Rapsodas y cantores. Proponemos poesía en escena. Blog con actualidad, recuerdos y reflexiones de la Compañía. solosilbo@gmail.com Tel en España 976568589 / +34 659641173
El cadáver de Julia Marichal, desaparecida desde el pasado 12 de noviembre, fue encontrado ayer en el deposito de agua de su casa de México. Su vinculación al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que dirige el poeta Javier Sicilia, hace pensar en un homicidio de carácter político.
La actriz Julia Marichal, había gozado de gran popularidad protagonizando telenovelas (15, desde 1966) y películas. En su ultima etapa artística había destacado como narradora oral, oficio que compaginaba con su Laboratorio de Dinámica de la Expresión.
Otra de las actividades importantes que ocuparon las ultimas décadas de Marichal fue rescatar el archivo de su "padre", el escritor Juan de la Cabada.
Su madre, la actriz cubana Esther Martinez Peñate, había conocido a Juan de la Cabada durante la filmación de Subida al cielo, película dirigida por Luis Buñuel en 1951. Julia contaba entonces con 11 años de edad.
Uno de los guionistas era de la Cabada y la idea original la había aportado Manuel Altolaguirre. La relación con los escritores españoles venia desde el año 37, cuando Juan de la Cabada asistió en España al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura.
Actualmente, Julia Marichal seguía con el estudio de Juan de la Cabada y preparaba una Guía Analítica para Investigadores.
En 4 Vientos y en La Jornada dan la triste noticia.
Hace unos años, Horacio Verdolaga publicó una serie de interesantes artículos. Hoy rescatamos el que lleva por título
Ruralidad y Progreso
Ya lo había dicho muchas veces. Desde que un amigo se
empeñó en llevarme a Cantavieja, la verdad se me rebeló con una claridad
cegadora: las carreteras aragonesas son tercermundistas y carecen de cobertura
para el móvil. Lo he dicho, repito, en muchos foros internáuticos: las
carreteras de esta región son una mierda y, encima, hay pueblos que tienen mal
escrito el nombre y circular por Aragón es como estar en medio de una guerra
donde los autóctonos cambian las señalizaciones para desorientar al enemigo.
Un día me llamó un compañero del partido y me pidió que
asistiera al debate sobre las comunicaciones aragonesas en una emisora de radio
que hay en Alagón, pues eran los días del congreso nacional y todos los
compañeros estaban en Madrid. Yo acepté encantado porque era de justicia
denunciar la poca cobertura de los teléfonos móviles, así como el retraso en la
entrega de los paquetes postales por parte de Correos, por no hablar de la
lentitud del adsl. Me propuse poner a caldo a todos los responsables y pedir un
cambio de parámetros que nos acercara a la excelencia de esos servicios en países
como Alemania o Estados Unidos.
Fui a Alagón en mi coche, pues todos los vehículos y
choferes del partido estaban en la capital, y me perdí en ese sindiós de
desdoblamientos que, so pretexto de evitar accidentes, se habían construido en
los años de vacas gordas. De Gallur a Alagón transité por una carretera vulgar
llena de curvas, sin bares y sin cobertura para el móvil. ¡Ah, pero en Tauste
hice un descubrimiento de pelotas! Tras
cuatro o cinco vueltas a una rotonda para comprobar que ninguna señal indicaba
el camino a Alagón, decidí continuar por la carretera que pasaba por el pueblo
y que casi me lleva a Ejea de los Caballeros. Al tomar una curva vi una torre
altísima, muy vieja pero sólida, al lado de una iglesia. Evidentemente la torre
no tenía ninguna finalidad práctica. Yo me dije: ¿qué pasaría si se pusieran
las antenas de telefonía en lo alto? Y me respondí que, claro, mejoraría la
conexión del móvil, ¡qué digo “del”, de todos los móviles cuyas empresas hubieran
puesto antena en la torre! Una docena de antenas cabrían, según calculé.
Alagón. Torre del lugar
Tras dos horas de viaje, conseguí llegar a mi destino.
Alagón está muy alejado del progreso y no tiene un aparcamiento subterráneo en
el centro, que es lo mínimo que se puede pedir. Cerré el coche y entré en la
cafetería que había frente a la emisora. Disponía de casi cinco minutos para relajarme.
