 

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Lo tuvimos en las Noches de Juglares, vino con Arrazola, y compartió cartel con Juan Leiva, el poeta. Fue una noche desapacible y húmeda, había llovido toda la tarde y tuvimos que refugiarnos en el vestíbulo de Las Esquinas del Psiquiátrico, el centro cívico. 

*

Por nuestra relación cercana estos años con David Giménez y su editorial, nos veíamos con frecuencia por la Ribera: en El Imperdible de Remolinos, en Vinos Chueca de Casetas, en el Riga de Alagón, o en el Drinks & Pool, lugares habituales de Los Tres Norteamericanos, su último invento musical en el que, sin mayores pretensiones, junto a David y el GranBob, ponía las plazas patas arriba con las canciones de nuestra niñez. En los inicios del grupo, regocijaron al público de las Noches de Juglares, en el parque Delicias.

Durante el confinamiento, en abril, creó una serie diaria de audios. Consistían en una breve presentación y el canto de una canción. De forma sencilla, usando la grabadora del teléfono. Se pueden oír en su página oficial.

El domingo pasado, los altavoces municipales de Alloza, de Remolinos, de... llenaron el aire triste de sus calles con su voz.

En El Periódico de Aragón, hablaron los que saben: 

Garza Aguerri

Javier Losilla

Eloy Fernández Clemente.

9 de agosto de 2020

De regreso

El regreso a escena se está haciendo estos días con incertidumbres diversas. Los artistas temen la suspensión, el aplazamiento, el contagio, pero sobre todo un miedo interior que les lleva a preguntarse por el sentido de su trabajo.

El público, como es una abstracción y las abstracciones no hablan, no dice nada. Ocupa las plazas permitidas, pero se le nota incómodo. Cada aplauso suena singular, no se siente un aplauso "del público".

 Esto lo hemos observado en espectáculos propios y ajenos. Lo decimos nosotros y otros también. Para consolarnos decimos que es mejor esto que la sala vacía y la emisión en directo...

El día 6 comenzaron las Noches de Juglares. Los espectadores fueron acomodados por dos actores de la PAI que rompían el hielo del distanciamiento. Mª José Hernández daba su primer concierto tras la cuarentena, acompañada por Sergio Marqueta, al piano, y Daniel Escolano, al bajo. No se notó ninguna carencia, voz perfecta, como siempre, y un repertorio exigente: sus propias canciones, una en lengua aragonesa y alguna versión de Labordeta. 

Ingrid Magrinyà, la gran bailarina balear-aragonesa, intervino en dos canciones y compartió un final improvisado con Mª José: voz y cuerpo, alma del escenario.

El viernes salimos hacia Santolaria (Santa Eulalia de Gállego) para participar en un festival, Jorearte, que recorre esa comarca extraña que es La Galliguera. Algunas actividades se hacen en pueblos y otras en parajes naturales.

Aquí, en las fotos de Beatriz López, varios momentos de la jornada: nuestra actuación en La fuente d'o lugar, e Ignacio Sanz en Pozo Chelo.


Nuestras actuaciones estuvieron precedidas por el espectáculo circense Envà, de Amer y África. Y después, en la bodega Pegalaz, finalizó el día con las danzas orientales de Sara Guirado.

7 de agosto de 2020

Hoy, en Santa Eulalia de Gállego

 Tras el inicio ayer de las Noches de Juglares, hoy veremos carretera y montañas camino de Santa Eulalia de Gállego.

 Este pueblo, aledaño a los mallos de Riglos, es uno de los reductos del aragonés. Desde el año pasado funciona un espacio teatral llamado El Corral de García, iniciativa de Viridiana.

Nuestra actuación será en la Fuente d`o lugar. En escena Lirio Martínez con su violonchelo acompañando a Luis Felipe. Harán un repertorio de recitación clásica, con poemas de Machado, Lorca, Gerardo Diego, Borges y Rosendo Tello, en la primera parte; y de López de Mendoza, Quevedo y Samaniego, como final más festivo.

Será una alegría encontrarnos de nuevo con otros colegas, entre ellos Ignacio Sanz, el escritor segoviano, viejo amigo.


31 de julio de 2020

Noches de Juglares: cambio de lugar

Cambiamos el parque Delicias por la Rotonda del CC Delicias (Avda Navarra, 54)
Con el mismo programa y horario.

Atención, vecinos: los interesados deberán ir a buscar las invitaciones a partir del lunes previo a cada sesión.

¿Dónde recogerlas? En el Centro Cívico Esquinas del Psiquiátrico (Vía Univérsitas, 30)

Hay pocas localidades, lamentablemente...

