16 de marzo de 2021

Poetisas latinoamericanas

 

Desde Sor Juana Inés de la Cruz, la gran escritora mexicana del siglo XVII, han ido apareciendo en las Letras latinoamericanas numerosas voces femeninas que no alcanzan la difusión que merecen. Esto no fue siempre así. Hubo un tiempo en que las escritoras fueron reconocidas y valoradas por el público lector. Así, en las primeras décadas del siglo XX, la chilena Gabriela Mistral (única escritora latinoamericana premiada con el Nobel), o la uruguaya Juana de Ibarburu, entre otras muchas.

Hoy, las más nombradas son las reconocidas con el Premio Cervantes: Dulce Mª Loynaz, Elena Poniatowska e Ida Vitale. Pero acaso ahora llaman nuestra atención las más novedosas, como la colombiana Jhoana Patiño, la cubana Nancy Morejón, la nicaragüense Gioconda Belli, o la brasileña Valeska Torres.

La poesía femenina de América es un universo por descubrir. Este recital es un acercamiento, solo eso.

El acto, organizado por INARU -Asociación de Mujeres Latinoamericanas en Zaragoza- y el Centro Cívico Esquinas del Psiquiátrico, forma parte del Aula Intercultural de La Casa de las Culturas. Estará presentado por  Mónica Díaz y contará con la colaboración de Delia Remón.

15 de marzo de 2021

¿Dónde está mi sepultura?


Había oído silbar las balas cerca de mi oído y, la verdad, estaba interesado en el final de la película: la muerte. Al siguiente año se cumplirían 40 de la muerte de García Lorca y queríamos recordarlo. Una pequeña gira contratada por Caja Navarra nos dio cierta liquidez para preparar ese espectáculo lorquiano. Todos los poemas estarían relacionados con la muerte -lo que no es difícil con Lorca.

Esos años estaban en el grupo Francisco J. Gil,  Chusé Aragüés, Gloria G. Lacal, Alfonso Lavilla, entre otros. Para Lorca 40 años ausente ensayamos un tiempo con la bailarina Olga Gros.

Con Gil a la guitarra, venía trabajando desde cuatro años atrás algunos poemas que nos iban aportando cierto crédito teatral, como el “Grito hacia Roma” con música estilo vanguardista, o el “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías” que habíamos conseguido cuadrar con el “Asturias” de Albéniz-Tárrega. Ahora organizábamos el material en escenas que llamábamos “gráficos”. Lavilla había reproducido una docena de caricaturas hechas a Lorca y otras tantas pinturas del poeta para exhibir en el vestíbulo del teatro.

La función debía terminar con el poema “Casida de las palomas oscuras” acompañando a una proyección de imágenes atropelladas (como de alguien perdido o que no sabe dónde mirar) del barranco que va de Víznar a Alfacar. 

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Para filmar aquellas montañas granadinas nos desplazamos Javier Artal y yo armados del tomavistas, una mochila y una guitarra haciendo auto-stop desde Zaragoza. Pasado Madrid la primera parada la hicimos en Ocaña, pues con El Silbo siempre se para en Ocaña. Entramos reverencialmente en su plaza para brindar por el maestre don Rodrigo Manrique, cuya muerte desató la inspiración de su hijo Jorge; aquella elegía tan humana, política y espiritual. ¡Aquellas "coplas", ay!

A la salida de Ocaña,  nos para un mercedes con matrícula GR. Su único ocupante resulta ser el cantaor Manolo Escudero, popular entonces por haber grabado con aire flamenco “Extraños en la noche”.  Al vernos con la guitarra había parado por solidaridad juglaresca.

Le informé de nuestra misión: hacer unas tomas en el barranco de Víznar a Alfacar para proyectarlas al final de un espectáculo con el poema “Casida de las palomas oscuras”. Y pasé a recordarle esos versos.  Como el poema dice dos veces “¿dónde está mi sepultura?” Escudero pensó que queríamos filmar la tumba del poeta y comenzó a desgranar las versiones del enterramiento. Yo le iba discutiendo nombres, lugares y fechas, hasta que el colega se mosqueó porque no entendía cómo tenía esas informaciones. ¿Seríamos dos guardiaciviles disfrazados de jipis? Confesé que mi fuente era Gibson y que su libro se hallaba en todas las librerías francesas. Risas, porque Escudero vivía en Londres, donde cantaba misas flamencas y solo conocía la versión inglesa (Gibson, The Death of Lorca), pero había datos que sabía por un amigo español exiliado allí. 

Insistí en que no pretendíamos encontrar nada, solo filmar los parajes. En Despeñaperros empezamos un intercambio. Él cantaba un algo y yo le recitaba un poema de Federico. Cuando él cantaba, se subía la ventanilla; cuando yo recitaba, bajaba. A la cuarta ronda le dije que sus letras recordaban a Lorca, aunque no fueran de Lorca. Y seguimos: unas alegrías por un poema primerizo, unas seguidillas por una gacela, unas soleares por un romance gitano, y así hasta que llegamos a Guarromán.