Cuando pedía el café, vi la foto de una torre parecida a la taustana y pregunté
qué torre era esa. La rumana me señaló la ventana y descubrí que ¡también
Alagón tenía una torre virgen para la telefonía! Salí a la calle con mi café en la mano para contemplar
la maravilla, acerqué la taza a la boca muy despacio; eché de menos a un
fotógrafo que me inmortalizara paladeando el instante en que mi pensamiento
daba solución al problema de las comunicaciones… De repente, un bocinazo jotero
me sobresaltó cuando empezaba a sorber el café –que estaba ardiendo, aunque me
habían puesto el coñac frío- quemándome hasta el esófago, no sin antes caer
unas cuantas gotas sobre mi corbata que, para colmo, era blanca.Solté un juramento y un anciano me explicó
que la megafonía del pueblo estaba muy alta para que se escucharan los bandos
desde la huerta, especialmente la jota que anuncia el mediodía. Eran, pues, las
12, la hora del debate. Fui corriendo a dejar la corbata en el coche y me
encontré con un guardia municipal, libreta en ristre; me acaloré, le expliqué
la importancia de mi presencia allí y, de paso, mi idea para rentabilizar la
torre. Quedó el hombre impresionado y retiró la multa pidiéndome que aparcara
en algún lugar permitido.
Entré en el estudio a las 12.40. Me senté junto al
alcalde; en frente estaban un director general del gobierno autónomo, un diputado
provincial y un consejero comarcal, a los que no conocía. Cada uno tenía un mapa de carreteras marcado con
círculos, o sea que ellos también se habían perdido.
Todos habían hablado y me tocaba a mí. Por si acaso
alguno era de mi partido, opté por un tono más conciliador que reivindicativo.
Dejé caer que, aunque las comunicaciones mejoraban poco a poco, era necesario
un esfuerzo para coordinar todas las acciones de las distintas
administraciones, cosa en la que todos estuvieron de acuerdo. Cuando me pidieron
que propusiera medidas concretas, hablé de mi idea de las torres inútiles para
mejorar la cobertura de los móviles, haciendo hincapié en sus beneficios para el mundo rural, especialmente para los
campesinos que, además del móvil, mejorarían la recepción de sus transistores
en el campo. Quedaron todos con la boca abierta y el locutor balbuceó “pero,
las carreteras…”Y fue lo último que
dijo porque otra jota metálica sonó en los altavoces callejeros indicando que
era la hora de comer.
Cuando nos despedíamos, observé que a todos los
contertulios les faltaba un hervor: ninguno me miró a la cara cuando me daba la
mano. Típico gesto de gente acomplejada. Ahora, desde que soy asesor en el Departamento de Protocolo, procuro no
salir de Zaragoza para no contaminarme con la política de aldea. Y, en los días
en que funciona el adsl, me dedico a inventariar cada torre de iglesia
susceptible de acoger las antenas necesarias para el auténtico progreso. Lo que
llevo mal es el estancamiento de mis propuestas en las comisiones de progreso
progresivo y de magnificación territorial. Pero para qué abundar en este tema,
cuando sabemos que en todos los partidos hay acomplejados y envidiosos de la
inteligencia ajena.
En una programación tan prolífica como Periferias, sorprende que el cronista de Diario del Altoaragón diga que nuestro sencillo acto de ayer le haya resultado “el más peculiar, además de divertido y ameno”.
También estamos gratamente sorprendidos de ver en la portada a los protagonistas de Pedro Fernández y cía hablan de Perico Fernández.
Dice S.D. en la edición de hoy:
“Eran casi las 20.15 horas y apareció en el escenario Luis Felipe Alegre, actor y director de El Silbo Vulnerado. Gesticulaba mientras sonaba una canción, Era la voz de Perico cantando entre italiano y castellano. Con la música y los movimientos de Luis Felipe Alegre llegaron las primeras sonrisas, que se convirtieron en aplausos cuando hicieron su entrada Perico Fernández y David Liquen.
Los protagonistas de Pedro Fernández y cía hablan de Perico Fernández concentraron a partir de ese momento toda la atención del que, sin duda, ha sido el acto más peculiar, además de divertido y ameno, de cuantos se han celebrado hasta el momento en esta edición del Festival Periferias (...)"
Fotos del acto: Ariel Prat
Lo cierto es que los tres estuvieron como en casa, llevando la charla y los versos como en las cenas bohemias del Mangrullo.
