14 de junio de 2014

Cubierto con claros


Así hemos tenido estas semanas el tiempo, cubierto con claros.



En Ejea de los Caballeros recuperaron la Feria del Libro y allí viajamos una mañana despejada Dolos, Carmen, Luis Felipe, Manolo y Neme, con su carro de grabados.









La muerte de nuestro poeta decano, Mariano Esquillor,  nos hizo pensar en las vidas cumplidas. Triste siempre la muerte, parece menos muerte cuando llega a los 95 años.

A Esquillor se le recordó en el Carpanta, donde los martes nos encargamos de las micro actuaciones. Ahí han estado artistas como Raúl Terán



Aloma Rodríguez puso en escena Greta, donde madre e hija son protagonistas, secundadas por tíos y abuelos. En las fotos, los abuelos maternos Antón y Carmen:













Los padres, David y Aloma, están bien y el resto de la familia también. Eso nos permite recordar alguna jocosidad, como la que escribió Miguel Ángel Príncipe al nacer una infanta:
La augusta madre de la Reina, inquieta,
de dos, no sabe cual placer elija,
si el inefable de abrazar la hija
o el indecible de abrazar la nieta.
(Versos que fueron rematados por Eulogio Florentino Sanz:)
Y por no armar un cisco
fue y abrazó al infante don Francisco.

Coincidiendo con el natalicio, la editorial Comuniter  llevó a las librerías este libro en el que Aloma también tenía que ver:

Muchos amigos exponían sus obras estos días. Sergio Abraín, en Demodo Gráfico:




 Y en la Galería Pilar Ginés: Germán Díez, Paco Rallo y Pedro J. Sanz 


En Peñarroya de Tastavins tuvieron a Carmen Orte con un recital de romances y cantares.

¿Hay alguna característica del estrangulamiento económico actual que afecte especialmente a la salud de los actores?
Un actor aragonés que lleve más de 20 años en el oficio, ha trabajado en varias compañías, ha formado parte de una empresa o habrá tomado responsabilidades como si lo fuera. Ha vivido los parones de trabajo y las temporadas altas. Ha escuchado muchas veces “¿Cómo va el teatro? ¿Os dan subvenciones o no?” dicho con retintín por los empleados de banca. Ha viajado en furgoneta, la ha cargado y descargado, ha usado el martillo para fijar la escenografía, ha subido a la escalera para poner la iluminación, ha planchado cortinas, o ha cosido casullas y vestidos desgarrados en el clavo del camerino. Alguna vez ha caído en el foso de la orquesta o en las trampas de los teatros, que son como barcos fantasmas.
Pero eso, como diría Borges, son “los comunes casos de toda suerte humana”.
También ha salido al escenario con dolores, fiebre, con muletas, recién operado, o en circunstancias en las que ningún contratado estaría obligado a trabajar.
Hoy, un actor con cierto recorrido tiene que aguantarse la rabia porque no ha sabido nadar y guardar la ropa. Entregado a nadar contra corriente, cuando vuelve a la orilla no encuentra la toalla ni la ropa.
¡Ay, Pilar Molinero! ¡Ay!

El Teatro de la Estación se abre a la música clásica y contemporánea:


Cubierto con claros, sí.

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