12 de julio de 2020

De libros y libreros. Un pregón de Guillermo Fatás

Encuentro en el blog de Antón Castro este Pregón de Guillermo Fatás que sirvió para inaugurar la Feria del Libro de Zaragoza, el 31 de mayo de 2013. No hará falta decir que es una joya.

Feria del Libro
 – Pregón -
Guillermo FATÁS CABEZA
Un profesor, como yo lo soy, es autor, porque escribe libros, y es librero, porque los vende, es prescriptor cuando los recomienda o exige, y proscriptor cuando les dirige reproches o los descalifica. En ese sentido, me siento  no solo cliente de mis libreros, sino librero de toda la vida.
Librero viene del latín librarius. Inicialmente, la voz designaba a cualquiera que tuviese relación profesional con la confección de escritos, jurídicos, contables o de otra especie, incluido sobre todo quien reproducía los manuscritos, mediante copia manual. No era raro que tuviera a su servicio esclavos instruidos, que dictaban en voz alta a varios más que copiaban al mismo tiempo lo dictado. En griego, estos librarii eran llamados βιβλιογρἀφοι (bibliógrafos) y quienes, además de ocuparse de hacer las copias, las vendían también, eran los βιβλιοπῶλαι (bibliópolas).
En nuestro Mediterráneo, los primeros que conocemos aparecen en Atenas, en el siglo V a. de C. Sus comercios estaban en el ágora y en ellos se hacían lecturas públicas de obras que, hasta la invención de la imprenta, eran siempre de circulación restringida. El testigo pasó de Atenas a Alejandría. En ella, los faraones de lengua y cultura griega, herederos de Alejandro Magno, crearon colecciones prodigiosas de obras literarias y científicas que eran cuidadosamente expurgadas de errores por equipos de sabios a cargo del Estado. Estos ejemplares depurados servían como modelo a las copias manuscrita, que circularon por la ecúmene mediterránea.
También viene de antiguo una tercera función del librarius: ejercer como editor, esto es, promover la redacción de libros nuevos y ponerlos en su tienda, la taberna libraría, al alcance del público interesado. Ya entonces se practicaban la piratería, la venta de copias no autorizadas, las falsificaciones, las atribuciones a un autor que no lo era, etc., de modo que esta clase de problemas solo resultan nuevos y parecen propios de ahora para quienes no se han informado bien. Nuestro Marcial, por citar a un autor cercano, se quejaba repetidamente de que le atribuían textos infames; como cuando pide a un allegado influyente que niegue esa imputación y que grite a Roma: “¡Eso no lo ha escrito mi amigo Marcial!”.[1]
Tampoco son novedad los riesgos que ha afrontado en todo tiempo el difusor del libro. Los económicos, por descontado; pero, también, los penales. En la Atenas del 411 a. C. ya hubo quemas públicas de libros y Roma no escatimó este recurso de control de los espíritus. Un caso rigurosísimo fue el que el emperador Domiciano, a fines del siglo I, aplicó al historiador Hermógenes de Tarso: condenado a muerte por supuestas burlas disimuladas al césar, los librarii que habían manuscrito el texto fueron crucificados por ello.[2]
Es decir, que, para vuestra profesión, no todo son amigos, según demuestran estos ejemplos y como puede verse en esta crítica, nacida de un autor italiano, que escribe a finales del siglo XVI, traducido y adaptado por el español Cristóbal Suárez de Figueroa en 1615.[3]
Así, les censura que vendan libros de los que él considera desaconsejables, vituperio este que a ninguno de nosotros que tenga alguna edad le sonará, por desgracia, desconocido. Esto escribe: “Por de buenos colores que se quieran pintar los Libreros, no dejan también de padecer sus defetos y vicios. Cuanto a lo primero, sin los descuidos en las obras, y costumbre de mentir que ya es hábito en ellos, les atribuyen principalmente los daños que se siguen en la República de libros legos y escandalosos. Porque, como quiera que consigan ganancia (blanco en que siempre ponen la mira), no reparan en esparcir por el mundo tan mala semilla. Encárganse con particular ansia de su impresión, comprando a veces a subido precio lo que de balde sería carísimo. Por maravilla [por casualidad] admiten libros eruditos y doctos, por ser en su conocimiento tanquam asinus ad lyram. Sólo eligen lo que les puede ser útil, y lo que, como dicen, se halla guisado para el gusto del vulgo, cuyo talento en cosas de ingenio descubre quilates de plomo pesado y vil. Mas no paso adelante, supuesto son amigos, y no es bien los irrite; siquiera porque no se muestren poco favorables en el despacho [la venta] deste libro”.