En estos días, Periferias seguirá ofreciendo actuaciones de gran interés, como la de argentino-israelí David Wapner, o la de Experimentos in da notte...
Ha querido la fortuna que este año los estudiantes de 2º de Bachillerato en Aragón tengan que leerse el Romancero gitano de García Lorca.
Por eso, entre los recitales para alumnos de secundaria, hemos incluido un monográfico en torno al Romancero gitano, que complementa la oferta de Machado y Generación del 27.
Lo hacemos como nos gusta: en el propio centro escolar, de modo que la actividad no ocupe más tiempo que el de timbre a timbre, o sea, una hora de clase.
Es un placer volver a este libro de Lorca, poeta presente siempre en nuestro repertorio, y al que hemos dedicado algunos espectáculos anteriormente. Aprovechamos para recordar algunos:
1972
En la prehistoria de El Silbo Vulnerado, Luis Felipe montó un recital de poemas de Lorca con compañeros de la Escuela de Teatro: Chelo Bailo, Concha Cebollero, José Antonio Porcel, Fernando Bandrés (guitarra) y Jesús Cerezal (armónica y flauta).
1976
García Lorca, 40 años ausente. Recitaba Luis Felipe, con Francisco J. Gil a la guitarra. Llevábamos una exposición con retratos hechos al poeta por pintores y caricaturistas de su época. Las reproducciones las hizo Alfonso Lavilla, iluminador del espectáculo. Usábamos el hilo temático de la muerte en su obra, terminando en una escena donde la “Casida de las palomas oscuras” estaba acompañada con una filmación de Luis Felipe y Javier Artal, en super 8, claro, del barranco de Víznar a Alfacar.
1994
Coproducimos con Chérguì Théâtre de Toulouse la adaptación al francés de Poeta en Nueva York, que giró dos años por Francia y España. Con dirección de Luis Felipe, actuaban Jean Michel Hernandez y Ana Continente.
Marie Laffranque con su madre y Luisfelipe
Contamos con la participación de Mª Clementa Millán, André Belamich nos autorizó para hacer retoques en su traducción y Marie Laffranque nos dio su bendición. Estos apoyos nos brindaron seguridad en el trabajo, pues aún persistía la polémica de si los poemas del libro, en realidad, conformaban dos poemarios distintos...
1995
Luis Felipe hace Acciones Megafónicas sobre una carretilla elevadora de la que pende una pantalla. Sobre ella, se proyectan las imágenes que aparecían en el anterior espectáculo. Con el fondo musical de Santana, el actor recitaba desde lo alto, con un megáfono de mano, fragmentos de Poeta en Nueva York.
1998
Celebramos el centenario del poeta con Pasiones gigantes. Era una panorámica de su obra, que incluía teatro y escenas ya experimentadas en anteriores trabajos. En escena estaba Carmen Orte cantando, José Luis Esteban y Soledad Jiménez, recitando. Lo acompañamos de una exposición conmemorativa y se llevo por centros de secundaria en las campañas de Ibercaja.
Actualmente, Luis Felipe ha recuperado la ‘Oda a Walt Whitman’ de Poeta en Nueva York para finalizar su espectáculo De Arte Mayor.
La pasada semana se estrenó el proyecto de graduación de los alumnos de la Carrera de Arte Dramático de la Universidad del Salvador de Buenos Aires: Pájaro de papel. Cuando hicimos Federico dirigido por Martín Ortiz; obra con poemas de Lorca, y la voz en off de Luis Felipe en el recitado final… Lorca siempre!
La muerte de Félix Romeo Pescador ha conmovido estos días
los mundos literarios y del periodismo cultural. En Zaragoza, lo han llorado especialmente
sus amigos escritores: Ismael, Daniel, Antón, Luis, José Luis, Aloma, Ignacio,
Eva, Javier, Cristina, Miguel... vaya nuestro abrazo a la familia y a todos sus amigos.
Antes de publicar Dibujos
animados, Félix Romeo Pescador ya era un hombre de letras conocido y
admirado en Zaragoza. Cuando le conocí, me pareció un jovenzano de barrio que
iba para hombre de mundo. Vestía de negro.
