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19 de abril de 2019

Abril, Antonio Machado.

Nos gusta Mairena. A veces declaro sugiriendo el personaje. ¿Cuál? ¿Mairena o don Antonio?


Digo que "declaro" porque ese es el tono de


Lo que hubiera dicho Mairena el 14 de abril de 1937

Hoy hace seis años que fue proclamada la segunda República española. Yo no diré que esta República lleve seis años de vida, porque, entre la disolución de las ya inmortales Cortes Constituyentes y el triunfo en las urnas del Frente Popular, hay muchos días sombríos de restauración picaresca, que no me atrevo a llamar republicanos. De modo que, para entendernos, diré que hoy evocamos la fecha en que fue proclamada la segunda gloriosa República española. Y que la evocamos en las horas trágicas y heroicas de una tercera República, no menos gloriosa, que tiene también su fecha conmemorativa- 16 de febrero- y cuyo porvenir nos inquieta y nos apasiona.

Vivimos hoy, 14 de abril de 1937, tan ahincados en el presente y tan ansiosamente asomados a la atalaya del porvenir que, al volver por un momento nuestros ojos a lo pasado, nos aparece aquel día de 1931, súbitamente, como imagen salida, nueva y extraña, de una encantada caja de sorpresas.
¡Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia!... Recordemos, acerquemos otra vez aquellas horas a nuestro corazón. Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano. La naturaleza y la historia parecían fundirse en una clara leyenda anticipada, o en un romance infantil.

La primavera ha venido
del brazo de un capitán. 
Cantad, niñas, en corro:
¡Viva Fermín Galán¡

Florecía la sangre de los héroes de Jaca, y el nombre abrileño del capitán muerto y enterrado bajo las nieves del invierno era evocado por una canción que yo oí cantar o soñé que cantaban los niños en aquellas horas.

La primavera ha venido
y don Alfonso se va.
Muchos duques le acompañan
hasta cerca de la mar. 
Las cigüeñas de las torres
quisieran verlo embarcar...

 Y la canción seguía, monótona y gentil. Fue aquél un día de júbilo en Segovia. Pronto supimos que lo fue en toda España. Un día de paz, que asombró al mundo entero.

Alguien, sin embargo, echó de menos el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor. Pero nada hay, amigos, que sea perfecto en este mundo. 
Antonio Machado

Y tal cual, lo trasmití el pasado 14 de abril, celebrando la efemérides con el círculo republicano de Huesca.

Hablando de Antonio Machado... Subimos aquí unos fragmentos de Romance y Cantata de la Laguna Negra (A. Machado / I. M. Nieva) donde 'La tierra de Alvargonzález'  entra en la selva de la música orquestal. 



21 de febrero de 2011

Agustín García Calvo: juglar de Machado en Sevilla

Rafael Suárez Plácido ha reseñado en su blog el descubrimiento del Bósforo las intervenciones de Agustín García Calvo y de Isabel Escudero el pasado sábado en Sevilla. Y hay que agradecerle el esfuerzo porque debieron de ser dos horas con mucha enjundia.

 