Pero también dice esto otro, consolaos: “La profesión de Librería mereció en todos tiempos ser contada entre las nobles y honrosas, según se puede probar con muchas razones y autoridades. Sin otras trae una eficacísima Polidoro Virgilio [humanista italiano del Cinquecento], diciendo, ser la comodidad de los libros la que adelgaza [afina] los ingenios, y la que abre un camino facilísimo para todas ciencias y disciplinas, incitando maravillosamente nuestros ánimos a los estudios de las letras dignísimas de toda reverencia y honor. Sácase también la nobleza de los Libreros de la grande estimación en que en todos tiempos tuvieron las librerías Emperadores, Reyes, señores particulares, y hombres doctos de toda suerte. (…) Puédese pues decir ser la profesión de los libreros por estremo noble, respeto de estar siempre en compañía de personas virtuosas, y doctas, como Teólogos, Médicos, Legistas, Matemáticos, Humanistas, y otros muchos científicos, con cuya conversación y manejo se vuelven muchas veces más agudos, inteligentes, y pláticos [prácticos, expertos], no sólo del arte, sino de las cosas de todo el mundo. Así son raros los lerdos, y en especial en vender su mercadería. También participan de nobleza, por la limpieza y curiosidad que tienen en sí. Adquiere el arte nombre del beneficio universal que produce a todos; porque de los libros se recibe el modo de entender, y saber lo que se quiere, y no sólo nos hacen poseer ciencias y artes, sino cuanto se puede desear de guerra, estado, amor, letras, manejos de papeles, oficios, y otras cosas. (…)”.[4]
Eso, el librero. ¿Y el libro? En el vestíbulo de mi Facultad la pared del fondo es un gran mural en cerámica de color azul, obra de Ángel Grávalos firmada en 1967, en cuya parte superior derecha, reproduciendo una grafía altomedieval, se lee la pregunta latina Quid est liber, ¿qué es el libro? Ponerla fue idea de Ángel San Vicente y desde entonces nos interpela al entrar, cada día, a quienes allí gastamos nuestras vidas. He seguido la pista del interrogante, con ayuda de mi colega Guillermo Redondo. Procede de un códice del siglo XI y dice así: Quid est liber. Liber est lumen cordis; speculum corporis; uitiorum confusio; diadema sapientium; honorifitentia doctorum; vas plenum sapientiae; socius itineris; domesticus fidelis; hortus plenus fructibus; arcana reuelans; obscura clarificans. Rogatus respondet; iussuque festinate; vocatur properat; et faciliter obediens. Es decir:
“¿Qué es el libro? El libro es lumbre del corazón, espejo del cuerpo, confusión de vicios, corona de prudentes, diadema de sabios, honra de doctores, vaso lleno de sabiduría, compañero de viaje, criado fiel, huerto lleno de frutos, revelador de arcanos, aclarador de oscuridades. Preguntado, responde, y requerido, anda deprisa, llamado acude presto y obedece con facilidad”.
Con el tiempo, diversas manos fueron añadiendo virtudes al listado, de forma que, al final, esta letanía en honor del libro lo hizo, según se colige del texto latino, “luz del corazón, espejo del cuerpo, maestro de las virtudes, expulsor de los vicios, corona de los prudentes, diadema de los sabios, gloria de los buenos, honra de los eruditos, compañero en el viaje, amigo en casa, interlocutor y confabulador del que calla, socio y compañero del que gobierna, alivio del yacente, vaso lleno de sabiduría, frasco de los aromas de la elocuencia, huerto lleno de frutos, prado marcado de flores, principio de la inteligencia, repuesto de la memoria, muerte del olvido, vida del acuerdo; llamado, corre; mandado, se apresura; siempre está pronto; jamás desobediente; preguntado, al punto responde; libérrimo consejero, no adula, no habla para complacer; a nadie perdona, porque a nadie teme; en nada miente, porque nada pide; jamás le molestas; revela los arcanos, esclarece lo oscuro, asegura lo incierto, resuelve lo dudoso; defiende contra la adversa fortuna, modera la favorable, aumenta las riquezas, evita la ruina; pozo inagotable, tesoro inmenso, erario inacabable, paraíso de donde no pueden arrojarte si no quisieres; amenidad de que puedes gozar mientras gustes; maestro gratificante, que te hace sabio si te halla ignorante”.
No puedo decir que no. Sirviendo al libro se sirve a la sociedad entera y eso han hecho entre nosotros libreros inolvidables, que han dejado su marca en Zaragoza en un grado no menor que los artistas y arquitectos que construyen la Zaragoza física, tangible, material. El oxígeno que insufláis en las venas de nuestra comunidad es también cuerpo de Zaragoza. Hablo, entre otros, de Inocencio Ruiz, Víctor Bailo o Luis Boya y de los creadores de linajes como Marquina, Alcrudo, Pons y Muñío. Los Muñío cumplen ahora medio siglo, seguidos por Paco Goyanes, y por Julia y Pepe, también curtidos veteranos; aunque no tanto como nuestro presidente, Joaquín Casanova, que acaba de llegar a su primer medio siglo de ejercicio profesional.
Queridos libreros nuestros: sois grandes resistentes, como herederos de una estirpe de gentes famosas por su fortaleza en los asedios, que no siempre son a cañonazos. Hagamos, todos, votos para que vuestro hermoso oficio prospere. Será señal segura de que también prospera nuestro país.
Guillermo Fatás
31 de mayo de 2013