Coincidíamos en los trenes y autobuses. Allí
dialogábamos. Cuando estábamos en grupo no se puede decir que habláramos, más
bien nos gritábamos. Su ideal de laliberté
no coincidía con mi pragmatismo y ambos éramos muy vehementes. Tampoco
hablábamos cuando coincidíamos detrás de una mesa, presentando un libro. Félix
gustaba de provocar el regocijo del auditorio con afirmaciones rotundas que
levantaban ampollas, así que convenía estar distante, por si acaso.
Sin embargo, nunca fuimos enemigos. Al menos en tres
ocasiones, Félix nos envió las cámaras de La Mandrágora para dar noticia de
nuestro paso por tal o cual lugar. Recuerdo la última, en el Titirimundi segoviano.
Poco antes, en los encuentros literarios de Albarracín, nos las habíamos tenido
a propósito de la deuda externa de los países africanos. Por eso me extrañó que
tuviera la deferencia de reseñarnos; no sé si yo hubiera hecho lo mismo.
Un día, esperando en Conde Aranda a un 22 que no llegaba
nunca, hablamos de la biografía de
Antonio Machado escrita por Gibson. Ello nos llevó a las diferencias entre
“verdad” y “verdades”, “razón” y “razones”, “realidad” y “realidades”, esos
asuntos que Machado solventaba con Mairena.
El año pasado, por estas fechas, con su compañera Lina y
la familia Rodríguez-Gascón, lo tuvimos como espectador de lujo en una función de Rayo, viento y ausencia de Miguel Hernández,
donde actuaba su amiga Aloma Rodríguez.
Las reacciones al fallecimiento de Félix Romeo
(Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) demuestran que era un personaje excepcional de la
cultura española. Músicos, cineastas, escritores, editores, artistas y la
ministra de Cultura han mostrado su pesar por la pérdida de una figura irrepetible
y generosa. Es asombroso y emocionante ver cuánta gente tenía una relación
especial con Félix Romeo. En un episodio de autismo desalmado, las
instituciones aragonesas no enviaron ningún representante al funeral.
Félix Romeo publicó tres libros en vida. 'Dibujos
animados' (1994) era una novela fragmentaria y perequiana que retrataba su
infancia en el barrio zaragozano de las Fuentes, y que desplegaba una poética
poderosa y una forma especial de mirar la niñez. 'Discothèque' (2001) era un
relato polifónico que mezclaba la experiencia en la cárcel del autor –condenado
por un delito de insumisión- con las alusiones literarias y un humor salvaje, y
donde cabían tanto el imaginario del cine y la literatura norteamericana como
el iluminado Miguel de Molinos y el futbolista del Real Zaragoza Nayim.
'Amarillo' (2008) era un mensaje a Chusé Izuel, el gran amigo que se había
suicidado en Barcelona en 1992, y también el testimonio estremecedor de las
heridas y la culpa que habían dejado su acción.
Poco antes de morir de forma totalmente
inesperada a causa de un fallo cardiaco, Félix Romeo había entregado a su
agente un nuevo libro –'Noche de los enamorados'-, una reflexión sobre el
crimen, la justicia y la libertad donde investigaba el caso de su compañero de
celda en la prisión de Torrero. Además, escribió miles de artículos, impartió
centenares de conferencias, colaboraba en la radio, tradujo del italiano y del
portugués, y estuvo durante cinco años al frente del programa 'La Mandrágora'
en Televisión Española.
Félix Romeo era la alegría que llegaba en forma de helado, de
brindis ruidoso, de canción desentonada pero entusiasta; de caja de
bombones, de regaliz o de libro. Siempre era torrencial y vehemente,
como cuando defendía la libertad, algo que ha hecho con voluntad férrea
en las páginas de HERALDO. Pasaba muchas horas en piscinas, de amigos,
públicas y en una pequeña balsa que construyó este verano en la casa
que compartía con Lina Vila.
A Félix Romeo le gustaban muchas cosas y todas le gustaban mucho.
Disfrutaba de la belleza, de las ciudades, de los paseos, de un café
solo con hielo en una terraza, de los pistachos, de la risa a
carcajadas y del amor en todas sus formas. Le gustaban mucho los
diccionarios, ir al cine y las granadas. Señalaba todas las referencias
aragonesas que aparecían en los libros que leía, que eran muchos, y
tenía el don de hacer sentir especial a cada uno de sus amigos. Era un
torpe pero esforzado jugador de waterpolo y un estupendo inventor de
chistes.