Agustín García Calvo y Sevilla

Rafael Suárez Plácido

        Agustín García Calvo siempre estará en Sevilla. Nunca ha dejado de estar aquí, aunque fuera expulsado de su universidad en lo que se llamó ayer “el último proceso inquisitorial por herejía” de esta ciudad. El público que abarrotaba la sala, la extraña pero hermosa sala del Convento de Santa Clara, así lo atestiguó ayer. El motivo: culminar el ciclo Diálogos con Machado que inauguraba el Centro Cultural Santa Clara.
        El acto fue presentado por Francisco Díaz Velázquez. Lo conozco desde hace unos años. Es un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra, bueno. Además es alumno y amigo de Agustín desde hace más de cincuenta años, como él mismo evocó ayer. La presentación fue muy interesante. Nos habló de las coplas, de su tradición y su modernidad. Nos contó anécdotas que sólo él puede contar, por haberlas vivido, y sus vivencias con Agustín fueron sin duda muy interesantes y enriquecedoras. El problema es que el acto duró algo menos de dos horas y casi una hora se fue en la presentación. Habló más que los otros dos participantes y, la mayoría de nosotros estábamos allí para oír a uno de ellos. Además, algunas de sus palabras necesitan algunos matices. Dijo que Agustín no tenía la repercusión que debía porque es un personaje incómodo. Ahí le doy toda la razón. Pero continuó diciendo que “la derecha le aborrece”, mientras que, esto no es textual, la izquierda lo acepta, pero mira hacia otro lado. Y cuando decía la izquierda, se refería a la izquierda afín al PSOE. Quizás ahí nazca el error. De todas formas, es paradójico constatar que el último diario que le ha dado durante años sus páginas para publicar sus artículos ha sido La Razón. No es lo que yo llamaría un diario de izquierdas.
        Continuó la poetisa Isabel Escudero que dio muestras de su buen hacer con un texto que se refería directamente al título del ciclo: un diálogo con don Antonio Machado. Recitó algunos poemas con su voz tan personal y brillante. Ella es una de las voces que mejor ha sabido continuar la tradición de la poesía oral tradicional entre los poetas actuales. Buen ejemplo de ello es Nunca se sabe, su último poemario, editado en Pre-textos (2010).
        Su diálogo con el poeta fue también un recuerdo emocionado de su padre, el recuerdo de la niña que vivía en Quintana de la Serena y cómo conoció su primer poema de Machado: “Recuerdo infantil”. Dejó también algunas frases interesantes sobre el estado del sistema educativo, que es el sistema que vivimos, el presente y, también, el futuro que nos aguarda: cómo los niños aprenden desde la infancia cuáles son las normas del pensamiento único y correcto. Al final del acto vino a decir que no entendía que un gobierno de izquierdas, creo que dijo: “que dice llamarse de izquierdas” no introduce en sus planes educativos la lectura del Juan de Mairena entre los alumnos. Esta intervención, que en su raíz es tan acertada, fue inmediatamente rebatida por Agustín, en el sentido de que no admitía que los Ministerios y Consejerías de Educación cumpliesen esa función y que, por lo tanto, no debían ser respetados. Para él preguntarse por qué un Ministerio de Educación no educa es dar por supuesto que están para eso, y eso sería respetarlos más de lo que merecen.
        La tercera parte del acto fue el diálogo de Agustín con el mayor de los Machado. La mayoría de los asistentes al acto habíamos ido para ser testigos de primera mano de este momento. Empezó distinguiendo entre los homenajes o conmemoraciones con traer al recuerdo. Dijo que a Machado se le ha leído poco y mal. Sin embargo, se le ha homenajeado mucho y se ha escrito demasiado sobre él. En realidad, decía, se ha escrito demasiado sobre Literatura. Se ha escrito demasiado y mal sobre Literatura.
        En su último libro hasta la fecha, Cosas que hace uno (Lucina, 2010), tiene un capítulo que llama “Rítmica y Prosodia”, en el que defiende que la Poesía nació para ser recitada y cantada. Todo esto lo recoge en su monumental Tratado de rítmica y prosodia y de métrica y versificación, también editado por Lucina. Su diálogo con Machado fue un ejemplo práctico de esto con los versos del poeta sevillano. Distinguió entre la melopeya y la canción. Declamó varias melopeyas que ha trabajado con poemas de Machado. Se trata de esforzarse en volver al sentido primigenio de la Poesía para ser declamada en público, haciendo caso de la rítimica del lenguaje y la métrica.
        También nos ofreció un ejemplo, para que oyéramos de viva voz la diferencia entre esta melopeya y la canción, que ya trabajó sobre uno de los romances más importante de la literatura española del siglo XX: sí, “La tierra de Alvar González”, que canturreó (él lo llama así) hasta el momento del crimen del padre. Así se puede decir, él también lo dijo, que hizo de juglar para los versos de don Antonio Machado. Sin duda, fue el mejor homenaje posible.
         Pero en todo acto en el que interviene Agustín García Calvo es inevitable un coloquio posterior. “Ya habéis oído bastante nuestras voces, ahora queremos oír las vuestras.” Alguien preguntó, intuyo que con cierta mala intención y con mucha ingenuidad, cómo se canta a Manuel Machado. Agustín e Isabel respondieron que muy bien, por supuesto que sí, y recitaron algunos versos del poeta que habían sido cantados muchas veces. También fue muy interesante la intervención de alguien que relacionó la melopeya con el recitado del haiku japonés. Yo me quedé con ganas de intervenir, igual que supongo les pasó a muchos asistentes, pero lamentablemente no hubo tiempo para más. Otra vez será. Agustín García Calvo siempre estará en Sevilla.


Agustín García Calvo en Granada, 2002. Foto: Raquel Arellano

23 de diciembre de 2010

Santiago Sierra y los premios


El pasado 5 de noviembre, Santiago Sierra renunció al “Premio Nacional de Artes Plásticas” que el día anterior le había concedido el Ministerio de Cultura español.
Tomamos de contraindicaciones  la carta original:


Madrid, Brumaire 2010

Estimada señora González-Sinde,


Agradezco mucho a los profesionales del arte que me recordasen y evaluasen en el modo en que lo han hecho. No obstante, y según mi opinión, los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes.

