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26 de noviembre de 2022

Isabel Escudero, memorable

Desde la primera edición de Coser y cantar (Editora Nacional, 1984) tomamos conciencia de que la poesía gnómica de Isabel Escudero enriquecía una tradición  desatendida. Y empezamos a cantarla.  

 

Maestra en poner las palabras en juego. En las sesiones de Poesía memorable se recita una selección de Coser y Cantar y de Cifra y aroma, libro casi 20 años posterior.

Compartimos el respeto por José Bergamín, que también escribía sentencias y decires al modo antiguo.

Bergamínima

Fundamental:

Contigo hasta la tumba,

pero ni un paso más.

El arte de la bergamínima que inventa Isabel, consiste en redecir una máxima de Bergamín, remedando el tono del maestro. En el caso anterior, se trata de la frase que repetía antes, durante y después de la guerra: "Con los comunistas hasta la muerte, pero no más allá".

En este blog nuestro recordatorio de Isabel hace siete años.

21 de abril de 2018

Isabel Escudero en el recuerdo: PORSIACASO

Hace poco más de un año nos dejaba Isabel Escudero. El 27 de abril se la recordará en Madrid,  en el Salón de Actos de Humanidades, en la UNED. 
Alejandro Martín Escudero nos convoca, pero Carmen y yo estamos complicados para cumplir con su deseo y el nuestro.
El acto contará con Amancio Prada, Quesia, Antonio Selfa, etc.., habrá recitado de poesía, música, danza, y un dialoguillo entre actores que representarán a Agustín García Calvo y a mi madre; también proyección de vídeos audiovisuales y se presentará su libro póstumo. 


 El Silbo ha trabajado en variadas ocasiones y maneras con la poesía de Isabel. 

Con motivo de este homenaje, hemos recuperado una grabación del 92 con versos de Coser y cantar que acompañamos con un dibujo de Nathalie Bellón:



Versos inolvidables. Olvido imposible.

14 de marzo de 2017

Isabel Escudero, 'niña Isabel', 'Bebela'

Isabel. Dibujo: Nathalie Bellón


Isabel,  poeta para todos. Amiga de juglares.

La conocimos el año 1983, en la tertulia del café Manuela de Malasaña. Carmen Orte y yo vivíamos ese año en Madrid y uno de los motivos era precisamente asistir a los diálogos que Agustín García Calvo, su compañero, sostenía con otros pensadores. Isabel llamaba la atención por su vestimenta de jipi elegante y los coloretes del maquillaje (por lo arreglada, vamos).
Un día, Isabel le preguntó a Carmen que qué le parecía la tertulia, y Carmen le dijo algo así como que "si tuviera que definirla antes de venir cada miércoles, no podría venir". Por mi parte, entre matemáticos, musicólogos, físicos y helenistas, tardé varios días en enterarme de que la tertulia no era de literatura. Se fumaba mucho buscando las pautas del pensamiento lógico. También los porros eran lógicos. A veces aparecía Chicho.
Poco después, en un curso de Entonación y Ritmo del Lenguaje que daba Agustín en Pamplona, comenzamos a tener una relación fluida. Isabel había hecho un libro extraño, Coser y Cantar. Nosotros andábamos a vueltas con él. Poesía gnómica. Ni seguidilla ni haikú. 'Bergamínimas'. Isabel nos seguiría mandando originales. Un día Goyo Maestro acabó Y Penélope seguía que reunía una selección de Coser y Cantar junto a otros nuevos poemillas que saldrían en Cifra y aroma.  

Y Penélope seguía
destejiendo cada noche
lo que de día tejía.
*
Te doy amor a raudales
y vas tú como un mendigo
pidiéndolo por las calles.
*
En amor siempre hay una queja
Pareja.
...

Cuando Agustín publicó en Lucina su Ramo de romances y baladas, tomamos el de Puerto Hurraco para hacerlo con lienzo y lo pintó Germán Díez siguiendo los episodios que narraba el poeta. Esos días, nos envía Isabel su 'Romance de Puerto Hurraco', muy distinto al de su compañero.

En 1992  Isabel nos llevó a un curso de la Universidad Complutense que dirigía junto a García Calvo en Almería. Era el curso Poesía Popular y Literatura, en el que coincidieron muchos amigos: los Goliardos García Mateos y Pepe Jiménez, el latinista Enríquez... y, entre los ponentes, Miguel Manzano y Luis Díaz, que nos hicieron observaciones muy oportunas. 

Luisfelipe, Agustín Gª Calvo, Isabel Escudero, Carmen Orte. Almería, 1992
En un descanso, Isabel quiso ver el lienzo de Germán, pues lo habíamos llevado para estrenar el romance de Agustín en nuestra actuación, pero aún estaba muy verde y decidimos no representarlo. Pronto vimos que el lienzo pensado para los versos del maestro, iba a acompañar a los de su mejor alumna.
"Sé que me vais a traicionar", decía un tanto teatralmente el maestro. No creo que fuera por esto.