So pretexto de descansar, entramos a una fonda y nos bebimos la única botella de güisqui que había.  Manolo –a esas alturas ya nos tratábamos como hermanos- hizo que nos juntáramos porque nos iba a confesar algo interesante. Recuerdo las tres cabezas muy juntas. Éramos dos veinteañeros con pelo largo y un cuarentón bien peinado y trajeado junto a tres vasos y una botella vacía. La discreción que buscábamos con nuestro acercamiento fue motivo de atención para los parroquianos, como si quisieran oír lo que nos decía Manolo: “Las letras que cantaba son de Lorca. Un amigo en Londres tiene un baúl con poesías y obras de teatro de Federico. Y está todo inédito. Cuando estoy en Londres suelo pasar muchos ratos leyendo cosas del baúl y haciendo canciones con los versos que os he cantado”. Yo apostillé: “Así que eres amigo de Martínez Nadal”. Estallamos en carcajadas.

Entró la Guardia Civil. Reconocieron a Escudero y éste nos presentó diciendo que nos llevaba a actuar esa noche con él en el Rey Chico de Granada. Creo que la llegada de la pareja nos salvó la vida, pues estábamos a punto de pedir una botella del anís Machaquito, que tanto nos gustaba a Javier y a mí.

El viaje continuó con Artal detrás tocando la guitarra y los tres cantando cualquier cosa. Hubo tiempo de hablar de la recitación, porque en Andalucía se cultivaba la –como quien dice- recitación flamenca o a compás. Le conté que había visto a Raphael en el Fleta de Zaragoza recitar un poema de Benítez Carrasco, “Uno, dos y tres”, y me había gustado. Me dijo: tú a quien tienes que ver un día es a Gabriela Ortega

Como íbamos a seguir con nuestros temas en el Rey Chico, Manolo sugirió que Javier y yo hiciéramos allí una actuación de prueba; además, triunfaba esa temporada en la sala un bailaor de Zaragoza, El Rondeño. Pero eso era imposible porque con la manía de recitar con la ventanilla bajada me estaba quedando afónico. 

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Estos días me he interesado por encontrar la pista del amigo cantaor. Solo aparece en este vídeo:


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Dedicamos un día a Fuentevaqueros y un atardecer con una mañana al barranco. Luego salimos de regreso, sin tanta suerte como a la ida. De madrugada nos desembarcaba un coche en la avenida de Extremadura de Madrid. Subimos a un autobús de obreros que iba de camino de la N-II. Allí oímos que uno le susurraba al conductor “Ya ha muerto”. Era el 20 de noviembre de 1975.

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Pasaron casi cinco meses hasta que se pudo estrenar la obra. Entre medio, vivíamos una modélica transición salpicada de muertos. Anunciamos el estreno en el CMU Cerbuna para marzo. Se retrasó porque, tras la masacre de Vitoria, fui encarcelado acusado de manifestación ilegal. Entonces Olga se fue de gira con el Ballet de Luisillo a Filipinas. Estas dos últimas situaciones justifican que Olga no aparezca en las fotografías y que yo lleve ese corte de pelo carcelario.

A finales de marzo conseguimos estrenar -sin bailarina y viendo cómo trituraba la película el proyector. Pero lo peor fue que se declaró año de homenaje a Miguel Hernández y tuvimos que reorganizarnos con... pero esa es otra película.


La fragilidad del super 8 cuando se proyecta suele ocasionar atascos y mordidas en la película. Quedó pronto cuarteada y se acostaron los rollos en el cajón de los sueños.

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Un día le comenté a Javier Navarro Chueca, el arqueólogo zaragozano, la existencia de esas cintas de super 8, por si podían serle de utilidad. Como podían tenerla se encargó de que fueran restauradas y digitalizadas. La semana pasada nos llegó el material y lo reponemos aquí.


 

Javier Navarro es investigador meticuloso. Bien lo saben en Cuba, donde dirigió la localización de soldados españoles muertos entre 1895 y 1898 (véase Almirante Cervera Regreso con honor).

En dos ocasiones ha  intentado Javier encontrar la fosa donde enterraron a  García Lorca junto al maestro  Dióscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galadí y Juan Arcollas.No siguió las indicaciciones (infructuosas hasta el momento) de Gibson, sino las aportadas por el investigador Miguel Caballero (Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, Madrid, editorial La Esfera) y el general Nestares. Sin suerte. De ello hemos ido dando noticia aquí en estos años.

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28 de febrero de 2021

Perico Fernández y Cía

Sucedió hace diez años, en lo peor de la anterior crisis.

David Jiménez, era el editor de Perico Fernández que estás en los cielos, de Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián (Libros del (a) Imperdible’ 2011).  

Luis Lles llama a David para  que presente el libro de Perico en Periferias. 

Armamos el sarao: David hablaría con Perico, yo intercalaría partes del libro con ambientación. 

De paso, Perico llevaría media docena de sus cuadros para vender en Huesca.

Mariano Gistaín ha rescatado el recuerdo.

 

Perico Fernández y Cía from dediaproducciones on Vimeo.

