15 de marzo de 2016

Blas de Otero nació hace 100 años

Voz cavernosa. Vida atropellada. Amores sin poema. Odios con versos a raudales. Sonetos sublimes y poemas prosaicos.

Sus hermanos pequeños, allá por Barcelona en los años 50, compartieron la técnica de empezar los poemas sin que lo pareciera.

Escribió Gil de Biedma:

EN EL NOMBRE DE HOY

En el nombre de hoy, veintiséis
de abril y mil novecientos
cincuenta y nueve, domingo
de nubes con sol, a las tres
-según sentencia del tiempo-
de la tarde en que doy principio
a este ejercicio en pronombre primero
del singular, indicativo,

y asimismo en el nombre del pájaro
y de la espuma del almendro,
del mundo, en fin, que habitamos,
voy a deciros lo que entiendo.
Pero antes de ir adelante
desde esta página quiero
enviar un saludo a mis padres,
que no me estarán leyendo.

Para ti, que no te nombro,
amor mío –y ahora en serio-,
para ti, sol de los días
y noches, maravilloso
gran premio de mi vida,
de toda la vida, qué puedo
decir, ni qué quieres que escriba
a la puerta de estos versos?

Finalmente a los amigos,
compañeros de viaje,
y sobre todos ellos
a vosotros, Carlos, Ángel,
Alfonso y Pepe, Gabriel
y Gabriel, Pepe (Caballero)
y a mi sobrino Miguel,
Joseagustín y Blas de Otero,

a vosotros pecadores
como yo, que me avergüenzo
de los palos que no me han dado,
señoritos de nacimiento
por mala conciencia escritores
de poesía social,
dedico también un recuerdo,

y a la afición en general.


Pero dónde está Blas de Otero? En la memoria de quienes lo leyeron quedan versos. Entre cuerdas de guitarra trinan todavía.  

En Zaragoza, el Gordo editó uno de sus últimos libros. Y en Zaragoza tuvo uno de sus últimos discípulos: Guinda.

En Ancia está todo el proceso del poeta que un día decidió cantarle solo al hombre, ni a su dios, ni a su ángel.

Blas de Otero:

Y EL VERSO SE HIZO HOMBRE

1

Ando buscando un verso que supiese
parar a un hombre en medio de la calle,
un verso en pie –ahí está el detalle–
que hasta diese la mano y escupiese.

Poetas: perseguid al verso ese,
asidlo bien, blandidlo, y que restalle
a ras del hombre –arado, y hoz, y dalle–
caiga quien caiga, ¡ahé!, pese a quien pese.

Somos la escoria, el carnaval del viento,
el terraplén ridículo, y el culo
al aire y la camisa en movimiento.

Ando buscando un verso que se siente
en medio de los hombres. Y tan chulo,
que mire a Tachia descaradamente.

2

Hablo de lo que he visto: de la tabla
y el vaso; del varón y sus dos muertes;
escribo a gritos, digo cosas fuertes
y se entera hasta dios. Así se habla.

Venid a ver mi verso por la calle.
Mi voz en cueros bajo la canícula.
Poetas tentempié, gente ridícula.
¡Atrás, esa bambolla! ¡Que se calle!

Hablo como en la cárcel: descarando
la lengua, con las manos en bocina:
«¡Tachia! ¡qué dices! ¡cómo! ¡dónde! ¡cuándo!»

Escribo como escupo. Contra el suelo
(oh esos poetas cursis, con sordina,
hijos de sus papás) y contra el cielo.


Este poema y otros muchos de Blas de Otero forman parte de nuestro repertorio desde que empezamos, pero hoy compartimos el recuerdo con la voz de Tachia, la que fuera su musa en los años de Ancia


No hay que ignorarlo. No.

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