Es mi deseo manifestar en este momento que el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio. Este premio instrumentaliza en beneficio del estado el prestigio del premiado. Un estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar qué partido ocupe el puesto. Un estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal. Un estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.
El estado no somos todos. El estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, pues yo soy un artista serio. No señores, No, Global Tour.

¡Salud y libertad!


Santiago Sierra


Lo infrecuente del hecho da que pensar. Vamos a dar alguna vuelta  al tema de los premios, aunque sea entrando por la ventana y saliendo por la chimenea.
Si Santiago Sierra no está dispuesto a asumir las servidumbres que conlleva un reconocimiento como el concedido, pensamos que no es malo, ni bueno, ni plausible, ni deplorable, ni oportunista, ni etc., sino simplemente normal que lo rechace.
Da igual las razones que alega, podían ser otras. Son las suyas; él lo piensa o lo siente así.
"Este premio instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado" dice, y pensamos que todos los premios en general sirven a intereses de quien los otorga.
Si quisiéramos poner alguna pega a Sierra, le recordaríamos el dicho de un  surrealista francés: “lo que importa es no hacer absolutamente nada que pueda convertirte en acreedor a un premio. Lo de menos es que lo rechaces o no”.  Obviamente, dadas las preocupaciones éticas del artista entendemos no solo el rechazo sino el cabreo.
A diferencia de los concursos, donde uno presenta voluntariamente su obra, los premios institucionales crean escalafones y brujulean. Afortunadamente, el "estamento" no contempla la posibilidad de que el premiado se rebele. "¿Tú matas, yo te critico y tu me premias? Aquí, solo hay una recompensa; que dejes de matar. "

En la sociedad civil también ha entrado una especie de ludopatía olímpica por jugar a ganar un premio. Desde hace unos años, hasta festivales y ferias de teatro han instituido categorías y galardones entre los participantes (ahora concursantes). Una jerga boba pretende justificarlos: "hacerse visibles", "poner en el mapa", "ganar un espacio", "buscar la excelencia"... 

A veces, en los premios hay quien intenta aprovechar la ocasión y el altavoz. Como hizo Gervasio Sánchez  al recoger el Premio Nacional de Fotografía, exhortando a los ministros presentes a dejar de fabricar minas antipersonas. O Isidro Ferrer, al recoger el Premio Nacional de Diseño, recitando ante el rey un poema de Gloria Fuertes. En ambos casos fue compensada la servidumbre del premiado: el gobierno se comprometió a dejar de fabricar esas minas; España se enteró de que Juan Carlos estaba contra la invasión de Irak. Cierto que esos gestos no están al alcance de cualquiera porque, amén de tener razones, hay que ser torero.
Este mes de diciembre es particularmente propenso a los premios y es un sufrimiento leer los periódicos y el correo. Hace años conseguimos que no  nos mandaran las listas para votar en los premios Max del teatro, pero ¿cómo decirle a un amigo que no envíe más indicaciones para la votación popular  al mejor eructo del año? 
En Juan de Mairena, Antonio Machado habla de los banquetes. Dado que los banquetes equivalen aquí a los premios, recordemos el pasaje:
Cuenta Juan de Mairena que uno de sus discípulos le dio a leer un artículo suyo cuyo tema era la inconveniencia e inanidad de los banquetes. El artículo estaba dividido en cuatro partes: A) Contra aquellos que aceptan banquetes en su honor; B) Contra los que declinan el honor de los banquetes; C) Contra los que asisten a los banquetes celebrados en honor de alguien; D) Contra los que no asisten a los tales banquetes. Censuraba agriamente a los primeros por fatuos y engreídos; a los segundos acusaba de hipócritas y falsos modestos; a los terceros, de parásitos del honor ajeno; a los últimos de roezancajos y envidiosos del mérito.
Mairena celebró el ingenio satírico de su discípulo.
-¿De veras le parece a usted bien, maestro?
-De veras. ¿Y cómo va a titular usted este trabajo?
-“Contra los banquetes.”
-Yo lo titularía mejor “Contra el género humano, con motivo de los banquetes.”

Pues eso: nos alegra la coherencia de Sierra. 
Aprovechamos la ocasión para felicitar a todos los colegas y amigos premiados estos días en cualquiera de las modalidades gremiales y pedimos disculpas por no acompañarles el día de la entrega.