Condensaba muchas vidas en una sola: el tío ideal, el hermano
mayor, el hijo adorado, el crítico audaz, el analista político lúcido,
el escritor moderno y sorprendente, el polemista con argumentos, el
mejor amigo, el cómplice, el que hacía reír, el descubridor de
cantantes, escritores, revistas, etc. Era una bisagra siempre engrasada
y dispuesta a conectar a un traductor con un editor, o a un escritor
con una editorial. Su generosidad no tenía límites. Por eso, nuestro
mundo va a ser un poco más pequeño ahora que él ya no está para
ensancharlo, para hacernos repensar el mundo y nuestras ideas o para
recomendarnos el disco de un cantautor que acababa de escuchar, como
Rafael Berrio.
Félix se ha ido cuando las granadas empiezan a estar
maduras, cuando el otoño llega para instalarse. Ni siquiera la fuerza
del cierzo zaragozano va a poder llevarse la tristeza que invade la
ciudad, de la que era un absoluto enamorado y un gran embajador. Félix
usaba a menudo una cita de Salman Rushdie, de ‘Pásate de la raya’:
«para demostrar que el fundamentalista se equivoca, tenemos que saber
primero que se equivoca. Tenemos que estar de acuerdo en qué es lo que
importa: besarse en público, los bocadillos de jamón, la divergencia de
opiniones, la última moda, la literatura, la generosidad, el agua, una
distribución más justa de los recursos mundiales, las películas, la
música, la libertad de pensamiento, la belleza, el amor. Esas serán
nuestras armas». Félix Romeo era un auténtico defensor del placer y de
la alegría, y para demostrar que no se equivocaba tenemos que besarnos,
bailar, cantar, disfrutar de las cenas con los amigos y ser todo lo
felices que podamos. Ese será nuestro homenaje.
*Columna publicada el domingo 16 de octubre en el suplemento “Heraldo Domingo” de Heraldo de Aragón.
La foto está tomada en 2008, durante un viaje en tren de Zaragoza a Teruel, y me gusta mucho porque está escribiendo.
Del 21 al 30 de octubre se celebra el Festival Periferias de Huesca. Raro entre los raros, el Festival se presenta así:
Periferias es un festival multidisciplinar, temático y transgenérico, que propone una visión absolutamente diferente del concepto de festival al uso, derribando fronteras entre disciplinas artísticas e integrando diversas manifestaciones culturales (música, teatro, cine, artes plásticas, danza, literatura, fotografía, performances y nuevas tecnologías aplicadas al arte) desde un punto de vista de innovación, creación radical y vanguardia.
Pedro Fernández. Foto: Aloma Rodríguez
Allí se anuncia: ..Pedro Fernández y Cía. Meeting point: hablan de Perico FernándezCENTRO CULTURAL DEL MATADERO
Jueves 27, 20:00 h.
Pedro Fernández y cía. hablan de Perico Fernández será una charla y un recital. Seguramente, ambas cosas serán poco digestivas, incómodas e incorrectas. Pedro Fernández Castillejos fue, y es, conocido por su brillante carrera como boxeador del peso superligero. Con 20 años, en 1973, se proclamó campeón de España tras vencer a Kid Tano; al año siguiente vence a Toni Ortiz y pasa a ser campeón europeo. En 1974 gana el campeonato mundial, tras vencer en Roma al japonés Lion Furuyama. Su trayectoria registra 125 combates con solo 15 derrotas. Otra cosa ha sido la batalla con la vida… Aficionado a la música (llegó a grabar un disco), dedica sus mejores horas a la pintura. David Liquen / David Giménez ha publicado Todo a cien (Cartonerita Niña Bonita, 2008), Todos los lunes Jazz (Plaquette, colección Resurrección 2009) Poemas de zapatos taciturnos, y edita la revista Sirope. Además es co-autor de otros libros publicados en España y Sudamérica, donde la autoría y el género poético se diluye en el ensayo de nuevos horizontes literarios. David Giménez / Liquen es también el editor de Los libros del imperdible y de los libros cartoneros de Cartonerita Niña Bonita que fabrica con Sara López entre Remolinos y Santa Engracia. Como editor ha sido responsable del poemario Perico Fernández que estás en los cielos, escrito por Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián. Luis Felipe Alegre es recitador de poesía y director de la compañía El Silbo Vulnerado. En su arte se le considera un eslabón entre la declamación clásica y las acciones teatrales al dictado de las nuevas poéticas. El año pasado descubrió que a Pedro Fernández le gustaba sobremanera escuchar poesía, al punto de convertirse en contertulio habitual de las actividades poéticas del under zaragozano en bares como El Mangrullo y La Topera. Este verano, dentro del programa Sal a Remolinos, Luis Felipe ensayó un recital multimedia, La tribu contra la aldea, que incluía una selección del libro Perico Fernández que estás en los cielos.