[1] Véanse por ejemplo, algunos epigramas suyos, que citamos según traducción de José Guillén, Epigramas de Marco Valerio Marcial, IFC, Zaragoza, 2003 (2ª ed.). VII 12: “(…) Mis páginas tampoco hieren a los que en justicia odian ni a mí me gusta la fama a costa de la vergüenza de nadie.¿De qué aprovecha, aunque algunos deseen que [esos versos] parezcan míos (…) si bajo mi nombre vomita veneno viperino el que dice no soportar los rayos de Febo ni la luz del día?”. VII 72 “Y si alguien dijera maliciosamente que son míos unos poemas que rezuman negro veneno, que me aportes [habla a Paulo, importante abogado] tu voz como abogada y que, con todas tus fuerzas y sin parar, grites: “Eso no lo ha escrito mi amigo Marcial”. X 3: “Conversaciones propias de esclavos, asquerosas mordacidades, y repugnantes infamias propias de una lengua chismosa (…) las difunde cierto poeta amigo del anonimato y quiere que parezcan cosas mías. ¿Te crees esto, Prisco? ¿Que el loro hable con voz de codorniz? (…). Manténgase la fama negra lejos de mis libros (…)”. X 33: “Tú, por si acaso unos versos emponzoñados de verde cardenillo dijera una malquerencia envidiosa que son míos, apártalos de mí, como ya haces, y sostén que no escribe tales poemas cualquiera que es leído”.
[2] Lo cuenta Suetonio en su Vida de Domiciano, 10.
[3]  En efecto, su Plaza universal de todas ciencias y artes, Madrid, 1615 (el elogio del librero es su “Discurso CX. De los Libreros”) es en buena parte traducción de La piazza universale di tutte le professioni del mondo (Venecia, 1585), de Tomaso Garzoni Bagnacavallo.
[4] El autor presume también de ser perito en la presentación de la mercancía: “De sus librerías salen diferentes encuadernaciones, como llana de pergamino, dorada de pergamino, a la Italiana verdadera, dorada Breviario, llana de becerro, de Breviario, o Misal, bayo, negro, y otras colores. Breviario de cuatro cortes, dorado, embutido las tablas, matizado de colores, bordadas y matizadas las hojas. Encuadernación de cartones, llana o dorada, libro de coro de Iglesia, de caja y otros. Los instrumentos que intervienen en su magisterio son, plegadera, mazo de hierro, y piedra para batir, telar para coserle con sus clavijas, y aguja larga: reglas para enlomarle con su prensa, ingenio para cortalle, con lengüeta, tornillo, y puerquecilla; sisa para doralle, cabezadas de cordel, y baldrés; varios hierros para labrar tablas y cortes, ruedas y viradores para lo llano, cepillo, gubia, punzón, tijeras, martillo, y otros”.

8 de julio de 2020

En agosto: Noches de Juglares

Con permiso de las autoridades competentes y si el tiempo no lo impide, las Noches de Juglares en el Parque Delicias se celebrarán los jueves de agosto, a las 10 de la noche.

Contaremos con las actuaciones musicales de Mª José Hernández (día 6), La Orquesta de los Títeres Muertos (día 13) Ariel Prat (día 13), Almagato (día 20). Y con la participación de: Ingrid Magriyá, Tía Elena, Ana Continente, entre otros artistas.

El último jueves (día 27), un grupo del barrio repasará canciones norteamericanas de las décadas 1960 y 1970.  Piezas conocidas de Woody Guthrie, Bob Dylan, Pete Seeger, Leonar Cohen, Nina Simone,  Janis Joplin... Canciones en inglés;  leídas simultáneamente en español, y con traducción en lengua de signos.

Este año el escenario (en el punto rojo) estará en el anfiteatro del parque:


Y también este verano habrá Noches de Juglares, en formato menor, de gira por Aragón.