16 de febrero de 2021

Adéu, Joan Margarit, adiós.

Joan Margarit (1938-2021)

"Hi ha molts tipus de memòria, o potser només són aspectes diferents d’una de sola, però em refereixo a aquesta zona de nosaltres mateixos on guardem els sentiments que ens han anat travessant i transformant. Aquest és el lloc on he buscat els meus poemes".


"Aún recuerdo cuando a los cinco años me golpearon por hablar en catalán. Existe un miedo dentro de mí que puedo paliar con cultura, pero no evitarlo. A mí España me da miedo. Y digo España con Cataluña dentro. Me da miedo España desde los Reyes Católicos".


13 de febrero de 2021

Poema, letra, canción. Un disco memorable de Mercedes Sosa: "¿Será posible el sur?"

A veces una canción nos regala un poema. 


En la red es difícil ver un poema con su arquitectura original. Como antes pasaba con los textos encartados en los discos.

Con harta frecuencia leemos las palabras que se oyen, pero no se reproduce el formato del texto original. Parece que cuando el poema se hace canción se convierte en "letra" -segunda división de la cosa poética. 

En los medios digitales se difumina la fisonomía del poema. Sus convenciones tipográficas, el sangrado, el claudátor, las líneas en blanco.... que avisan del cómo puede ser interpretado, no siempre se reproducen con fidelidad. Y eso es importante, porque aun cuando el poeta se cague en todas las convenciones, su cagada tiene forma. 

Nosotros revisamos con frecuencia esas cosas, como el conductor revisa las ruedas y el aceite de su auto para un viaje largo. 

El poema musicalizado puede desaparecer convertido en letra de una música por la varita mágica del compás, mal que le pese a los autores. El rock español da ejemplos de ignominia literaria cuando vemos lo que se canta. 

Si leemos el texto, podemos comprobar si, por ejemplo, un estribillo difiere de lo que escribió el autor sin necesidad de cambiar una palabra, solo con la entonación. 

Cuando hablamos en este blog de los grandes cantores de poesía, no solo valoramos tal o cual canción, tal o cual disco, sino también su relación reverencial ante la poesía. Y eso incluye la presentación de los textos en los encartes, o ahora en la red. Porque no es fácil ver el poema tal como se escribió. Ese poema que -pensado, escrito, copiado- es del poeta, como luego del intérprete y, finalmente, nuestro.

Algunos de esos grandes (Paco Ibáñez, el Tata Cedrón...) no han osado jamás colarnos un poema propio. Pero en las redes, ¡ay!, se confunden autores con intérpretes, en detrimento de compositores y letristas. Mercedes Sosa, tuvo que insistir: "jamás he grabado una canción mía, ni letra, ni música".

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Hay discos que dan el pulso de un tiempo. Uno de ellos es ¿Será posible el Sur?, grabado por Mercedes Sosa en 1984, albores de la recuperada democracia argentina. 

El disco toma su título de una de las canciones: "¿Será posible el Sur?" La letra es un poema de Jorge Boccanera, que compartía exilio en México con Carlos Porcel de Peralta (Nahuel), quien le puso música. 

En una fiesta de cantores y guitarreros, Mercedes escucha la canción en boca de su compositor, Nahuel. De inmediato le pide permiso para cantarla. Y toma de referencia la grabación que Lilia Vera acababa de presentar en Venezuela (De América, vol. 1), y de la que los arreglistas argentinos Oscar Alem y José Bragato tomarían nota

El poema escrito en los respectivos encartes muestra diferencias: el disco (magnífico, por otra parte) de Lilia emplea mayúsculas y carece de signos de interrogación. El escandido parece sacado de oído.

Pero el editor de Sosa no se limita a trascribir la letra y publica lo que creemos (conociendo un poco la obra de Boccanera) sea el poema original:

 

¿SERÁ POSIBLE EL SUR?

¿será posible el sur?

¿será posible

                      tanta bala perdida al corazón del pueblo/

tanta madre metida en la palabra loca y toda la memoria en una cárcel?

¿será posible el sur?

¿será posible

                      tanto invierno caído sobre el último rostro

de mi hermano / tanto salario escaso riendo con descaro

en el plato vacío y el verdugo esperando?

mi territorio que una vez gira en la oscuridad de esa pregunta.

                                                   ¿será posible el sur?

si se viese al espejo

                                                   ¿se reconocería?                                                                                                                  

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Jorge ama la conjetura. Nahuel difumina los interrogantes (¡tan difíciles de cantar!) y hace de "mi territorio" un epifonema interior.    

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Ese disco contiene otras canciones emblemáticas. Hay una que sorprende: "Todavía cantamos" de Víctor Heredia, por su acompañamiento musical con solo de tambores. La simbiosis voz-tambor del "Todavía cantamos" ponía un tono épico a la esperanza.   

De una combinación virtuosa de heptasílabos y decasílabos de Peteco Carabajal resultó la canción "Como pájaros en el aire".

Y hay más memorables. En realidad, todas, por una cosa o por otra...

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En el siguiente artículo terciaremos en la polémica sobre la autoría de "Todo cambia".