Marta Valdés debió de conocer muy bien a Ignacio Jacinto Villa Fernández, Bola de Nieve, en los años en que el restaurante Monseigneur, luego Chez Bola, era el epicentro musical de La Habana. Y Bola, a su vez, también debía ser aficionado al filin de la joven compositora de Palabras, de la que grabaría una impresionante versión de Tú no sospechas.
En estos días, lo ha recordado Pedro de la Hoz en Granma:
"Marta Valdés lo escucha una y otra vez en Tú no sospechas.
Y tuvo razón esta también esencial mujer cuando escribió: 'Cuando una
canción cristalizaba en una versión de Bola, ya estaba salvada para la
sensibilidad de los demás. Comenzábamos a necesitarla siempre a su
manera, para sentirla renovarse muchas veces dentro de nosotros, a
partir del gesto invariable, de la pausa imprescindible. Fue así como
nos hizo depositarios de su hazaña' ”.
Ignacio Villa, Bola de Nieve
En esta casa, empezamos a reverenciar a Bola de Nieve cuando escuchamos sus interpretaciones de Nicolás Guillén (Yambambó, Vito Manué), cuando le oímos cantar en catalán (Lo desembre congelat) y, cuando escuchamos su versión de El caballero de Olmedo. Otras canciones nos fueron habitando poco a poco hasta conseguir rendirnos totalmente a su música.
Esta semana habría cumplido 100 años. Y Marta Valdes lo ha festejado, en su sección Palabras de Cubadebate, contándonos, como solo ella sabe hacerlo, la historia de una nana que muchos cantaron (Yupanqui, Zitarrosa, Víctor Jara, Mercedes Sosa...) haciéndola legado universal.
Abusando de la confianza de Marta Valdés y de la paciencia de sus editores, reproducimos aquí el artículo completo:
La nana que compuso Ignacio Villa
El muchacho vivía orgulloso del cancionero que estaba viendo crecer.
Eran expresivas, más humanas, las piezas que hablaban del amor en tantas
formas, de los paisajes, todas tan libres en su esplendor melódico
pero, siempre, ancladas en un deje rítmico inconfundible que sabía a
cubano. El habla popular se desplegaba en los pregones, con esa carga
escénica que los llevaba constantemente al sainete, a la zarzuela o al
simple intermedio. El lamento traía al presente todo el dolor del drama
negro que, más allá de la esclavitud, amenazaba con no tener fin. Por
esos años finales de la década de los veinte y comienzos de los treinta,
el ambiente se había enriquecido con tantas visiones nuevas, que partía
el alma tener que sentir frustradas las ansias de saber y de compartir
lo que se sabe, cuando el gobierno de Machado cerró la Normal.
Él tocaba piano, lo estudiaba para tocar mejor todavía, había probado
suerte subiendo al escenario para mostrar esa habilidad que le permitía
hablar como éste o como aquél, gesticular como el otro pero, querer
-querer– lo que en realidad quería era ser maestro. La música siempre lo
había acompañado, es decir, el piano donde lo mismo soltaba al aire un
pasaje lleno de octavas melodiosas en lo más agudo, que acolchonaba un
ritmo casi de tambores en los bajos, sin dejar que se escapara el
mínimo, breve, suficiente sentido armónico. Esto fue lo que le agarró el
día que, atenazado por un cierto escozor que producen las canciones
cuando tienen ganas de nacer, comenzó a dejar que salieran las primeras
frases de ese episodio musical sin antes ni después, que es su canción
de cuna Drumi, Mobila.