                                       

Seguirían otros cursos, jornadas y congresos. Muchos. Siempre para seguir hablando y cantando: en Granada, en Benasque, en Arenas de San Pedro, en Zaragoza, en Huesca, en Madrid... 

Isabel Escudero, Pilar Lago, Federico Martín, Luisfelipe
En Hervás, en unas jornadas sobre el legado sefardí, Isabel estaba exultante porque su tierra le inspiraba. Había nacido en la comarca pacense de La Serena y contaba que nunca había salido a la calle de niña sin acicalar, sin ponerse guapa. De ahí su costumbre de ir siempre como un pincel. 

Eliseo Parra, Isabel Escudero, Boni Ofogo, Federico Martín, Carmen Orte. Arenas, 2009
Con Isabel nos han quedado muchas tareas por hacer: la nueva versión teatral del Juan de Mairena, una sesión de las Noches de Juglares dedicada a Chicho, otra a Agustín... Pero, entre tantas otras cosas, nos deja sus escritos. Su voz rotunda que gritaba al mundo académico cuestiones como esta:

Os preguntareis qué me ha llevado a plantearos aquí a vosotros, maestros, profesores y amantes de la música, una cuestión como es la Poesía en relación a la Enseñanza, estando como está, la poesía, ya desde hace mucho tiempo, alejada de la música y el canto y relegada culturalmente a la escritura, al libro, a la mudez y a la intimidad, siendo, en cambio, como fue su verdadero origen y naturaleza más honda, canto: lenguaje, lenguaje vivo sometido a ritmo y métrica precisos, ligada indisolublemente a la voz y al recitado y destinada al uso oral, público y popular, durante siglos en las más variadas culturas y en las tradiciones más diversas.


En el Baúl de Trompetillas pueden leerse sus prédicas y exhortos. Y deben leerse. 

Luisfelipe, Agustín Gª Calvo, Isabel Escudero. Casa Lac, 2002 Foto: Raquel Arellano
P.D.: En la pagina de facebook de Isabel Escudero, Alejandro Martín Escudero escribió:


Mi madre Isabel Escudero Ríos, estuvo hasta el final rodeada de nosotros y en su casa, tuvimos esa suerte. Esas fotos fueron tomadas pocos días antes de que nos dejara.
Le brillaban los ojos cuando tomaba las manos de sus nietos, sonreía y organizaba el posado, llevaba una flor en el pelo y a veces giraba el rostro levemente para ofrecer su perfil bueno. Como siempre.
Ella fue desde luego y hasta el último momento, Isabelita, quienes le conocisteis, ya sabéis a que refiero.
Coqueta y organizadora. Pero también en los últimos días volvió una alegría antigua a su ser, una paz mucho tiempo atrás abolida.
Pareciera como si la pesada losa de preocupaciones del mundo y sus miserias se hubiera disipado.
Sonreía a todo el mundo serena y tranquila, buscaba la armonía y la empatía en cada palabra y con cualquiera que hablase depositaba una semilla de confianza, un soplo de sosiego y ternura.
Hoy estalla una nueva primavera por todos los lados, cuajados están los almendros y los cerezos urbanos, y uno aunque acostumbrado a tanto brote de luz y aroma de pétalos sospecho que esta vez algo de esto viene por su mano..



21 de febrero de 2011

Agustín García Calvo: juglar de Machado en Sevilla

Rafael Suárez Plácido ha reseñado en su blog el descubrimiento del Bósforo las intervenciones de Agustín García Calvo y de Isabel Escudero el pasado sábado en Sevilla. Y hay que agradecerle el esfuerzo porque debieron de ser dos horas con mucha enjundia.

 