Con todo el carácter de quien está viviendo el año de su
mayoría de edad, se emperchó, tomó la parte de piano (quién sabe si ya
desde esa época sólo hacía falta el llamado “guión para el registro” en
el que bastaban la melodía con la correspondiente letra colocada debajo
de las notas y el más esquemático señalamiento de los bajos en el
pentagrama inferior, con el fin de poner en claro el discurso armónico
del autor). Sabe Dios en qué sitio de La Habana estaban ubicadas
aquellas oficinas que exigían al autor llevar varias opciones para
hacerse dueño de un título que a nadie se le hubiera ocurrido antes, en
el transcurso de casi un siglo. El caso es que ese mismo día regresó a
Guanabacoa cantando bajito con su pergamino enrollado a la larga donde
rezaba, a su nombre, Drumi, Mobila que -de antemano- a nadie se le pudo haber ocurrido más que a ese muchachito dichoso.
La mayoría de edad le trajo también el deleite de entrar en contacto
con un ser a quien había adorado desde lejos y aprender de ella,
reforzando ese gusto por los bajos, esa limpieza en el sonido, ese rigor
en el buceo por entre los picos, los flancos y las honduras que nos
depara, en cada obra musical, el respeto a la idea fija que asaltó a su
autor. Bendito sea Dios, Rita me aceptó como alumno, bendito sea, la
señora Rita me pide que la acompañe. Venturosa mayoría de edad, que así
es como se le presentó, irremediablemente, con su ser o no ser.
Entre las hojas en blanco de una libreta escolar que me compré en Cienfuegos, pude dejar delineado una especie de dossier de esta criatura que tuvo a bien componer Ignacio Villa. Viene a ser, a su vez, como otra canción de cuna a esa Drumi, Mobila, mecida entre los datos que Ramón Fajardo nos entrega en su libro Déjame que te cuente de Bola y
mis deducciones, luego de haber estudiado el prólogo del libro de
Emilio Grenet acerca de la canción cubana, publicado en 1939, donde el
nombre de Ignacio Villa y su contribución con esa canción de cuna al
cancionero cubano en aquel momento, reciben una significativa
valoración.
Según los datos que ofrece la biografía mencionada, la interpretación
de la canción por su autor en una reunión entre amigos efectuada en
1933 en casa del poeta Gustavo Sánchez Galarraga, despertó la admiración
de poetas y músicos notables. A partir de una crónica del libretista
Federico Villoch, conocemos que, tanto este autor como el compositor
Jorge Ánckermann, allí presentes, al estuchársela se la pidieron para
incorporarla a un sainete que, muy pronto, se estrenaría en el Teatro
Alambra, donde la interpretaría Blanquita Becerra. Ese debe haber sido,
al parecer, su estreno en público.
En 1935, de regreso de su primera gira internacional iniciada con la
Montaner, cuando Ignacio Villa, reconocido en el mundo del espectáculo
como Bola de Nieve, decide ofrecer en el Liceo Artístico y
Literario de Matanzas su primer recital donde asume, además del piano,
la interpretación vocal, esta canción de cuna, identificada por él mismo
como “música descriptiva”, ocupa un lugar relevante y muy bien pensado
en el programa. Ya, para esa época, más allá de cualquier desavenencia,
la obra se mantiene en el repertorio de la Montaner, quien la incluye en
la selección que, acompañado por el autor, ofrece desde la Hora Sensemayá, espacio
de la emisora CMCQ orientado hacia el tema negro, cuya dirección
musical estaba encomendada a Ignacio Villa. Ese mismo año, el texto de
la pieza queda incluido y valorado por Emilio Ballagas en su Antología de la poesía negra hispanoamericana. El texto de Drumi, Mobila, aparece incluido por el mismo autor, en 1946, en su Mapa de la poesía negra americana. En fecha que no he podido precisar, el español Federico Saínz de Robles lo incluye en el breve tomo que, bajo el título Lira negra, aparece publicado en la colección Crisol.
Quince años después de aquel bautismo al que tuvo a bien someterla su autor, Drumi, Mobila, de Ignacio Villa, figuraba entre los títulos seleccionados para festejar, en el Teatro Auditorium, el Día de la canción cubana. Y
así continuó, la muy caprichosa, hasta apropiarse de este espacio en la
conmemoración del centenario de su autor, aquel muchacho nacido en
Guanabacoa el 11 de septiembre de 1911, que llevó por nombre Ignacio
Villa.