Agustín García Calvo y Sevilla

Rafael Suárez Plácido

        Agustín García Calvo siempre estará en Sevilla. Nunca ha dejado de estar aquí, aunque fuera expulsado de su universidad en lo que se llamó ayer “el último proceso inquisitorial por herejía” de esta ciudad. El público que abarrotaba la sala, la extraña pero hermosa sala del Convento de Santa Clara, así lo atestiguó ayer. El motivo: culminar el ciclo Diálogos con Machado que inauguraba el Centro Cultural Santa Clara.
        El acto fue presentado por Francisco Díaz Velázquez. Lo conozco desde hace unos años. Es un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra, bueno. Además es alumno y amigo de Agustín desde hace más de cincuenta años, como él mismo evocó ayer. La presentación fue muy interesante. Nos habló de las coplas, de su tradición y su modernidad. Nos contó anécdotas que sólo él puede contar, por haberlas vivido, y sus vivencias con Agustín fueron sin duda muy interesantes y enriquecedoras. El problema es que el acto duró algo menos de dos horas y casi una hora se fue en la presentación. Habló más que los otros dos participantes y, la mayoría de nosotros estábamos allí para oír a uno de ellos. Además, algunas de sus palabras necesitan algunos matices. Dijo que Agustín no tenía la repercusión que debía porque es un personaje incómodo. Ahí le doy toda la razón. Pero continuó diciendo que “la derecha le aborrece”, mientras que, esto no es textual, la izquierda lo acepta, pero mira hacia otro lado. Y cuando decía la izquierda, se refería a la izquierda afín al PSOE. Quizás ahí nazca el error. De todas formas, es paradójico constatar que el último diario que le ha dado durante años sus páginas para publicar sus artículos ha sido La Razón. No es lo que yo llamaría un diario de izquierdas.
        Continuó la poetisa Isabel Escudero que dio muestras de su buen hacer con un texto que se refería directamente al título del ciclo: un diálogo con don Antonio Machado. Recitó algunos poemas con su voz tan personal y brillante. Ella es una de las voces que mejor ha sabido continuar la tradición de la poesía oral tradicional entre los poetas actuales. Buen ejemplo de ello es Nunca se sabe, su último poemario, editado en Pre-textos (2010).
        Su diálogo con el poeta fue también un recuerdo emocionado de su padre, el recuerdo de la niña que vivía en Quintana de la Serena y cómo conoció su primer poema de Machado: “Recuerdo infantil”. Dejó también algunas frases interesantes sobre el estado del sistema educativo, que es el sistema que vivimos, el presente y, también, el futuro que nos aguarda: cómo los niños aprenden desde la infancia cuáles son las normas del pensamiento único y correcto. Al final del acto vino a decir que no entendía que un gobierno de izquierdas, creo que dijo: “que dice llamarse de izquierdas” no introduce en sus planes educativos la lectura del Juan de Mairena entre los alumnos. Esta intervención, que en su raíz es tan acertada, fue inmediatamente rebatida por Agustín, en el sentido de que no admitía que los Ministerios y Consejerías de Educación cumpliesen esa función y que, por lo tanto, no debían ser respetados. Para él preguntarse por qué un Ministerio de Educación no educa es dar por supuesto que están para eso, y eso sería respetarlos más de lo que merecen.
        La tercera parte del acto fue el diálogo de Agustín con el mayor de los Machado. La mayoría de los asistentes al acto habíamos ido para ser testigos de primera mano de este momento. Empezó distinguiendo entre los homenajes o conmemoraciones con traer al recuerdo. Dijo que a Machado se le ha leído poco y mal. Sin embargo, se le ha homenajeado mucho y se ha escrito demasiado sobre él. En realidad, decía, se ha escrito demasiado sobre Literatura. Se ha escrito demasiado y mal sobre Literatura.
        En su último libro hasta la fecha, Cosas que hace uno (Lucina, 2010), tiene un capítulo que llama “Rítmica y Prosodia”, en el que defiende que la Poesía nació para ser recitada y cantada. Todo esto lo recoge en su monumental Tratado de rítmica y prosodia y de métrica y versificación, también editado por Lucina. Su diálogo con Machado fue un ejemplo práctico de esto con los versos del poeta sevillano. Distinguió entre la melopeya y la canción. Declamó varias melopeyas que ha trabajado con poemas de Machado. Se trata de esforzarse en volver al sentido primigenio de la Poesía para ser declamada en público, haciendo caso de la rítimica del lenguaje y la métrica.
        También nos ofreció un ejemplo, para que oyéramos de viva voz la diferencia entre esta melopeya y la canción, que ya trabajó sobre uno de los romances más importante de la literatura española del siglo XX: sí, “La tierra de Alvar González”, que canturreó (él lo llama así) hasta el momento del crimen del padre. Así se puede decir, él también lo dijo, que hizo de juglar para los versos de don Antonio Machado. Sin duda, fue el mejor homenaje posible.
         Pero en todo acto en el que interviene Agustín García Calvo es inevitable un coloquio posterior. “Ya habéis oído bastante nuestras voces, ahora queremos oír las vuestras.” Alguien preguntó, intuyo que con cierta mala intención y con mucha ingenuidad, cómo se canta a Manuel Machado. Agustín e Isabel respondieron que muy bien, por supuesto que sí, y recitaron algunos versos del poeta que habían sido cantados muchas veces. También fue muy interesante la intervención de alguien que relacionó la melopeya con el recitado del haiku japonés. Yo me quedé con ganas de intervenir, igual que supongo les pasó a muchos asistentes, pero lamentablemente no hubo tiempo para más. Otra vez será. Agustín García Calvo siempre estará en Sevilla.


Agustín García Calvo en Granada, 2002. Foto: Raquel Arellano